Us dark few (Los oscuros 1) Capítulo 29
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Capítulo 29

Desgárrame la mente y observa cómo un mar de ti se derrama.

S entada en la oscuridad de su celda, hizo crujir de nuevo cada uno de sus dedos. Los chasquidos resonaron contra los muros como una melodía distorsionada que anunciaba un aciago destino. Tenía la mirada clavada en las líneas de tiza de las paredes de piedra.

Khalani deseó haber conocido al prisionero que en el pasado había ocupado su celda. A la persona que había tenido la energía para contar sus días en la prisión de Braderhelm.

¿Había fallecido aquí dentro, al igual que sus sueños?

No se atrevió a contar los anhelos, creencias y deseos que habían perecido en el subsuelo.

Qué destino tan triste: nacemos con dolor solo para perpetuar el sufrimiento. Como si los humanos heredaran la miseria de sus madres y la transmitieran sin remedio.

Oyó unas fuertes pisadas procedentes del exterior.

Tensó la espalda. Nerviosa, frunció los labios al tiempo que se ponía en pie e iba hacia la puerta. Cuando se aferró a los fríos barrotes, lo vio.

Takeshi tenía los pómulos afilados más marcados que de costumbre; unos mechones suaves y rebeldes de pelo negro le caían sobre el rostro. No por descuido o dejadez, sino de una manera natural y cautivadora, como si su belleza implacable se manifestara sin necesidad de atención.

Recorrió el pasillo con grandes zancadas mientras hacía el recuento nocturno. Vestido completamente de negro y con mirada inflexible, parecía un mensajero del infierno, dispuesto a aniquilar a sus enemigos.

—Takeshi —susurró Khalani cuando pasó ante su celda.

Él se quedó inmóvil de golpe. Cuando se volvió hacia ella, frunció aún más el ceño. Su mirada afilada y su expresión contenida hicieron que a Khalani se le acelerara el pulso. Los recuerdos de su beso la atravesaron como una lanza.

Por mucho que lo intentara, no lograba olvidarlo.

La forma en que buscaba sus labios y la acariciaba con ternura. La forma en que la miraba con sus ojos oscuros, como si la invitara, o más bien la advirtiera, sin su habitual sigilo y reserva. Cuando finalmente Takeshi se había rendido a sus deseos, no solo la había tomado.

La había poseído, demorándose en cada centímetro de su piel, hasta que había quedado claro a quién le pertenecía ella.

Y ella se había entregado por completo, encerrando todas sus dudas y miedos en un frasco. Sin embargo, él había cogido el frasco y lo había estrellado contra la pared.

A juzgar por la intensidad de su mirada fría, su vulnerabilidad también había acabado esparcida por los suelos de la prisión.

—¿Qué?

—¿Puedo hablar contigo un segundo? —preguntó Khalani, aferrándose a los barrotes con manos sudorosas.

Él se acercó un paso, tenso y con evidente recelo.

—¿Te importaría entrar? —le pidió y, a continuación, movió los labios en silencio para pronunciar—: Preferiría que no nos oyeran.

Tras dudar unos instantes, sacó la pantalla táctil. Los barrotes se deslizaron y se abrieron enseguida, y Takeshi entró. Su enorme figura ocupó toda la celda, dominando por completo el espacio. Se cruzó de brazos, cauteloso y con los músculos tensos.

Ella se colocó un mechón de cabello detrás de la oreja y permitió que esa mirada azabache la atravesara, provocándole un hormigueo de inquietud en la piel. Sin embargo, no tenía tiempo para plantearse las consecuencias de que Takeshi se negara… o algo peor.

Khalani respiró hondo para armarse de valor, enderezó la espalda y lo miró fijamente con una ferocidad que lo obligó a entornar los ojos.

—Hemos decidido dejar Apolo.

Takeshi no reaccionó, pero una tensión estática invadió la estancia, una presión angustiante que le aceleró la respiración a Khalani.

—Hemos hablado con Brock. Nos han estado mintiendo, Takeshi.

Sobre la radiación en la superficie. Sobre los cultivos.

Sobre todo. Pero tenemos un plan para escapar a Hermes.

Existe una entrada secreta que conduce a la superficie no muy lejos de Braderhelm.

Pero necesitamos tu ayuda para llegar hasta allí…

Necesito tu ayuda, Takeshi —susurró Khalani, sintiendo que se le rompía el corazón al ver su expresión distante.

Él endureció la mirada.

—Kanes, ¿por qué nunca escuchas lo que te digo? ¿Para qué necesitas mi ayuda?

—Eres el capitán. Conoces los turnos de los guardias y todos los pasillos de Braderhelm. Eres nuestra única oportunidad de sobrevivir, porque, si nos quedamos aquí, moriremos. Y necesito creer que, en lo más profundo de tu ser, todavía te preocupa evitar que eso ocurra.

Takeshi frunció el ceño mientras meditaba sus palabras.

—¿Qué te hace pensar que no le diré nada de vuestro plan al alcaide? Yo colaboré en la matanza de los prisioneros. Hasta tú crees que soy un asesino a sangre fría.

Cada palabra iba cargada de una ira profunda, y Khalani ahogó un grito ante su expresión amarga y cruda.

—Puede que sí lo seas. Nada puede excusar lo que ocurrió con esos prisioneros, pero en el fondo de mi ser aún confío en que la persona que intentó salvar a su madre, la que me salvó a mí, siga ahí.

Que, pese a tus malas decisiones, aún seas capaz de hacer un acto de caridad.

Y, aunque sé que entre nosotros ya no queda nada…

—Se interrumpió un instante, con un nudo en la garganta—, no deseo perder a otra persona que, en algún momento, sintió algo por mí.

Takeshi arrugó aún más la frente y un destello extraño se reflejó en la negrura de sus ojos.

La miraba como si fuera más peligrosa que todos los enemigos y amenazas a los que se había enfrentado.

—Has olvidado una de las primeras lecciones que te enseñé.

Takeshi avanzó hacia ella lentamente, y Khalani entornó los ojos.

—¿Cuál?

—Que no perdieras el tiempo esperando algo aquí abajo.

—Y bien, ¿esa es tu respuesta? —replicó, mirándolo con la misma intensidad.

—Depende.

—¿De qué?

—Escapar de Braderhelm no resultará fácil, ni siquiera con mi ayuda. Y será un paseo comparado con la superficie. Morir es el resultado más probable, un resultado que se precipitará si Brock miente sobre la radiación.

—No está mintiendo.

—Aun así, el riesgo existe. —Él bajó la cabeza—. ¿Estás lista para enfrentarte a esos peligros y salir con vida? ¿O solo estás buscando una mejor forma de morir?

Takeshi se encontraba tan cerca que casi podía saborear el aroma cálido y terroso que emanaba de su piel.

Khalani entornó los ojos al oír la pregunta, y sus recuerdos la transportaron a aquella fatídica tarde en el foso, meses atrás, a la primera vez que Takeshi le preguntó si quería morir.

Entonces ya la había comprendido, ya había intuido lo que guiaba su alma: rendirse ante su vida tan injusta y escapar a través de la muerte.

Unos pensamientos tan oscuros y crueles como el número que le habían grabado en la muñeca.

Khalani resistió. Se tragó su orgullo. Y comprendió que había cosas por las que valía la pena dejarse la piel hasta sangrar.

—Tienes razón, Takeshi. No te hice caso, y debería haberlo hecho.

Mi vida sería mucho más fácil y menos decepcionante si no esperara nada.

Pero, al menos en esto, te he ganado. —Khalani alzó la cabeza y se encontró con su mirada afilada—.

No seré capaz de tumbarte en un combate ni de dejar de sentir lo que siento, pero no me negarás que, cuando todo se derrumba a tu alrededor, se necesitan agallas para mantener viva la esperanza.

Yo aún no me he rendido, y no pienso hacerlo ahora.

Así que dime: ¿piensas ayudarnos o estoy malgastando saliva?

Su expresión cambió ligeramente.

—Y si dijera que no, ¿qué pasaría?

—Encontraría otra forma de escapar. Y ni siquiera tú podrías detenerme —aseveró, alzando la barbilla y desafiándolo a contradecirla.

Takeshi levantó la comisura de los labios y un destello malvado brilló en sus ojos entornados.

—Casi me apetece dejar que lo intentes. —Guardó silencio unos segundos—. Pero has tenido suerte: te ayudaré.

Khalani soltó un largo suspiro. Un alivio frío le recorrió el cuerpo, pese a la inquietud e incertidumbre que le provocaba confiar en Takeshi.

—Gra…

—No —la interrumpió con vehemencia—. No quiero que me des las gracias. Porque estás equivocada.

—¿En qué?

—Mira, Kanes, por tu propio bien, no busques «lo bueno» en mí. Acabarás decepcionada.

Atónita, Khalani lo vio girar sobre sus talones.

—Entonces, ¿por qué has cambiado de opinión? —preguntó, incapaz de cerrar el pico.

Takeshi se detuvo en seco, aún dándole esa enorme espalda.

—Tengo mis razones. Puede que algún día te las diga. O puede que no.

Y sin más, sin tan siquiera dedicarle una mirada, se alejó.

Se sintió invadida por una oleada de emociones tan amargas e intensas que casi llegaba a saborearlas.

—Para ti no soy más que otro juego, ¿verdad?

La dolorosa pregunta salió de sus labios antes de que pudiera reprimirla.

Takeshi se detuvo, y Khalani permaneció en silencio, sin querer oír la respuesta, pero, al mismo tiempo, anhelando recibirla.

—Todo es un juego, Kanes. Y sí, he castigado, he matado, pero nunca he puesto en riesgo tu vida. —Se volvió y la miró fijamente—. ¿Puedes decir lo mismo?

Como respuesta, Khalani se mordió los labios.

—Justo lo que pensaba. —La miró con insolencia—. Te llevaré hasta la superficie. Con vida. Pero, si intentas que te maten, no esperes nada bueno de mí.

—No sería la primera vez que te veo enfadado.

—Te equivocas. Si me hubieses visto enfadado, ni siquiera te atreverías a estar en esta celda conmigo.

Ante el tono letal de Takeshi y el destello en sus ojos, Khalani tensó los músculos. Él bajó la cabeza hacia la pantalla táctil y abrió la celda. Acto seguido, los barrotes se cerraron con un suave sonido metálico y la dejó sola.

Khalani observó el lugar donde había estado unos segundos antes, reproduciendo la conversación una y otra vez en su mente. Si su plan funcionaba, no tendría tiempo de descansar ni de relajarse, no con Takeshi cerca. En el futuro, incluso podía convertirse en una amenaza mayor.

Se restregó las manos en las piernas, presa de una emoción aterradora y desconocida.

¿Sería capaz de matar a Takeshi si fuera necesario?

Entre las paredes de la celda, Khalani soltó una maldición.

Sí. Claro que sería capaz. No le quedaría otra opción. Porque, si los sentimientos que albergaba hacia su enemigo eran más fuertes que los que sentía por ella misma, ya podía darlo todo por perdido.