Us dark few (Los oscuros 1) Capítulo 23 #2
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Capítulo 23 #2

—Te lo prometo, Winnie. Sería incapaz de traicionarte. Mis padres murieron hace tiempo y, aunque sé que no nos une ningún lazo, te has convertido en mi familia.

Lo decía de corazón. Sin titubeos, sin miedo.

La anciana era la primera persona que se había acercado a los agujeros negros de su alma y la había expuesto a un mundo de color, belleza y éxtasis.

Le había enseñado a amar de nuevo. A vivir consigo misma.

Porque, si ella se perdonaba, ¿por qué no iba a perdonarla el resto del mundo?

—Familia… —murmuró Winnie, mirando fijamente a Khalani.

Con determinación, relegando la angustia que había sentido unos instantes atrás, se puso en pie y se dirigió apresuradamente al escritorio. Tras hurgar en un armario, sacó un libro negro: el que no le dejaba leer y que siempre ocultaba.

—¿Recuerdas que Winnie te habló de Timothy Talbot? —le preguntó.

Khalani frunció el ceño. El nombre le decía algo, pero apenas lo recordaba.

—Me suena de algo. Dijiste que era tu tatarabuelo o algo así, ¿verdad?

La anciana esbozó una leve sonrisa que hizo que se relajara.

—Exacto. Ese es Timothy Talbot.

Señaló el retrato del hombre de bata blanca que se dirigía hacia una extraña estructura. El cuadro ya le había llamado la atención el primer día que había pisado la biblioteca.

—Lo pintó él mismo antes de morir y siempre ha estado en la familia Talbot, al igual que su diario.

—Winnie se abrazó al libro con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos—.

Era un científico importante antes de que acabáramos en el subsuelo.

A Winnie le dijeron que lo ocultara. Le hicieron jurar que no se lo diría a nadie, excepto a los miembros de la familia, y ahora… tú formas parte de ella.

Le entregó el diario negro a Khalani, que tensó el cuerpo al instante, como si intuyera que todo estaba a punto de cambiar. Como si toda su vida se resumiera a ese momento en concreto.

—¿Qué dice?

—La verdad.

Apretando la mandíbula, Khalani abrió el viejo libro.

Diario de Timothy Talbot

Día 100 después del Cataclismo Global (d. C. G.)

Las Naciones Unidas han declarado una crisis global provocada por la lluvia radiactiva, y toda la humanidad se enfrenta a una inminente extinción.

Nosotros sabíamos que ocurriría, y ahora lo sabe el mundo entero.

Ha cundido el pánico y hay disturbios en todos los continentes.

Se ha designado a una coalición de los mejores científicos de la Tierra, entre los que me incluyo, y se les ha encomendado que oculten el Proyecto.

Ahora vivimos en la base y trabajamos sin descanso.

No hay salida, no hay vuelta atrás; el destino de la especie humana está en nuestras manos.

Día 200 d. C. G.

Hoy han matado a Hunter y Brian. No podían soportar el aislamiento y querían regresar con sus familias, de modo que el Proyecto habría salido a la luz.

Reprimo las lágrimas mientras escribo estas líneas.

Eran mis compañeros de residencia en el MIT , mis mejores amigos.

Y ahora han desaparecido, como los muchos que han muerto desde las bombas.

Pero no puedo desmoronarme. Ahora dirijo el Proyecto y debo continuar.

No sucumbiré a la abrumadora presión. Tengo que pensar en el futuro. Es lo único que importa.

Día 365 d. C. G.

Las Naciones Unidas han anunciado un sorteo para las ciudades del subsuelo.

Gracias al Proyecto, nuestras familias tendrán un lugar asegurado en la ciudad subterránea más cercana.

Ojalá pudiera sentirme mejor al respecto.

Le dicen a la gente que es solo por un corto periodo de tiempo.

Aseguran que la Tierra se recuperará, que las plantas volverán a crecer.

Que, en poco tiempo, podremos volver a respirar el aire de la superficie. Mienten. Es lo único que pueden hacer.

Sin embargo, los afortunados que obtengan un lugar en el subsuelo ignoran que pasarán cientos de años antes de que la radiación alcance unos niveles habitables.

Y los que ahora están vivos morirán a causa de la radiación y el invierno nuclear o vivirán el resto de sus vidas en el subsuelo, sin volver a ver el sol.

La vida en la superficie dejará de existir.

Nuestra única esperanza es el Proyecto. Tenemos que avanzar más rápido.

Día 425 d. C. G.

Salvar el mundo es agotador. He empezado a trabajar con Alan. Las pruebas preliminares parecen prometedoras.

Día 460 d. C. G.

El Proyecto avanza viento en popa. Las secuencias están casi completas y hemos informado al presidente.

Aunque debería experimentar alivio y gratitud, lo que siento es un enorme nudo en el estómago.

Algunas de mis conversaciones con Alan me inquietan.

Le he expresado mis preocupaciones a John, y él ha tratado de calmar mis temores.

Día 475 d. C. G.

Completaremos la misión. No hay alternativa. John también alberga dudas al respecto, pero no podemos permitírnoslas. Si nuestros temores son correctos, estamos condenados.

Día 505 d. C. G.

Alan me preocupa profundamente. Se ha dicho cada cosa… ¿De verdad piensa en lo mejor para nosotros? A estas alturas, lo ignoro. Tengo que mantener una última conversación con él. Rezo para que mi instinto se equivoque, pero no puedo correr el riesgo. Hay que hacer algo.

Día 531 d. C. G.

Hemos finalizado el Proyecto Hélix. Jamás pensé que escribiría estas palabras.

El equipo lo celebra en la cueva, pero no me uno a ellos.

No saben lo que he hecho. Pronto nos reuniremos con la familia que nos queda en Apolo y Hermes, las ciudades del subsuelo.

Y entonces empezará la espera. Cuando los niveles de radiación disminuyan, el Proyecto Hélix iniciará su función motora y la humanidad podrá regresar a la superficie.

A casa. Aunque esto ocurrirá mucho después de mi muerte.

Ahora ha llegado el momento de reencontrarme con mi hija y mi nieta en Apolo.

La seguridad me vigila de cerca, asegurándose de que no se divulgue la verdad sobre el Proyecto Hélix. Pero el secreto no puede morir conmigo.

Entrada final del diario

Querida Maybell, mi dulce nieta:

Ver tu sonrisa y tu hermoso rostro me llena de una alegría inmensa que pensé que jamás volvería a experimentar.

¡Te pareces tanto a tu madre cuando tenía tu misma edad!

Si ella hubiera vivido más tiempo, estaría muy orgullosa de ti.

La radiación a la que hemos estado expuestos en la superficie nos ha pasado factura a todos.

De hecho, siento que mi cuerpo va debilitándose con el transcurso de los días.

Y ha llegado el momento de legarte el diario.

Sé que tendrás muchas preguntas, pequeña, y ojalá pudiera responderlas todas.

Sin embargo, la pura verdad es que existen fuerzas que escapan a nuestro control y que no desean vernos prosperar.

Después de trabajar en el Proyecto, incluso yo me pregunté si merecíamos salvarnos.

Todas esas guerras, el hambre, las vidas que se perdieron, la destrucción de nuestro planeta…

¿Cómo podemos ser dignos de confianza otra vez?

Pero, al mirarte, veo en tus ojos toda la bondad del mundo y entonces lo recuerdo.

El amor merece ser salvado. La vida merece ser salvada. Nunca lo olvides.

Confío en que mis temores sean infundados, pero debemos prepararnos.

En Apolo hay muy pocos en quienes puedas confiar.

Según nuestros cálculos, los recursos de Apolo deberían durar unos trescientos años.

En la superficie, el aire volverá a ser respirable antes de eso.

Si se da la situación de que los recursos empiezan a escasear y aún no podemos subir a la superficie, debes encontrar la manera de salir de Apolo.

Descubre la verdad sobre el Proyecto Hélix.

Es nuestra única esperanza. Y si todo ello ocurre mucho después de que tú ya no estés en este mundo, es tu obligación transmitir este conocimiento a nuestra familia.

Diles que el camino comienza en Prometeo.

Tu abuelo que te quiere,

Timothy Talbot

Khalani cerró el libro en silencio, envuelta por un manto de repentina frialdad. Solo era capaz de concentrarse en su respiración agitada. Con manos temblorosas, le devolvió el diario a Winnie.

—¿Ahora lo comprendes? —preguntó la anciana mirándola fijamente.

El fino colgante plateado que llevaba al cuello se balanceó.

—Yo… necesito un segundo.

Se puso en pie con la respiración entrecortada y empezó a pasearse por la estancia.

Sentía un hormigueo en el rostro y se le nubló la vista.

Proyecto Hélix, Apolo, recursos que empiezan a escasear, Génesis, Prometeo…

Todas las piezas del rompecabezas estaban ante ella, pero era incapaz de encajarlas.

—¿Y el diario no explica qué es el Proyecto Hélix? —preguntó Khalani.

Winnie negó con la cabeza.

—No. Pero debió de ser algo importante, algo que podría salvarnos a todos. Si lo que mencionó tu amigo sobre el fallo de los cultivos es cierto, entonces Timothy tenía razón, y tenemos que salir de Apolo. Tenemos que encontrar el Proyecto Hélix.

Khalani se cubrió el rostro con las manos, devanándose los sesos.

—¿Y si Timothy se equivoca? Asegura que los recursos tenían que durar hasta que el aire de la superficie fuera respirable de nuevo. Pero la superficie está llena de radiación, Winnie.

—Winnie cree en Timothy. Puede que Apolo nos haya estado mintiendo sobre la superficie. ¿A que tú también te has dado cuenta de que algo no cuadra?

Era cierto. Lo intuía, como si el peso de ese conocimiento fuera a enterrarla viva.

En los últimos días había aprendido muchas cosas. Demasiadas. Su mundo se había puesto patas arriba, y ella con él. Había preguntas en cada rincón, y las respuestas brillaban por su ausencia.

—Winnie, nos mostraron los cadáveres de los trabajadores de Génesis. Las quemaduras, la piel carcomida. Murieron envenenados por la radiación.

—¿Y si no fue más que una puesta en escena para hacernos creer que la superficie sigue siendo peligrosa? —sugirió Winnie.

Khalani soltó un suspiro y se acercó a la anciana, posando ambas manos sobre sus hombros.

—Winnie, sé que quieres creerlo. Sé que quieres creer en Timothy Talbot.

Pongámonos en el caso de que Apolo ha estado mintiéndonos todo este tiempo y que una fuerza misteriosa quiere que muramos.

¿Por dónde empezaríamos? Él dijo que el camino empieza en Prometeo, pero ¿acaso sabemos dónde está Prometeo?

Ni siquiera sabemos si es una persona, un lugar o…

Dejó la frase sin terminar y buscó en los ojos de Winnie alguna señal de que lo comprendía, de que se daba cuenta de que todo aquello sonaba de lo más descabellado.

Sin embargo, en la mirada de la anciana brilló un destello de esperanza.

—Winnie no lo sabe, pero ¿no quieres descubrir la verdad? ¡Podemos escapar a la superficie y averiguarlo juntas! Somos familia, ¿no?

Khalani alzó la vista al techo, apabullada. Quería mucho a Winnie, pero no pensaba ser testigo de su propia muerte.

—Sí, Winnie, somos familia, pero escúchate.

Esto no es un plan; es un suicidio. De llegar a la superficie, vagaríamos sin rumbo por un páramo desolado.

Ahí arriba no hay nada más. Moriríamos en unos días.

Pero tenemos un plan. Nos pondremos en contacto con Hermes, y estoy convencida de que nos enviarán ayuda.

Ahora mismo es lo más inteligente que podemos hacer, Winnie. Lo único que podemos hacer.

El rostro de la anciana pasó de la convicción a la desesperación.

—Winnie esperaba poder confiar en ti.

—¡Puedes confiar en mí! —insistió Khalani—. Me preocupo por ti. No quiero que te ocurra nada.

Winnie se volvió. La única lágrima que le resbaló por la mejilla se clavó en el corazón de Khalani como si fueran esquirlas de vidrio.

—No estamos destinadas a quedarnos bajo tierra, Khalani. Nos hicieron para aspirar a más. Winnie lo sabe, pero tú… Tú quieres seguir siendo una marioneta.

A Khalani se le cayó el alma a los pies y se le revolvieron las entrañas como si la estuvieran destripando desde dentro.

—Winnie… —susurró.

La alarma que indicaba que el turno de la tarde había terminado taladró el aire.

—Es hora de que te marches.

La anciana le dio la espalda.

—Winnie…, podemos encontrar una solución.

—Hoy no, Khalani. Quizá nunca. Por favor, márchate —suplicó con un hilillo de voz.

La culpa y el arrepentimiento se le clavaron en el pecho como si fueran agujas, pero se habían dicho demasiadas cosas, y ninguna podía retirarse.

Cabizbaja y con los hombros hundidos, como si lo único que quisiera hacer fuera desaparecer, dio media vuelta y salió de la biblioteca.

Las palabras de Takeshi la habían hecho sentir vulnerable y estúpida.

Y, ahora, su relación con Winnie se desintegraba.

Khalani nunca se había sentido tan aislada. Ni siquiera cuando habían asesinado a sus padres.

Y todo lo había provocado ella.