Capítulo 14 #2
—Querida niña, sirve a la vida. —La anciana alzó las manos para hacer hincapié en sus palabras—.
Estos libros no están hechos para enseñar cómo funciona algo ni para dar lecciones de historia, sino para estimular el pensamiento y el alma.
Para sumergirnos en las maravillas y adversidades del amor, la fuerza más poderosa del universo —concluyó pletórica.
—Esa no es la fuerza más poderosa.
Winnie ladeó la cabeza.
—¿Cómo has dicho, querida?
Khalani resiguió con un dedo las letras doradas de la cubierta. Le bastaba con pensar en ellos para que un peso enorme le atenazara el pecho y le provocara un nudo en la garganta.
Se los había llevado el viento.
La fuerza más poderosa no era el amor.
—Es la muerte. La muerte es más poderosa.
La muerte llegaba a todos. Nadie podía escapar. La muerte era más segura que la vida. Era un final garantizado, que ahora se precipitaba hacia ella a toda velocidad, más rápida que una bala.
Volvió a pensar en Takeshi. ¿Por qué le había pedido ayuda si el final sería, inevitablemente, el mismo? No podía detener lo que estaba por llegar. ¿Para qué luchar?
¿De qué servía?
La anciana juntó las manos y se miró los nudillos blancos como si contuvieran todas las respuestas. Un prolongado silencio se cernió sobre ellas hasta que decidió retomar la palabra.
—¿Sabes? Winnie tenía una hija.
Khalani alzó la cabeza de golpe. Nunca había mencionado nada de eso.
—Se llamaba Sarah.
La dulce voz de la anciana resonó en la estancia, deteniéndolo todo. Como si lo único que existiera en el mundo fuera su historia.
—Winnie no lo tenía planeado. Se escapó una noche con un noble.
Al ser rico e influyente, no podían verlo con alguien tan pobre como ella.
Pero a Winnie no le importó. Estaba enamorada.
Cuando Winnie se enteró de que estaba embarazada, sintió que la embargaba la felicidad.
Pero, en cuanto se lo dijo, el noble la dejó sin tan siquiera despedirse. Ni siquiera le escribió una nota.
»Winnie lloró sin cesar. Estaba sola. Asustada.
Quería deshacerse del bebé. Dárselo a otra persona para que lo cuidara porque él la había abandonado al saber que estaba embarazada.
Pero entonces nació Sarah. Tenía unos pies tan pequeños…
—Una leve sonrisa le curvó las comisuras de los labios y se le empañaron los ojos—.
Winnie contó cada dedito de cada pie, y se enamoró de todos.
Sarah era la criatura más hermosa que había visto nunca.
Fue amor a primera vista. Como si Winnie hubiese nacido para quererla.
Sentía una gran emoción, tan intensa que pensaba que iba a consumirla.
Los pocos años que tuvo con Sarah fueron los más felices de su vida.
—¿Qué le ocurrió? —se apresuró a preguntar Khalani.
—Se puso enferma. —La angustia se reflejó en sus ojos—. Winnie la llevó al médico, y le dijeron que la infección se le estaba propagando a los pulmones. Winnie no tenía dinero para medicamentos y la mandaron a casa. Sarah murió en sus brazos aquella misma noche —confesó con la voz quebrada.
A Khalani se le llenaron los ojos de lágrimas por la tristeza e injusticia de lo que acababa de oír. Winnie era un ser de luz, y estaba hecha para los colores, para la felicidad. Deseó poder embotellar todo aquel dolor, lanzarlo a la pared y destruirlo. Pero nada iba a borrar el pasado.
—Lo siento mucho, Winnie —susurró.
—¿Quieres saber por qué Winnie aún sonríe y sigue adelante?
Khalani asintió, respirando entrecortadamente.
—Porque los muertos no desean que mueras con ellos —afirmó Winnie—.
El amor trasciende el espacio y el tiempo.
No tiene límites. Querida niña, el amor es más fuerte que la muerte porque, si quieres de verdad a una persona, esa persona nunca muere.
Sarah sigue viviendo. En mí. Y tus padres siguen viviendo en ti.
Khalani agachó la cabeza y vio que le temblaban las manos. Trató de contener las emociones, pero se sentía abrumada. Todas sus equivocaciones, su sufrimiento y sus remordimientos se abatieron sobre su frágil cuerpo como una losa infinita. Era demasiado.
Se le escapó un sollozo. Luego otro. Y otro más, hasta que sus lamentos invadieron la estancia. Estuvo a punto de caer de rodillas al suelo.
Sin embargo, unos brazos fuertes la rodearon y la sostuvieron.
—Ya está, ya está, dulce niña —susurraba Winnie sin cesar, acariciándole el cabello con suavidad.
Khalani enterró el rostro en el hombro de la anciana y se dejó llevar por el llanto. Se aferró a ella como si su vida dependiera de ello.
Si tuviera la oportunidad de hablar con sus padres, gritaría al cielo que lamentaba no haberles pedido que se quedaran en casa ese día, no haberles dicho lo mucho los amaba. Que lamentaba haberlos odiado por dejarla sola. Que lamentaba rendirse, año tras año. Que lamentaba haber querido morir.
Khalani había estado sola durante mucho tiempo. Le habían robado la juventud, y el dolor y el sufrimiento se habían acumulado en su camino al no tener a nadie cerca que aligerara el peso. Nadie había estado allí para consolarla o decirle que no era culpa suya.
Antes de Braderhelm, Khalani había vivido como una máquina programada para caminar sin dirección, propósito o convicción.
Creyó que su vida había terminado cuando la condenaron a prisión. Pero algo le había impedido rendirse. Hasta entonces, no lo había entendido: el dolor y la tristeza eran incluso más intensos, la angustia seguía allí… Pero ahora todo aquel sufrimiento ya no importaba.
Porque había cambiado.
La transformación se había producido al abrir el libro de Douglas.
La poesía la había introducido a un mundo lleno de arte, de arrebato, y le había mostrado lo hermoso que era abrazar la caída y desafiar la adversidad.
La poesía le había enseñado que había cosas por las que valía la pena luchar, sobrevivir.
Cada día, su pobre y roto corazón, lleno de huecos y fragmentos perdidos, amenazaba con desbordarse.
Cada parte de su cuerpo anhelaba la caricia de sus padres, sus voces.
Como si, en cualquier momento, todos aquellos sentimientos fueran a explotar de forma inexorable.
Nada podía describir la profundidad de esas emociones.
Pero ¿y las palabras? ¿Acaso podían encapsular el universo?
El universo también era infinito, como las palabras.
En ellas residía el único poder capaz de destrozarte y reconstruirte al mismo tiempo. Un sentimiento puro que hace que te enojes con el mundo en un instante y, al siguiente, te lleva a sus cumbres más altas para que contemples, asombrada, sus maravillas.
Amar implicaba seguir adelante.
Por eso le había pedido a Takeshi que la entrenara.
Su fría existencia se había extinguido y había estallado para crear algo mucho más poderoso. Khalani se abrazó con más fuerza a Winnie mientras la ola gigantesca de sus emociones le rompía con fuerza en el pecho.
Y Winnie no la soltó.
Aquella misma noche, cuando Khalani volvió a la celda, las palabras fluyeron como si siempre las hubiese llevado grabadas en la piel. Ojalá pudiera gritarlas hacia el espacio y expandirse junto a él durante el resto de la eternidad.
El monstruo en mí
En mí hay heridas,
costras sangrantes, cicatrices del pasado.
Con un inmenso peso cargo.
Tensas cascadas como lágrimas de cera
me abrasan la espalda.
¿Sabías que el monstruo era yo?
Voces en grito estremecen la tierra,
pisotean esperanzas y avivan las dudas.
Pero he hecho del miedo mi amigo.
Grabo errores en mi corazón
y tacho y borro aciertos.
¿Sabías que el monstruo era yo?
Nunca serás lo bastante buena.
Nunca te querrán lo suficiente.
Nunca serás lo bastante fuerte.
Ah, mentiras retorcidas y maliciosas,
¡qué pronto os transformáis en verdades perversas!
Pero yo contraataco con palabras destructoras.
Seré la primera en hacerlo.
Y en hacer más daño.
¿Sabías que el monstruo era yo?
Mi voluntad cedió el trono
y la derrota me postró.
Me preparé para el último golpe.
Pero a lo lejos oí el grito de luchas atroces
y la vida se aferró a mí.
Y cuando el puño de la muerte llamó a mi puerta,
se frenó al verme.
¿Sabías que el monstruo era yo?
He sobrevivido a los peores días,
las noches más frías y solitarias.
Ahora mis ojos se abren por los que los cierran
y la voz en mi voz despierta.
Mis cicatrices supuran una historia:
la de alguien más fuerte que el acero
y más temible que la muerte.
Ahora empuño la espada de la vida y grito:
recordarás que el monstruo siempre fui yo.