Us dark few (Los oscuros 1) Capítulo 12 #2
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Capítulo 12 #2

Serene la agarró de la mano y tiró de ella, abriéndose paso entre la multitud.

Había muy pocas situaciones en las que ser bajita fuera una ventaja evidente, pero avanzar entre una muchedumbre era, sin duda, una de ellas.

—Lo siento… Perdón —repetía Khalani al chocar sin querer con otros prisioneros.

Serene era menos educada.

—Tú, aparta… Vamos, muévete.

Finalmente lograron llegar al frente. El griterío era tal que casi ahogaba sus pensamientos.

Brock estaba ante ellas, con sus fornidos brazos cruzados sobre el pecho, una expresión pétrea en el rostro y el cabello rubio cortado al ras.

No era lo que Khalani llamaría guapo, pero todo en él inspiraba miedo y respeto.

No tenía ni una pizca de grasa en el cuerpo. Era puro músculo y medía más de metro ochenta, lo que seguro que habría sido en extremo intimidante para cualquier otro oponente.

El guardia al que se enfrentaba era un hombre colosal.

Iba desnudo de cintura para arriba y sus hombros parecían montañas.

Los brazos ni siquiera llegaban a tocarle los costados de lo enormes que eran.

Pese a la notable altura de Brock, el guardia lo sobrepasaba varios centímetros y era más corpulento.

—¿El incursor ha entrado en el foso para pelear contra él, en serio? Qué poco aprecia la vida ese tipo —murmuró Serene.

Khalani distinguió a Takeshi, en pie, al otro lado del círculo, flanqueado por varios guardias. Como si hubiese percibido que Khalani posaba la mirada en él, alzó la cabeza y un destello apareció en sus ojos al verla.

Era la mayor interacción que habían tenido en semanas.

Se le aceleró el pulso, pero no apartó la mirada. No pensaba ser la primera en hacerlo. Takeshi entornó los ojos, molesto, y luego desvió la atención hacia los dos hombres que había en el foso.

Había cosas que no cambiaban.

El incursor y el inmenso guardia se prepararon para enfrentarse, y el foso clamó, incluso más que en los festejos de celebración del tricentenario de Apolo.

—¡¡¡Venga, Brock!!! —gritaban los prisioneros.

—¡Destroza a ese tipo, Brock!

—¡¡¡Acaba con él!!!

La intensidad aumentó y los gritos se convirtieron en un rugido constante; Khalani se vio obligada a taparse los oídos para amortiguarlos. Con un gesto, el guardia le pidió a la multitud que guardara silencio. Extrañamente, todos obedecieron y se concentraron en los dos hombres.

—Vas a morir, incursor. Y será un placer ser tu verdugo —afirmó el guardia, señalando con el dedo a Brock y en un tono tan grave y profundo como el abismo en que se encontraba Braderhelm.

Al incursor se le oscurecieron los ojos.

—He estado a las puertas de la muerte muchas veces. Casi la considero mi hogar.

Tras esas palabras, Brock se agachó y llevó el peso del cuerpo a un lado, levantando los puños frente al rostro. Como respuesta, el enorme guardia sonrió con desdén y avanzó.

Ni siquiera se molestó en ponerse en guardia como Brock. Al contrario, cargó de frente y le lanzó un fuerte golpe al incursor. Este lo esquivó sin esfuerzo, retrocediendo y protegiéndose el rostro con los puños.

En el foso, el silencio ya no tenía razón de ser. La multitud estalló, fascinada por la escena que se desarrollaba ante sus ojos.

Con un ágil juego de pies, Brock avanzó unos pasos mientras mantenía el cuerpo girado de lado.

El guardia soltó un gruñido furioso y arremetió de nuevo, pero Brock se agachó hacia la izquierda y contraatacó con un golpe rápido que impactó en la nariz del guardia.

Sin apenas inmutarse, este último le lanzó un gancho con la otra mano.

Brock se echó hacia atrás y se movió por el círculo, buscando un ángulo distinto para enfrentarse al oponente. Le daba la espalda a Khalani, así que lo único que ella veía era el fuego y la rabia en los ojos del guardia.

Con un grito, se abalanzó sobre Brock, pero este lo esquivó y rodó hacia la izquierda.

Impaciente, el guardia gruñó y volvió al ataque. Brock giró el torso y saltó, estrellando el pie contra el cuello del guardia. Este retrocedió tambaleándose y trató de recuperarse del impacto, pero las piernas le empezaban a flaquear.

La multitud rugió aún más cuando, tras la impresionante patada, el guardia falló un puñetazo. Brock lo esquivó con facilidad y contraatacó con un golpe que le dio de lleno en la mandíbula.

El guardia dejó caer los brazos y retrocedió, a punto de perder el equilibrio; Brock fue directo a rematarlo.

Se colocó detrás de él y le propinó una patada en la parte posterior de las piernas.

El guardia cayó de rodillas y, sin reflejar emoción alguna, el incursor se inclinó, le rodeó la cabeza con los brazos y le rompió el cuello.

Los ojos del guardia se apagaron al desplomarse.

Estaba muerto.

El incursor soltó un profundo suspiro y miró el cuerpo con los ojos llenos de crueldad. Al igual que él, la multitud también contenía la respiración.

Sin más dilación, Brock trepó por las paredes del foso y lo abandonó. Al hacerlo, una explosión de vítores estalló como si fueran fuegos artificiales.

Khalani permaneció inmóvil, sin poder apartar la mirada del cadáver del guardia.

Nunca había sido testigo de un asesinato.

Había oído crujir el hueso, como si se lo hubieran hecho a ella.

Era, al mismo tiempo, espantoso y fascinante, y la multitud lo había presenciado entusiasmada.

Incluso Serene, junto a ella, aplaudía despacio a Brock, entre conmocionada y asombrada.

A una señal de Takeshi, los dos guardias que lo flanqueaban bajaron de inmediato al foso para retirar el cadáver. Mientras arrastraban el cuerpo, Khalani se estremeció ante el ángulo antinatural que formaba su cuello.

Percibió que Takeshi la estaba observando, pero fue incapaz de devolverle la mirada; la violenta escena la tenía absorta.

—¿Hay más luchadores? —gritó un prisionero.

La multitud aplaudió, vibrante, entusiasmada y cargada de adrenalina. Khalani dudaba que alguien quisiera entrar en el foso después del atroz espectáculo. Además, su estómago no soportaría otra carnicería.

Finalmente apartó la mirada y se volvió hacia Serene.

—Vamos, salgamos de aquí.

El rostro de Serene aún brillaba de excitación.

—Sí, vámonos. Joder, creo que nada lo superará.

Justo cuando Khalani se disponía a dar media vuelta, resonó en el aire un grito que la golpeó como un bloque de cemento y la clavó en el suelo.

—¡Desafío a la prisionera 317 a una pelea!

Se giró lentamente, con evidente tensión. Dana estaba en medio del foso, con los brazos musculosos cruzados sobre el pecho y sonriéndole con arrogancia. Todos tenían los ojos clavados en Khalani, y el silencio se adueñó del ambiente.

Sintió que la garganta se le secaba de golpe y tragó saliva.

—¿A qué viene esto, Dana?

Dana se encogió de hombros.

—Es lo que pasa cuando te niegas a responder a mis preguntas. En Braderhelm, se paga con sangre.

Varias personas silbaron y vitorearon, azuzándolas a que se pelearan. Después de ver la brutal demostración de Brock, el último lugar en el que Khalani deseaba estar era en el foso con Dana. Nunca había luchado contra nadie, y Dana era casi treinta centímetros más alta que ella.

Incluso ella misma apostaría por Dana.

Miró a Takeshi, pero su expresión era impertérrita. Aun así, advirtió que negaba con la cabeza de manera imperceptible.

—No acepto —declaró con voz decidida.

Varias personas la abuchearon y la insultaron. Khalani ignoró los crueles comentarios y se mantuvo firme.

Esbozando una sonrisa maliciosa, Dana sacó un pequeño papel del bolsillo. Khalani sintió que se le clavaba un puñal en el corazón: era la foto de sus padres, la única que conservaba de ellos. Se quedó de piedra.

¿Cómo la había conseguido?

Dana dio la vuelta a la instantánea y mostró lo que había escrito en el reverso. Soltó una carcajada.

—Al parecer, a alguien le gusta llorar por las noches. Escribir un diario como una niñita… Es patético, incluso viniendo de ti. Qué suerte tienen tus padres de estar muertos, así no ven en qué se ha convertido su triste hija.

Dana alzó la foto y la hizo pedazos, destruyendo el objeto más preciado que Khalani poseía.

Mientras la imagen rota de sus padres caía flotando hacia el suelo, el rugido amortiguado de las carcajadas le invadió los sentidos.

No podía moverse. Apenas podía respirar.

Le retumbaban los oídos y sintió que le hervía la sangre. Permaneció inmóvil, en silencio, como en estado de shock. La vista se le nubló y su campo de visión se estrechó.

La imagen de los fragmentos destrozados en el suelo, como piezas de un rompecabezas que nunca volverían a unirse, aullaba en los abismos de su mente. La emoción pronto empezó a transformarse en algo más profundo y caótico. Más letal.

Apretó los puños con tanta fuerza que los nudillos se le volvieron blancos, como si estuvieran a punto de estallarle bajo la piel. Notó vagamente que Serene le tiraba del brazo, pero no le prestó atención. Estaba concentrada en una sola cosa: Dana. En ese instante, la quería muerta.

Sin decir palabra, Khalani bajó al foso de combate.

Contempló los pedazos de la foto en el suelo. Habían destruido lo más importante que tenía en este mundo, lo único, y la rabia que la embargó era tan grande que casi cobró forma humana junto a ella. No pensaba. No razonaba. No había estrategia. Solo la necesidad innata de hacer daño.

Se colocó en el centro y alzó los puños. Las carcajadas de la multitud se transformaron en ardientes vítores, pero Khalani no se permitió oírlos. Su único objetivo era infligir todo el daño posible.

Despacio, Dana empezó a girar en círculo. Khalani se movió en dirección contraria, con los ojos fijos en el objetivo, deseando derramar su sangre en el suelo, junto a los pedazos rotos de su corazón.

—¡Vamos, Dana!

—¡Vamos, Khalani!

Con indecisión y sin la agilidad de Brock, intentó asestarle a Dana el primer puñetazo en el rostro. No sabía golpear; se limitó a apretar la mano y a lanzarla hacia arriba, gritando. Pese a que se impulsó con todo el cuerpo, falló estrepitosamente, y su mano solo encontró aire.

Dana se desplazó hacia la derecha y contraatacó con un brutal gancho de derecha.

El puño le impactó a Khalani en una oreja.

La vista se le nubló enseguida y retrocedió tambaleándose.

Sin embargo, no sintió ningún dolor. La adrenalina le inundaba las venas.

Recuperó el equilibrio y se abalanzó sobre Dana, que la esquivó con facilidad.

Dana respondió con un contraataque que hizo girar a Khalani hasta el borde del círculo.

Le goteaba sangre de la nariz y unas manchas grises le nublaban la visión.

Aunque trató de recuperar fuerzas, los prisioneros a sus espaldas se agacharon para empujarla y enviarla de nuevo al centro del foso.

Avanzó a trompicones y no vio el derechazo que le venía directo a la nariz.

El puño se estrelló en su rostro y la derribó al suelo.

La multitud rugió.

—¡Acaba con ella!

—¡Mátala!

—¡Levántate, Khalani!

Aún le quedaban fuerzas para seguir luchando. No podía permitir que Dana se saliera con la suya. «No te rindas. No te rindas».

Khalani escupió sangre y, pese a que le temblaban las piernas, se puso en pie.

La multitud prorrumpió en un griterío ensordecedor. Reconoció vagamente a Takeshi en el perímetro. Su expresión era siniestra. Le pareció ver que señalaba el suelo, como diciéndole que se quedara quieta. Sin embargo, no podía asegurarlo porque todo le daba vueltas.

¿Por qué había tres Danas en pie frente a ella?

Sacudió la cabeza para despejarse. Dana le hizo un gesto con el dedo, animándola a acercarse.

Con el público enloquecido, alzó los puños y dio un paso adelante.

Dana esbozó una sonrisa maliciosa al ver que Khalani bajaba la cabeza y arremetía contra ella.

Había pensado abalanzarse sobre Dana con todo el peso del cuerpo y tumbarla.

En su mente parecía un buen plan, pero Dana se aprovechó de su movimiento y la arrojó al suelo, haciéndole morder el polvo.

A cuatro patas, sintió que un frío rastro de sangre le resbalaba por el rostro. A cámara lenta, vio cómo las gotas rojas salpicaron el suelo —la debilidad salía de su cuerpo—. Las más gordas caían flotando al suelo, como había hecho la foto de sus padres.

Al romperla, era a ella a quien había destrozado.

Un pie le impactó en la cara, y ya no vio nada más.