Us dark few (Los oscuros 1) Capítulo 10 #2
27%

Capítulo 10 #2

—¿Con qué estás ahora? —preguntó Khalani, carraspeando y empujando el doloroso recuerdo a lo más hondo de su ser.

—Es una vieja máquina de escribir. —Winnie acarició con adoración el metal verde deslucido—. Hace tiempo, la usaban para hacer libros.

Sorprendida, Khalani parpadeó un par de veces y se inclinó para inspeccionar el extraño aparato.

—¿Aún funciona? ¿Qué estás haciendo con ella?

Winnie torció el gesto y la miró detenidamente, como si pretendiera sondearle el alma.

—¿Eres capaz de guardar un secreto?

Khalani se inclinó hacia delante.

—Por supuesto.

Winnie se frotó las manos, ilusionada.

—Lo que estoy haciendo, querida, es escribir la historia completa de Apolo. Alguien debe registrar y preservar nuestro viaje, especialmente lo malo, para no repetir los mismos errores. Nos servirá de guía cuando finalmente regresemos a la superficie —concluyó con orgullo.

Khalani se pasó la mano por el pelo.

—Querrás decir si algún día subimos todos a Génesis…

Un cuento de hadas, en su opinión.

Seguiría el consejo de Takeshi: nada de alimentar sueños o albergar esperanzas en vano. No tenía ningún sentido sufrir por algo que jamás sucedería.

Winnie agitó la mano con desdén.

—No, no, tonta. No me refiero a esa maldita cúpula que llaman Génesis. Estoy hablando de la superficie, de la Tierra, con su aire fresco y natural.

Winnie realmente había perdido el juicio.

Preferiría quedarse en Braderhelm antes que pisar la superficie y acabar con los órganos vitales fritos.

—Winnie, siento decírtelo, pero afirmaron que la superficie no volverá a ser habitable hasta dentro de cientos, por no decir miles, de años. Ya no queda nada allá arriba. —Dándose la vuelta, se desplomó en la silla—. Lo más cerca que estaremos es Génesis.

Winnie negó con vehemencia.

—¡Te equivocas! No creas todo lo que dicen. El sistema quiere que nos quedemos aquí abajo. No quiere que vivamos.

Khalani dirigió la mirada al techo y puso los ojos en blanco, intentando encontrar la manera de devolverle la lógica a la conversación.

—Winnie, la única manera de sobrevivir es quedarnos en el subsuelo.

Todos los trabajadores que construyeron Génesis murieron envenenados por la radiación.

Pasarán generaciones antes de que la destrucción en la superficie desaparezca.

Esperar aquí abajo es la única manera de sobrevivir —repitió las palabras que habían grabado en la mente de cada ciudadano de Apolo desde niños.

Años atrás, hubo quienes creyeron que la superficie era habitable de nuevo, pero los trabajadores de Génesis demostraron que estaban equivocados.

Winnie no gritó ni protestó, sino que adoptó una expresión en la que se mezclaban la tristeza y la compasión.

¿Por qué la miraba Winnie así, como si fuera ella la que estuviera confundida?

—Es una lástima que te hayan manipulado, que te hayan hecho olvidar que sobrevivir no es vivir —susurró Winnie.

Frunciendo el ceño, Khalani quiso replicar, pero no supo qué decir. Las palabras de Winnie calaron hasta lo más hondo de su ser. Mucho más…

Más aún.

Hasta consumirlo todo.

Estaba viva. El aire que respiraba cada día lo confirmaba. Sin embargo, no era capaz de pronunciar aquellas palabras. Porque sabía que eran mentira. Incluso antes de que la condenaran a Braderhelm, los mejores momentos de su vida habían sido cuando dormía.

Se le erizó la piel al comprender la cruda verdad.

Sus padres no se habían dejado manipular, y así se lo habían demostrado.

Habían muerto luchando por una vida mejor para los demás, por algo que iba más allá de ellos mismos y sus necesidades.

¿Y qué estaba haciendo ella, aparte de languidecer y esperar la muerte?

Alzó la vista hacia Winnie, que la observaba con viveza a través de su monóculo plateado.

Pese a ser tan pequeña, Winnie aún trataba de hacer algo para las generaciones futuras, incluso desde Braderhelm. Ayudar a Winnie, por descabellada que fuera la idea, podía darle sentido a su vida.

Khalani irguió la cabeza, armándose de valor para aceptar una nueva tarea, una nueva misión.

—Te ayudaré con el libro, Winnie.

—¿De verdad? —preguntó la mujer.

Khalani asintió.

—¡Oh, magnífico, magnífico! —La anciana la abrazó—. Desde el momento en que Winnie te vio, supo que eras más que una cara bonita.

Khalani esbozó una sonrisa.

—¿Qué puedo hacer para ayudar?

Winnie se frotó la barbilla y bajó la mirada, reflexionando.

—Hum… Bueno, Charles tiene que hacerme llegar las siguientes páginas. ¿Ya te han asignado a la brigada de limpieza?

—Voy la próxima semana.

Con el vestido morado ondeando tras ella, Winnie se apresuró a recoger unos papeles que había en el escritorio.

—Estas son las sesiones del Consejo de Apolo. Se reúnen cada mes, y las actas de esas reuniones se guardan en los Archivos. Es una información vital para la precisión de mi libro. Tú me conseguirás el próximo informe.

Khalani la miró sin entender.

—¿Cómo?

—Mi amigo Charles. —Los ojos de Winnie brillaron—. El que tiene el taller de artefactos antiguos y trabaja en los Archivos. Le enviaré un mensaje. Él te encontrará mientras estés limpiando la calle.

—¿Cómo le enviarás un mensaje y cómo sabrá dónde encontrarme? ¿No se darán cuenta los guardias? —balbuceó atropelladamente.

Cada vez se sentía más y más inquieta.

Winnie se ajustó el monóculo y esbozó una sonrisa traviesa.

—Winnie tiene sus propios métodos. Los mensajes pueden viajar más lejos que las personas. No te preocupes. Él te encontrará cuando los guardias estén distraídos. Winnie sabe que puedes hacerlo.

Khalani se limitó a asentir, no tan segura como ella, y aceptó el papel que le había dado. Si la excéntrica anciana era capaz de rebelarse pese a estar encarcelada, ella también podía hacerlo. Al fin y al cabo, ya la consideraban una criminal.

No le resultaría muy difícil saltarse la ley de nuevo, ¿no?