Us dark few (Los oscuros 1) Capítulo 7 #3
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Capítulo 7 #3

—Las Directrices de Apolo no son más que pura propaganda diseñada para mantenernos a raya.

En los primeros años, algunos académicos protestaron contra ellas.

Se esforzaron mucho para convencer a los ciudadanos de que el objetivo del Consejo de Apolo era acabar con cualquier tipo de democracia y que se convertiría en un régimen totalitario.

Por supuesto, los ejecutaron a todos. Sus predicciones se cumplieron poco a poco y ni siquiera recordamos sus nombres.

»Los ciudadanos obedecieron porque habían perdido la voluntad de luchar.

Lo único que recordaban era ver en sus televisiones las bombas nucleares que caían sobre sus queridas ciudades mientras sus seres queridos fallecían y la esperanza se extinguía.

Olvidaron cómo era el sol y la sensación de bañarse en el océano.

Los animales y las plantas murieron con sus almas.

La humanidad se vio obligada a escapar de una pesadilla feroz en la superficie y, pensando que encontraría la esperanza en el subsuelo, solo se acercó más al infierno.

Qué bajo han caído los poderosos… —concluyó Winnie.

—¿Cómo sabes todo esto? —preguntó Khalani.

—Winnie trabajó en los Archivos, y los académicos escribieron algunos libros sobre ello —respondió con indiferencia, aún perdida en sus recuerdos.

Khalani abrió los ojos de golpe y entrelazó las manos, sentándose en el borde de la silla.

—¿Los Archivos? Igual conocías a un hombre que trabajaba allí… Se llamaba Douglas.

—¿Douglas? —Winnie se acarició el mentón y bajó la mirada hacia el suelo, como si contuviera una biblioteca de recuerdos—.

Hum… Douglas. No puedo decir que lo recuerde, pero, por lo general, los trabajadores de los Archivos no hablan entre ellos.

Guardamos demasiados secretos en la mente. Charles fue el único amigo que tuve.

Khalani se recostó, decepcionada, y sintió una nueva punzada de dolor en el corazón. Lo único que deseaba era compartir el recuerdo con alguien que lo hubiera conocido.

—Los guardias eligieron a Winnie como encargada de la biblioteca de Braderhelm por su trabajo en los Archivos.

Nunca vienen por aquí ni obligan a Winnie a hacer nada.

Prefieren dejarla con los libros. La llaman Winnie la Chiflada.

La llaman vieja loca. —Winnie torció el gesto—.

Pero a Winnie no le importa. Porque, como no le prestan atención, puede hacer entrar cosas.

Pero hace mucho que no envían a ningún prisionero aquí arriba.

Tú eres la primera. He estado… muy sola.

Winnie encorvó la espalda y bajó la mirada hacia las manos.

Khalani hizo una mueca al ver su expresión. No era una exageración decir que la anciana no estaba del todo bien de la cabeza, o que, al menos, no era del todo normal. Sin embargo, no sentía miedo. Era difícil de explicar, pero emanaba una energía contagiosa y amable que la atraía.

—Pues hoy me han enviado a mí para ayudarte. Si lo pides, quizá puedan asignarme contigo más a menudo —ofreció Khalani con voz esperanzada.

Winnie centró su atención en Khalani y asintió con vehemencia.

—Sí, a Winnie le gustaría eso.

Khalani esbozó una sonrisa. Trabajar allí era mucho mejor que cualquier otra tarea que le hubieran asignado. Y había algo diferente en la biblioteca, como si aquel espacio olvidado aún conservara un atisbo de vida, como si las paredes desoladas de Braderhelm le fueran ajenas.

Allí dentro, Khalani sentía que podía respirar.

—¿En qué puedo ayudarte? —preguntó, recorriendo la sala desordenada con la mirada y estremeciéndose al ver una cucaracha gigantesca que se escabullía por la esquina de una estantería.

A Winnie le brillaron los ojos al oír las palabras de Khalani.

—¡Magnífico! Alguien me hará compañía mientras termino el trabajo. Tal vez pueda ayudar…, pero… no, mejor que no. Es una vana ilusión, Winnie. No hay confianza. Pero, aun así, ¡compañía! Maravilloso, maravilloso —murmuró, paseándose por la estancia.

A Khalani le resultaba extraño que Winnie siguiera refiriéndose a sí misma en tercera persona, pero estaba segura de que acabaría por acostumbrarse.

Winnie continuaba murmurando.

—Oye, Winnie… —la interrumpió.

La anciana se detuvo y clavó su mirada en ella.

—¿Sí, querida?

—¿Te ayudo en algo? —le recordó Khalani.

—¡Oh, sí, sí!

Winnie alzó las manos con firmeza antes de desaparecer detrás de una de las estanterías. Reapareció unos segundos después, empujando un carrito con una docena de libros titulados Directrices de Apolo, volumen uno .

—Debemos llevar estos libros a los bloques de los guardias cada pocos meses. Ayudarás a Winnie con esto. Anota en uno de estos papeles el número de la habitación donde lo entregas —le dijo, acercándole un par de hojas blancas y un lápiz.

Temerosa, Khalani retrocedió; lo último que deseaba era pisar el bloque en el que dormían los guardias.

Winnie le dio unas palmadas en el hombro.

—No te preocupes, querida. Prefieren matar a los prisioneros en público. No te desvíes de tu camino y, sobre todo, no entres en las habitaciones. Hay cosas peores que la muerte.