Us dark few (Los oscuros 1) Capítulo 6 #2
14%

Capítulo 6 #2

—¿Qué pasa?, ¿esperar es de jóvenes? —preguntó con cautela.

—No. Esperar es de idiotas. Si lo que planeabas era ganarte mi simpatía para tu causa, siento decepcionarte.

La fulminó con esos ojos negros.

—Yo… Bueno…, yo solo intentaba ser amable —balbuceó.

—¿Y esperabas que yo fuera amable contigo?

—Sí. No sé. ¿Tal vez?

Takeshi negó con la cabeza.

—La amabilidad es un esfuerzo inútil que solo atraerá atención indeseada, lo que, por lo visto, te estás ganando a pulso.

—¿A qué te refieres?

—Yo lo veo todo. —La miró de arriba abajo con esos ojos penetrantes, sin que pareciera impresionado en lo más mínimo—. Te has metido en problemas por una prisionera a la que ni siquiera conoces. Es de idiotas.

—No sabía que ayudarse unos a otros era un tabú en Braderhelm.

—Entonces aún eres más ingenua de lo que pareces. Con esa clase de actitud, solo adelantarás tu muerte.

Sintió que se ruborizaba y le lanzó una mirada cruel.

—¿Por eso has matado a varios de tus guardias, porque nos ofrecieron ayuda?

Era la única explicación razonable que se le ocurría.

Las palabras captaron su atención. Se apartó de la pared y se encaminó hacia ella con pasos amenazadores.

Era como una temible tormenta, que enfría el aire segundos antes de la destrucción.

Ella retrocedió, pero él entró en su espacio como si fuera suyo.

Agarrándola del hombro, la empujó contra la pared.

A continuación, apoyó la palma contra la piedra, a centímetros de su cabeza, cubriendo por completo su campo de visión.

—Será mejor que recuerdes esto —dijo, inclinándose sobre ella—. Todos los castigos que doy son merecidos. Si encuentras la muerte a mis manos, es porque te la has ganado…, y no tengo ningún problema en que sea dolorosa.

Takeshi pronunció estas últimas palabras con una voz baja que la acarició como si fuera el filo de una navaja. La sed de locura apareció en sus ojos negros, y sintió que la arrastraba.

—¿Tienes miedo ahora, Kanes? —Inclinó aún más la cabeza.

—Sí —admitió ella.

—Bien —asintió—. El miedo es esencial para comprender las consecuencias. Y aquí abajo abundan. Si no tuviera tanta experiencia, diría que deseas morir. ¿Es eso, Kanes? —le susurró al oído, como quien comparte un secreto—. ¿Quieres morir?

Ella contuvo el aliento. Tenía la sensación de estar sola con él en la caverna. El guardia desafiaba sus instintos más básicos.

La idea de acabar con todo ya se le había pasado por la cabeza —incluso antes de Braderhelm—, pero siempre había algo que la detenía. Cuando estaba rodeada de gente, el tormento era más llevadero. Pero, sola, la verdad se le colaba por la boca y resonaba en todos los vacíos de su alma.

«Estoy perdida».

«Olvidada».

«Sola».

Era como si otra criatura habitara su cuerpo, una con el mismo aspecto que ella y que hablaba igual que ella, pero que no era ella.

Se estaba ahogando en mares que no existían y viviendo una vida que ya no le pertenecía.

Vivía el presente, minuto a minuto, y en algunos de esos minutos deseaba que el tiempo cesara por completo.

Aunque, a decir verdad, el peligro no estaba en las cicatrices que se veían. El verdadero enemigo estaba en las que se ocultaban.

—No lo sé —confesó, permitiendo que esas horribles palabras vieran la luz.

Takeshi la escrutó.

—Suicidarte sería la salida fácil. Si eres tan débil, hazlo y no malgastes más oxígeno. Si no, lucha por tu vida y deja de compadecerte de ti misma.

—No tienes ni idea de lo que siento —replicó, fulminando al guardia con la mirada.

—Aquí abajo, tus sentimientos no significan nada. Se alimentarán de tus lágrimas y te devorarán viva cada noche, cuando la celda se cierre. Te queda mucho por aprender antes de que Braderhelm te destroce.

—¿Y cuánto tiempo tardó Braderhelm en destrozarte a ti? —preguntó con insolencia y rabia, antes de que pudiera morderse la lengua.

Los ojos de Takeshi se oscurecieron y adoptó una expresión siniestra. Khalani se dio cuenta de su error demasiado tarde.

—Está claro que te gusta sufrir.

Takeshi sacó la táser del bolsillo trasero con tal rapidez que Khalani apenas se dio cuenta, y le clavó el dispositivo en el costado. La descarga eléctrica le dolió mil demonios y soltó un grito, estremeciéndose y con el corazón desbocado.

Mientras se sacudía, creyó ver cierta inquietud en los ojos del guardia, pero, si había sido así, enseguida la sustituyó por una mirada distante.

—Tu tiempo del foso ha terminado, 317.

Sintió una aguda punzada en el pecho. La había despojado del nombre, y eso le dolió más que la descarga. La fulminó con una mirada de desprecio y, sin añadir más, se alejó.

Khalani se llevó una mano al costado y se secó una lágrima con la otra.

Sentía como si el corazón se le fuera a partir en dos a causa de una emoción pura que amenazaba con hacerla añicos.

Quería caer de rodillas y llorar, y también quería golpear a la primera persona que pasara por allí, aunque no tuviera motivo.

Odiaba su vida. Odiaba a Takeshi Steele. Odiaba ese lugar. Odiaba a Dios. Estaba rodeada de enemigos y no había dónde esconderse ni refugiarse.

Se había pasado la mayor parte de la vida ocultando y disfrazando esos pensamientos torturados, y, en un solo día, el capitán de Braderhelm había penetrado en su interior y había expuesto su alma dañada.

Ni siquiera hacía falta gritarlo a los cuatro vientos; la fragilidad de sus huesos y la mirada perdida lo evidenciaban a cada segundo que pasaba.

Despojada de sus defensas, no era más que una calamidad débil y solitaria que no encontraba su lugar en el mundo.

Ni siquiera en prisión.