Us dark few (Los oscuros 1) Capítulo 6
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Capítulo 6

Soy una calamidad. Igual de dolorosa, inmensa y terrible.

L as dimensiones de Braderhelm, con su gigantesca red de túneles, todavía impresionaban a Khalani.

Apolo era un extraordinario portento de la ingeniería en el que se mezclaban las cuevas naturales con extensas cavernas excavadas por la mano del hombre con el fin de albergar a cientos de miles de personas.

El término «impresionante» no le hacía justicia.

Sin embargo, en cuanto pisó el foso junto a Serene, se quedó boquiabierta.

No se esperaba una caverna tan grande.

Dirigió la vista hacia el alto techo. En los muros de piedra había unas luces blancas que iluminaban el espacio con un resplandor suave que contrastaba fuertemente con el tosco interior de los bloques de celdas.

La persistente sensación de opresión seguía flotando en el ambiente, pero los prisioneros conversaban y paseaban con aire relajado, disfrutando del magnífico espacio.

Una gran multitud rodeaba un cráter circular, un hoyo en la tierra de varios centímetros de profundidad, como si se tratara de una piscina vacía y poco profunda.

Varios prisioneros vociferaban con la mirada cargada de adrenalina y entusiasmo clavada en el foso.

La curiosidad la obligó a acercarse a la multitud, que respondió con una serie de gruñidos y codazos. Khalani fue abriéndose paso hasta que, finalmente, encontró un hueco desde donde se veía el interior del cráter.

Dos prisioneras se estaban peleando y había sangre por todas partes.

Una, de tez pálida, llevaba las mangas subidas hasta los hombros y el cabello oscuro recogido en una trenza lateral.

La otra prisionera tenía el cabello pelirrojo corto y un destello letal en los ojos que se intensificó cuando lanzó un puñetazo.

Khalani se estremeció cuando la chica de cabello oscuro, esquivando el golpe, hundió el puño en la mandíbula de la otra prisionera y la derribó de inmediato.

El rostro se le llenó de sangre, casi del mismo color que su cabello.

Khalani pensó que la pelea había terminado, pero entonces la chica de cabello oscuro se inclinó para darle el golpe de gracia.

Sin embargo, la otra le barrió las piernas y cayó al suelo.

La pelirroja lo aprovechó, subió a horcajadas sobre ella y empezó a golpearle el rostro. Tres puñetazos. Cuatro. Cinco. En el suelo, la chica de cabello oscuro dejó de moverse, y la pelirroja se puso en pie alzando los brazos en señal de victoria.

Los prisioneros silbaron y aplaudieron, y se intercambiaron unos endebles pases en los que se podía leer «Ficha para la ducha»; por lo visto, en Braderhelm, era con lo único con lo que se podía apostar.

Incluso algunos guardias que se encontraban fuera del círculo sonrieron ante el cruel espectáculo.

La chica del suelo se incorporó lentamente, haciendo una mueca con cada uno de sus movimientos.

Le brillaba la piel, cubierta de sangre y sudor, y el pelo negro se le pegaba a la frente.

Arrastrándose, alcanzó el borde del hoyo y la luz le iluminó los labios ensangrentados y los ojos hinchados.

Sin embargo, cuando intentaba subir por el montículo, le falló una pierna y se desplomó de nuevo en el interior.

Khalani miró a su alrededor, confiando en que alguien ayudaría a la pobre chica, pero nadie se movió.

Todos prestaban atención a los dos nuevos prisioneros que habían saltado al foso, listos para pelear.

Desvió la mirada de nuevo hacia la chica derrotada. Aunque habría preferido no llamar la atención, fue incapaz de quedarse allí fingiendo que no la veía.

Se apartó del lado de Serene.

—¡Khalani, espera! —gritó su compañera entre el bullicio.

Haciendo caso omiso, Khalani se abrió paso hasta el borde del foso. Cuando encontró un hueco, se asomó y vio a la magullada chica, que aún luchaba por salir.

—Deja que te ayude —dijo Khalani, inclinándose y extendiendo una mano.

De fondo, advirtió que las ovaciones se detenían y los murmullos crecían. Sintió que todos los ojos se clavaban en ella, pero hizo caso omiso. La chica derrotada la miró con profundo odio mientras unas lágrimas de rabia asomaban al único ojo que no estaba hinchado.

—No necesito tu puta ayuda.

Khalani retrocedió. Impulsándose con las manos, la chica se puso en pie despacio, visiblemente dolorida.

Tambaleándose, avanzó con una pierna renqueando y logró salir del foso.

Tomó aliento e hizo una mueca, incapaz de erguirse por completo.

Tras lanzarle otra mirada iracunda a Khalani, desapareció entre la multitud.

En el borde del cráter, Khalani seguía inmóvil, con la mano extendida como una idiota. ¿Qué acababa de ocurrir?

Miró a su alrededor; un par de prisioneros la observaban con aire compasivo… ¿o más bien era lástima? La mayoría de los presentes negaron con la cabeza, como si hubiera cometido un acto bochornoso, una metedura de pata social.

Una prisionera más mayor que Khalani, que le sacaba una cabeza y que llevaba rapada la mitad del cráneo y varios piercings en la nariz y las cejas, se puso a aplaudir lentamente.

—Así se hace, novata. Tú sigue ayudando a los que pierden en el foso y acabarás ocupando su lugar. No aguantarías ni diez segundos —la advirtió, sonriendo con sorna.

—Que venga conmigo. Yo sí que no tardaré ni diez segundos en darle lo que se merece —se burló un tipo corpulento al que le faltaban algunos dientes.

Todos a su alrededor prorrumpieron en carcajadas.

Khalani apretó los puños y se ruborizó, avergonzada. Se apresuró a abrirse paso hacia la parte de atrás del círculo, tratando de salir de allí lo más rápido posible. Si hubiese podido tener algún superpoder en ese momento, le habría gustado ser invisible.

—¡Khalani!

La voz de Serene la sacó de sus pensamientos. Finalmente, logró atravesar la muchedumbre y divisó el cabello azul de su compañera a sus espaldas.

—Lo siento. Tenía que alejarme de allí —dijo atropelladamente al ver a Serene.

—Debí habértelo dicho. No puedes intervenir en las peleas del foso ni ayudar a los perdedores. Es tabú —explicó Serene.

Khalani negó con la cabeza, maldiciéndose para sus adentros. Debería habérselo imaginado. En Braderhelm, la compasión era un tumor que había que extirpar.

—No te lo tomes tan a pecho —la animó Serene al ver su expresión—. Pero la próxima vez no te entrometas, ¿vale?

Khalani lo consideró en silencio y, al cabo de un momento, asintió. La idea no le gustaba, pero no podía convertirse en un blanco en prisión. Era fácil tener principios, pero mantenerlos y actuar conforme a ellos, aun a riesgo de exponerse, era una cuestión completamente distinta.

—Voy a dar una vuelta —anunció—. Necesito un poco de aire.

El foso de combate parecía ser la principal fuente de entretenimiento en Braderhelm, y Khalani ya no tenía ganas de seguir observando aquel sangriento espectáculo.

Serene iba a objetar algo, pero finalmente la dejó hacer. Khalani agradeció no tener que dar más explicaciones. Estaba mejor sola.

Caminó por el foso, observando a su alrededor, y fue entonces cuando divisó a Takeshi Steele en un rincón apartado.

Tenía los musculosos brazos cruzados sobre el pecho y estaba apoyado contra la pared.

Aunque parecía calmado y tranquilo, en su rostro se veía que contenía la agresividad.

Paseaba una mirada atenta por la caverna como una víbora dispuesta a atacar.

De repente, la vio. Clavó los ojos oscuros en ella y los entornó, como si la retara a dar un paso más. Khalani tuvo la impresión de que había caído en una trampa.

Pese a su temor y aversión, tomó la repentina decisión de acercarse a él. No era necesario que le dijeran que enemistarse con Takeshi Steele no era bueno.

Si quería sobrevivir, tenía que paliar el daño que había causado con su primera conversación.

Hecha un manojo de nervios, fue hacia él retorciendo las manos y envuelta en un velo de ansiedad. Él la escrutó con cuidado, apartando un poco la espalda de la pared.

Acercarse a él podía ser una decisión brillante o un movimiento muy mal calculado. A cada paso que daba, Khalani tenía que reprimir el impulso de darse la vuelta. Sin embargo, siguió avanzando con aire indeciso. Se detuvo a unos pocos centímetros de distancia, sin atreverse a acercarse más.

Takeshi permaneció inmóvil y tranquilo, examinándola con el ceño fruncido y esos ojos siempre amenazadores.

—Hola —lo saludó con un hilillo de voz.

Carraspeó y esperó unos segundos. Y unos segundos más. Takeshi se limitó a mirarla con fastidio, sin responder. El incómodo silencio hizo que se pusiera tensa.

—Quería disculparme por lo que te he dicho esta mañana —comenzó.

—Ah, ¿sí?

Khalani volvió a carraspear ante el claro tono de advertencia. Como si por debajo de aquella superficie tranquila corrieran unas aguas de lo más agitadas.

—Bueno, como puedes imaginar, he tenido una semana difícil. Sé que no te importa, pero por eso hice algunos… comentarios desafortunados. No fue mi intención provocarte ni hacer que te enfadaras.

Él ladeó la cabeza y la examinó. Durante un breve y fugaz momento de locura, creyó que iba a aceptar sus disculpas.

—¿Has terminado? —preguntó con tono monótono.

Y, con eso, su ingenuo optimismo se desinfló como si le hubieran succionado todo el aire de los pulmones.

—Eh…, sí, sí —balbuceó con expresión desconcertada—. Supongo que he terminado.

Takeshi no movió ni un músculo y desvió la mirada, despachándola.

—Vale. —Ante el nuevo silencio, Khalani se retorció las manos, deseando que la tierra se la tragara—. Bien, entonces, espero que estemos en paz. Te dejo con tu… guardia.

Khalani reprimió el impulso de darse una palmada en la frente. La próxima vez, igual podía pedirle a Takeshi Steele que le disparara. Seguro que sería mejor respuesta.

—No pierdas el tiempo y no esperes nada aquí abajo —dijo con voz grave e impetuosa a sus espaldas.

Ella se giró, sorprendida. Takeshi seguía contra la pared como una fuerza indomable. Inmóvil. Demasiado inmóvil.