293. EPÍLOGO UN VIAJE DE FELICIDAD
LILIAN:
Han transcurrido varios meses desde que todo pasó.
Los padres de Alessandro todavía no estaban excelentes, pero sí bien.
Rufo operó a los suyos y también evolucionaron muy bien.
Además, les compró una hermosa casa, así como el restaurante que ellos habían creado.
Ellos se empeñaban en trabajar, aunque su hijo tenía dinero de sobra.
Luci parecía que nunca había padecido de nada; ahora era idéntica a su hermana, que no regresó a Milán con sus abuelos.
Se quedó a vivir con ella y su novio hasta que aquellos se mudaran definitivamente a Roma, a la casa del tío Axel.
El tío Acher regresó con sus padres, no solo para cuidarlos, sino que volvió a ser profesor.
Mi madre volvió a vivir en la casa del lago, con la señora María, hasta que esta última se mudara definitivamente con Rufo, que aún no se decidía. Tenía miedo de perder a Migue y retrasaba cada día más la mudanza. Sus padres les pidieron que fueran a vivir con ellos, y lo estaban pensando.
Mili y Donato también se recuperaron muy bien. Mili se fue a vivir con sus hijos y su novio, uno de los dragones de la décima, a Sicilia. Él aceptó a los niños y les hizo creer que era su padre a todos. Donato regresó con su familia.
Alexa siempre andaba conmigo. Al final, descubrimos que ella tenía taponados los oídos; no escuchaba y por ello no hablaba. La operamos y estaba en proceso de aprendizaje para hablar.
Habíamos regresado a la cripta y sacado a todos, y luego vuelto a sellar. No volveríamos a dejar entrar a ningún extraño. Lanzamos a todos los corrompidos a donde estaban los padres de Alessandro. Todas las mujeres de sus enemigos servían junto a sus esposos en uno de los tantos clubes que poseían.
Alessandro Minetti, padre, asumió de nuevo el cargo de primer dragón junto a su esposa, el dragón blanco, el dragón rojo, el dragón negro hijo, y el dragón tricolor de Rufo. Por lo que ahora, mientras los padres dirigían y hacían lo que siempre quisieron hacer, nosotros viajábamos por todo el mundo.
—Lili, Ellie, ¿están seguras de que no voy a correr peligro? —pregunta Luci, amarrada, lista para lanzarse al vacío.
—No, dale, tírate —le digo.
—¡No lo hagas, Luci! —le grita Damián, pero ya ella ha saltado y grita mientras cae hasta rebotar una y otra vez.
—¡Están locas! —grita Damián—. ¿Cómo la dejaron hacer eso?
—¡Ahora me toca a mí! —grita Ellie y se lanza también.
—Ale, si esto sigue así, me va a dar un infarto —dice Damián, blanco como un papel.
Todos reímos mientras Ale dice que la deje ser feliz. Nunca Luci había experimentado nada de eso por estar enferma.
—¿Listo para enseñarle a tirarse en paracaídas? —pregunta, riendo.
—¿Se volvieron locos todos? —protesta Damián.
—Hacemos lo que ella escribió en su lista de deseos —digo con una sonrisa y agrego—. Si no se lo enseñas tú, lo hará el tío Axel.
—¡No! —niega Damián—. ¡Lo hará conmigo! No dejaré que nadie más lo haga, aunque sea su tío.
Estamos todos muy felices; hemos viajado en el yate de la familia esta vez. Alexa resultó ser una pareja excepcional; es verdad lo que dijera el dragón blanco, la entrenó muy bien. Se está educando con el tío Acher, que fue contratado como su profesor, junto a otros.
Hoy hemos descendido en Viena, lugar que Luci añoraba ver. Estamos todos en un hotel que poseen allí.
—Dami —lo llama—. Puedes salir del baño y decirme si este vestido que me puse te gusta para la fiesta de hoy.
—Espera un momento, cariño —responde desde dentro del baño—. No sé por qué tenemos que vestirnos tan elegantes. Es una fiesta como otra cualquiera.
—No protestes y sal a mirarme —insiste Luci.
Damián al fin sale del baño para encontrarse con Luci, vestida de novia. Se queda como si no lo pudiera creer; su esposa realmente es preciosa.
—¡Luci, cariño, estás hermosísima! —exclama emocionado—. ¿Es para esto que nos vestimos así? ¿Por qué no me lo dijiste?
—Era una sorpresa, tonto, ¿te gusta? —pregunta emocionada.
—Me encanta, cariño, me encanta. ¿Dónde va a ser? —pregunta enseguida.
—Aquí en el hotel; lo arreglé todo como me gusta —se acerca a Damián—. Perdón por no preguntarte nada.
—Lo que tú hayas decidido, y siempre que tú seas la novia, está bien; lo demás no tiene importancia —contesta feliz Damián.
—Ellie también se va a casar con Renart —le cuenta lo que todas hemos arreglado—. ¿Crees que él acepte?
Damián ríe emocionado, asegurando que Renart, como él, está loco con esa hermana de ella que hace de él lo que quiere, como Luci lo hacía con él. Nunca lo había visto enamorado.
—Entonces vamos, cariño, vamos a nuestra boda —le pide Luci, extendiendo su mano.
Todos nos aprestamos para la boda de las gemelas; ambas, aunque de novias, escogieron vestidos diferentes. A Ellie la conduce del brazo su abuelo, pero a Luci la lleva el abuelo Minetti, resplandeciente de felicidad. Todo es maravilloso, como lo soñara Luci, que se abraza a mamá, emocionada y feliz.
—Gracias, mamá, por todo lo que hiciste por mí —le dice con lágrimas en los ojos.
—Vamos, no llores, tus padres deben estar orgullosos de ti —dice mamá, aunque ella también llora—. Vete a saludar a todos, vamos.
Mamá la ve alejarse y se limpia una lágrima. Luego se gira buscándome a mí. Yo he estado observando todo, pero ahora mismo bailo, riendo feliz en los brazos de Alessandro. No nos casamos porque debemos invitar a todos los dragones; lo haremos al regresar, pero sí disfrutamos de nuestra felicidad.
—¿Eres feliz, Ale? —le pregunto.
—Mucho, Lili, ¿y tú? —me mira con anhelo.
—Como jamás pensé que lo sería —confieso la verdad—. ¿Puedes acompañarme afuera un momento? Hay algo que debo hablar contigo.
—Te has puesto muy seria, ¿qué es? —pregunta mientras me sigue.
—Ven, no seas impaciente —me detengo y lo miro—. Pero prométeme que no te molestarás por no habértelo dicho antes.
Alessandro frunce el ceño. Luego sigue avanzando rumbo a la terraza exterior, mientras suspira y me increpa:
—¿Empezaste de nuevo, Lili? ¿Es que nunca me vas a obedecer como debes?