¡Ups! ¡No me equivoqué! 292. EL DESPERTAR DE LOS PADRES
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292. EL DESPERTAR DE LOS PADRES

LILIAN:

Estamos todos nerviosos en espera de que lleguemos a la casa. Corremos al cuarto de los padres de Ale. Rufo de inmediato los revisa; yo había llegado un poco antes y los había revisado.

—¿Qué crees, Lilian? —me pregunta mientras sigue abriendo los ojos e iluminándolos en busca de señales.

—Rufo, creo que van a despertar —doy mi opinión experta—. Mira el movimiento rápido de sus ojos. ¿Qué opinas si le ponemos un acelerador para que lo acaben de hacer?

—No hace falta, mira, abrieron los ojos —me muestra Rufo, inclinándose sobre ellos de inmediato—. Señor Minetti, señor Minetti, ¿cómo se siente? ¿Le duele algo?

Él no responde, solo gira la cabeza y al ver a su esposa en la otra cama, hace ademán de sentarse.

—No hagas eso, papá —se lo impide Alessandro, que está muy emocionado.

—¿Papá? —pregunta con voz ronca mi suegro—. ¿Alessandrito?

—¡Santa Madonna, madre de Dios, al fin despertaste, Alessandrito! —exclama el abuelo al entrar en la habitación en ese momento. Corre emocionado y se abraza de él llorando—. ¡Despertaste hijo, despertaste! ¡Gracias por estar vivo y perdóname por no haber podido encontrarlos antes!

—¿Papá? —pregunta con el ceño fruncido mi suegro.

El abuelo dice que sí, sin poder dejar de llorar ni de acariciar con cariño a su hijo. Le pregunta una y otra vez cómo se siente. Mi suegro, con voz ronca, le contesta que se siente muy débil y luego pregunta por su mamá.

—Lo siento, hijo, ella ya no está con nosotros —dice el abuelo con un gran sollozo.

—¿De veras, papá? —a mi suegro se le quiebra la voz—. Perdóname tú a mí.

—No, hijo, lo importante es que están aquí, vivos, vivos… —lo interrumpe el abuelo emocionado.

—Es verdad —asiente y le aprieta la mano, dirigiendo la mirada hacia nosotros antes de preguntar—. ¿Cómo está mi esposa?

Rufo se adelanta y le contesta que también despertó. Pero parece que todavía no está muy bien. Va evolucionando lentamente; debemos tener paciencia.

—Ale, creo que ambos van a estar bien —se dirige a Alessandro, que se ha quedado en silencio observando la escena—. El tratamiento contra todo ha funcionado. Creo que te busca.

Alessandro se acerca y se pone donde su mamá lo puede ver. Ella abre los ojos y mira a su derecha para encontrarse con la mirada sonriente de su esposo. Regresa a mirar a su hijo, que está ahora emocionado.

—Mamá, sé que no me conoces, pero soy yo, el niño de dos años que dejaste —le dice mientras le toma una mano.

—¿Ale? ¡Eres mi Alessandrito! —dice muy emocionada, llorando, mientras le extiende los brazos—. Ven aquí, perdóname, hijo. Perdóname por dejarte solo.

—Ya, ya, mamá, no te pongas así, lo que tienes es que ponerte bien. Vamos, no llores, aquí hay alguien que se muere por verte —dice, apartándose para dar paso a Alexa, emocionada, a su lado—. ¿Te acuerdas de ella?

Mi suegra la mira por unos instantes con los ojos entrecerrados. Alexa se queda al lado de Alessandro, me parece medio asustada.

—¿Alexa? ¿Eres mi Alexa? —pregunta al fin mi suegra.

—Sí, el dragón blanco, la salvó y han estado juntos desde entonces —es Alessandro quien le contesta—. ¿Quién es, mamá? ¿Es mi hermana?

Mi suegra niega con la cabeza, diciendo que la encontró. Pero aunque no la engendró, es su hermana. Alessandro dice que sí con la cabeza y empuja a Alexa para que la salude. Ellas la abrazan emocionada.

—No te preocupes, descansen ahora —dice Alessandro, retrocediendo dos pasos.

—Alessandrito —lo llama su padre—, tienes que limpiar a los dragones.

Miro a mi suegro con incredulidad. No ha terminado de despertar y ya está pensando en eso. Alessandro se acerca a su cama y le dice que ya lo hizo. Solo debe preocuparse por ponerse bien. No le gusta el cargo para nada.

—Te lo devolveré en cuanto estés bien. Quiero irme a viajar con mi esposa.

Perdón, Lili, Lili, cariño, ven aquí —me toma la mano y me coloca frente a ellos—.

Papá, mamá, les presento a mi esposa: Leslie Lemert Minetti, el dragón rojo.

Es la hija de Kenet Lemert, como mismo lo arreglaron.

Así que ahora que les informé de todo, pónganse bien, para que entre todos saquemos esta organización adelante. ¿De acuerdo?

—¿Ella es la hija de Kenet? —pregunta mi suegro antes de que yo pudiera saludarlos—. ¿En verdad tuvo una hija?

—Sí, papá, sus predicciones fueron correctas —contesta Alessandro, que está nervioso—. Y antes que lo preguntes, él murió en un accidente de avión.

Solo inclino la cabeza en señal de saludo y respeto. Luego, Alessandro señala a mi mamá y les cuenta que es la señora Lara, que espera que se acuerde de ella. Mi mamá sonríe con incomodidad.

—¿Lara? —mi suegro la mira fijamente—. Sí, claro que me acuerdo.

Alessandro sigue presentando a todos. Toma a Rufo, diciendo que es su hermano del alma, hijo de Renzo, el dragón del sur. Mi suegro lo observa detenidamente mientras asiente con la cabeza.

—¿Cómo se encontraron? —pregunta su madre.

—Es una larga historia —contesta evasivamente—. El abuelo lo crió.

—¿Y el dragón blanco? —mi suegra mira alrededor.

Enseguida le hacen la historia de lo sucedido con Xiaolong y Alexa después de que el agua se los tragó. Y sobre todo, cómo había regresado. Rufo lo interrumpe, diciendo que mejor los dejaba descansar; acaban de despertar, es suficiente conversación por ahora.

—Papá —llama mi suegro al abuelo—, gracias por cuidar de nuestro Alessandrito, veo que lo creciste como a mí.

—No tienes que agradecerme nada, muchacho —retoma su actitud el abuelo—. Ponte bien pronto, creo que perdiste mucho tiempo por allá abajo.

—Lo haré, papá, lo haré —asegura, apretando su mano.

Al otro día volvemos a bajar a la cripta junto al dragón blanco y el libro. Alexa es de gran ayuda, se conoce todo muy bien. Todas las personas que ellos habían rescatado, las podemos sacar y regresar a sus familias.

De a poco, todos van recobrando la salud, y comparten todos en la enorme mansión de los Minetti, que nunca antes había llenado sus habitaciones. Damos caza a cada uno de los dragones traidores, desapareciéndolos sin que nadie sepa dónde.

Se realiza una gran fiesta de bienvenida y de resurgimiento de los nuevos dragones, que asumen las diferentes mafias del mundo.

Alessandro, de a poco, comienza a delegar el trabajo en sus padres, al ver que ellos tienen la capacidad para hacerlo y porque realmente quiere disfrutar la vida a mi lado, que ahora no me desprende de su lado.

Sigo sus orientaciones al pie de la letra.

Ambos somos muy felices en unión de toda nuestra familia.