¡Ups! ¡No me equivoqué! 291. DESPUÉS DEL MIEDO
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291. DESPUÉS DEL MIEDO

DAMIÁN:

Por suerte, Lucila responde bien y despierta. De inmediato le quitan todos los aparatos. Y mira feliz a todos a su alrededor, pero sobre todo a su ojeroso esposo. Le sonríe tímidamente.

—Gracias —le dice con una voz ronca a Rufo.

—Ponte bien, sigue luchando —Rufo le acaricia la mejilla—. Esa es la manera en que quiero que me lo agradezcas, linda. No te rindas, todos te amamos.

Estamos todos felices de que ella haya despertado. Sonríe mientras me acaricia el rostro con cariño. Niega con la cabeza mientras asegura que luchará hasta el final.

—Me voy, que el abuelo me llamó, dice que los padres de Alessandro parecen que van a despertar —dice Rufo y se gira hacia mi suegra—. Señora Libia, ¿puede venir? El abuelo la necesita.

—No quiero dejar a Luci sola —se resiste la señora Libia.

Pero Luci se apresura a decirle que vaya con ellos. No está sola, yo y su hermana Ellie estamos a su lado. Mi suegra, al fin, se decide a ir, pero dice que regresará pronto con Lilian. Los vemos alejarse presurosos.

Después de despedirlos, entro a la habitación donde Luci ríe con las locuras de Ellie, que no se separa de ella. Hasta me ha impedido que duerma a su lado, lo hace ella abrazada a su cuerpo. Asegura que así Luci cogerá salud de ella. La dejo, porque en mi interior quiero creer que es cierto.

—Hola, ¿dónde estabas? ¿Hay algo que no quieres que escuche? —pregunta Luci al verme entrar.

—No te oculto nada, estaba hablando con Rufo de los padres de Ale. Dice que te vas a poner bien, ya lo escuchaste —le contesto, sentándome a su lado—. No tengo nada que esconder.

—Te lo dije, cuñi —dice Ellie y mira detrás de mí—. ¿Y mi novio? ¿Dónde lo dejaste?

—Ellie, creo que puedes ir a la casa a verlo —le dice Luci—. Yo voy a estar bien con Dami.

—¿Segura, Elsie? —pregunta mi cuñada, poniéndose de pie.

Luci le dice que sí, que se vaya para la casa, y que luego regrese con los abuelos que dijeron que venían más tarde. Además, ahora que se siente mucho mejor, de seguro se va para la casa pronto. Por suerte, Ellie acepta, coge su bolso y dice que se irá con Rufo y la señora Libia.

—Deja que lo llame para que te espere. Creo que no va a hacer falta —me interrumpo, mirando a Renart detenido en la puerta.

—¡Mi novio, qué bueno que viniste! —grita Ellie, alborotada, y va, se prende de él llenándolo de besos—. ¿Por qué no habías venido antes?

—Hola, cariño, estaba trabajando —Renart se sonroja—. Buenos días, señora Cavalieri, ¿cómo se siente?

—Buenos días, Renart, me siento mejor —contesta Luci con una sonrisa.

—Mi novio, ¿cómo es eso que estabas trabajando? —pregunta Ellie, prendida de su brazo.

Pero Renart se gira hacia mí, diciendo que venía a informarme que ya trasladaron todo. La sede aquí en Roma que nos encontró Minetti ya está equipada con todo. Ellie lo mira sorprendida e intrigada.

—¿Qué quieres decir, mi novio? —inquiere enseguida—. Respóndeme, no me ignores.

—Mi querida novia, tengo el placer de informarte que, desde ya, soy un ciudadano italiano. Mira —responde Renart, sacando unos documentos de su bolsillo—. Ya arreglamos todo para vivir y trabajar aquí.

Y le muestra los papeles arreglados, con todos los permisos. Ellie se lanza a sus brazos, llenándolo de besos alborotada, mientras Luci me mira apretando su mano complacida. Aunque ya lo sabía, ahora es una certeza de que viviremos en Italia.

—Ellie, ¿te vas a comportar un día bien? —pregunta Luci, apenada.

—Mi hermana, tú eres seria por las dos —es la respuesta de Ellie—. Así que deja que yo sea loca por las dos, ja, ja, ja. ¿Te molesta mi novio?

Renart ríe también, sin soltar a su novia. Me gusta verlo así, es un buen chico y el hermano que nunca tuve. Estoy feliz de que, como yo, haya encontrado la felicidad.

—No, para nada, linda —responde Renart, pero me mira apenado—. ¿Podemos salir un rato?

—Sí, llévatela, Renart, no ha habido silencio desde que ella está aquí, ja, ja, ja. No hay apuro en que la devuelvas, ja, ja, ja… —dice Luci, tirando de Damián.

—¡Mi hermana, no digas eso! —protesta Ellie—. Quieres estar a solas con tu francés, te entiendo. Yo quiero lo mismo con el mío, vamos, mi novio.

Todos nos reímos, sintiendo que todo lo malo ya pasó. Miro a mi prometida riendo débilmente en la cama y me siento a su lado. Estoy tan agradecido a esa cuñada mía por haber ayudado a mi amor a sobrevivir.

—Es una loca esta hermana mía, ¿verdad, amor?

Ella y Lili ya se hicieron amigas, son iguales —dice Luci, apretando mi mano mientras ríe—.

Ven acá, abrázame, extraño estar contigo, no deberías haber dormido en el sillón.

Acuéstate aquí a mi lado, tienes grandes ojeras.

Quita esa cara de susto, estoy bien ya, mírame.

—Cariño, no sabes el miedo que he tenido —le digo, abrazándola fuerte—, creí que te perdía.

—No lo harás —me toma el rostro con sus dos manos—. Y ya tomé una decisión, no te haré esperar más.

La miro todavía sin entender a lo que se refería. Estoy tan feliz de que ella haya superado esta crisis que no puedo pensar en nada más. La miro fijamente, tratando de adivinar qué quiere decir con eso.

—Tú y yo estamos casados, quiero que consumamos el matrimonio en cuanto pueda, ¿de acuerdo? —pregunta ruborizada—. No esperaré más, se lo explicaré a mamá.

—No hay apuro, linda, solo ponte bien —me apresuro a decir.

Pero ella sigue insistiendo en que no quiere esperar. Quiere saber cómo es hacer el amor, vivir sin medidas, salir, viajar, ir a bailar, hacer todas esas cosas locas que hace mi hermana.

—Di que sí, Dami, di que me llevarás a hacer todo, a viajar el mundo —ruega con calidez—. No quiero morir sin haber hecho todo lo que siempre he querido.

—No hables de morir, vida mía, lo haremos —se me llenan los ojos de lágrimas al escucharla—. Todo lo que quieras y más. Tú solo ordenas y yo obedezco. En cuanto Rufo te dé permiso, lo haremos. Gracias por estar bien, por luchar y no rendirte, cariño.

—Nunca lo haré, Dami —asegura para mi alegría—. Lucharé para vivir el mayor tiempo posible contigo. Te amo, gracias por enamorarte de mí, por amarme.

—Gracias a ti, linda, gracias por aceptarme —digo mientras la beso apasionadamente—. Nunca nos separaremos, viviremos felices toda la vida.