¡Ups! ¡No me equivoqué! 284. DEVELANDO MISTERIOS
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284. DEVELANDO MISTERIOS

DAMIÁN:

Xiaolong niega con la cabeza, dando palmaditas en la mano de la joven. Asegura que no habla y que nunca lo ha hecho. Por ello, también les daba miedo que se fuera sola allá abajo, porque, si le pasaba algo, no podía avisar.

—Pero jefe, tenemos que regresar allá abajo —dice de pronto.

—¿Por qué? —pregunta Alessandro.

—Hay muchos allá abajo perdidos —asegura, para sorpresa de todos—. Por años estuve recogiendo a los que lanzaban en una catacumba. Muchos sobrevivían, otros no. Los llevaba a un área que había creado para ello.

—¿Así fue que salvó a mis padres? —interviene Rufo—. Papá cuenta que los dieron por muertos y los lanzaron por un hueco.

—Así es, Rufo —contesta Xiaolong—. A ellos los conocía. Sabía que eran fieles y los llevé con nosotros.

—Gracias, muchas gracias —Rufo se inclina con respeto delante de él—. Te estaré eternamente agradecido.

Todos volvemos a guardar silencio. Teníamos la incógnita de cómo fue que los padres de Rufo se habían reunido con los de Alessandro, y ahora lo sabemos. Él y yo respiramos aliviados.

—Aclarado ese punto, donde nos diste un susto de muerte a Damián y a mí —dice Alessandro con una sonrisa, señalando a Alexa—, necesitamos hablar de otras cosas de la organización.

Alessandro se gira hacia Luci, que ha permanecido en la puerta, de pie, escuchando todo sin intervenir.

—Ella es Elsie Lemert, la hija de Kasian Lemert, el hermano del dragón rojo —la presenta a todos.

—Es muy bella —dice Xiaolong con una sonrisa—. Mucho gusto.

Se pone de pie y se dirige a ella con los ojos brillantes. Me apresuro a colocarme al lado de ella, pasando su brazo por sus hombros. Impido que le tome la mano mientras la presento:

—Ella es mi esposa.

Todos sonríen al ver mi despliegue de posesividad. Pero no me importa; no dejaré que nadie me robe a mi esposa, que tanto me ha costado mantener a mi lado y con la que todavía no me he casado.

—Luci, ¿puedes llevarte a Alexa y ver si la atienden bien? —le pide Alessandro, y agrega—: Llévasela a Lilian, que la revise y la tenga con ella.

Ella asiente y se retira junto a Alexa, que la sigue medio asustada, pero al escuchar a Xiaolong decir que estará allí, se calma. Yo estoy muy preocupado porque Luci no ha dicho una sola palabra sobre cómo reacciono. Ha permanecido en silencio, observándome todo el tiempo, y eso me asusta.

—Jefe, ¿me puede explicar por qué se asustaron tanto usted y el francés con Alexa? —pregunta Xiaolong, haciendo que me concentre en él.

—Mi nieto, como te dije. Tal parecía que habías resucitado a un muerto —es su abuelo quien le contesta.

Al ver que no entiende, Alessandro le pide que gire para que vea el motivo del susto que tuvimos, señalando la foto de él y Celia colgada en la pared.

—¡Vaya, sí que se parecen ellas! —exclama Xiaolong—. ¿Quién es?

—Mi difunta esposa, Celia —me mira y agrega—. Era el amor de la vida de mi amigo Damián.

—Perdóneme, jefe, no lo sabía —se apresura a decir Xiaolong. Luego se gira hacia el anciano—: ¡Abuelo, debiste advertirme para hablar rápido!

—A veces los fantasmas del pasado son necesarios; es bueno que se hagan presentes para que nos despierten, hijo —dice en tono enigmático—. La vida suele darnos, a veces, precisamente lo que necesitamos.

Alessandro suspira, dejando los hombros caer levemente, al igual que yo. Por mi parte, sigo con la mirada fija en Luci, esperando, incluso rogando, que diga algo, lo que sea. Sus ojos, sin embargo, siguen siendo un misterio impenetrable. Observo al anciano que parece haber estado hablando para mí.

Su extraña filosofía, tan ambigua como perturbadora, pero innegablemente cierta, me perturba.

Siento que necesito aire, o quizás espacio; ni siquiera estoy seguro.

Pero me concentro en lo que sigue; después hablaré con ella.

Por ahora, soy parte de este misterio. Xiaolong, con un leve movimiento de inclinación, se disculpa.

—Perdón, jefe, por el susto que le debo haber dado; ahora entiendo su reacción al verla —señala con una mirada de reproche a su abuelo—. Pensaba que sus padres le habían hablado de ella; deben pensar que estábamos muertos.

—Menudo susto me llevé. Aunque enseguida me percaté de que no era ella; se parecen, pero a la vez no —aclara más tranquilo Alessandro—.

Celia vivía sonriendo y no se asustaba tan fácilmente.

Alexa parece un animalito asustado. Rufo, hazle la prueba para saber si es mi hermana de sangre; aunque no lo sea, mis padres la criaron, la recibiré como tal.

—Muchas gracias, jefe, muchas gracias —vuelve a inclinarse Xiaolong con las manos unidas al frente—. Es una gran chica, ya verá. Ahí donde la ve, la entrené muy duro. Será una gran aliada para usted y su esposa. Ahora a lo nuestro; debe encontrar el libro.

—¿Qué libro? —pregunta Alessandro.

—El que tenía la Consigliere y que explica detalladamente todo eso allá abajo. Ella lo dejó en esta casa; de eso estoy seguro, lo dijo un montón de veces —asegura para intriga de todos.

Asegura que está aquí. Con él, tendrían una guarida para los dragones. Podrán aparecer y desaparecer sin que las autoridades se enteren. Harán todo lo que íbamos a hacer. Además, su abuelo le trae una sorpresa.

—¿Otra? —pregunta receloso Alessandro.

Ambos se ríen al ver su reacción. Pero antes de que podamos reaccionar, ambos se arrodillan ante él, con las manos juntas a la altura del pecho, e inclinan las cabezas y dicen al mismo tiempo:

—Dragón negro, los dragones blancos te saludan y están dispuestos a ayudarte a limpiar todo.

Alessandro se queda por un momento sin saber qué hacer. Luego, junto a Rufo, responde el saludo secreto de los dragones antes de ayudarlos a ponerse de pie.

—Ya localizamos a todos los traidores y sus seguidores —asegura el abuelo de Xiaolong—. Lo había hecho para vengarme por haber asesinado a mi nieto. Pero ahora te ayudaré a limpiar todo.

—¿De veras, abuelo? —pregunta Alessandro, entusiasmado—. Rufo, enséñales lo que tenemos averiguado, pero sobre todo lo que vamos a hacer.

Rufo fija la mirada en algún punto indeterminado de la mesa, como si escarbara en sus propios recuerdos en busca de cifras exactas. Finalmente, responde:

—Muy bien, escuchen el plan que tenemos —inicia con seriedad—. Esta es la limpieza que tenemos en mente. ¿Qué opinan?