¡Ups! ¡No me equivoqué! 282. LA VISITA DE GALATEA
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282. LA VISITA DE GALATEA

ANDREA:

En una casa de la periferia de Roma, Galatea me espera ansiosa hasta que me ve aparecer. Al abrir la puerta, mira alrededor asustada.

—¿Nadie te vio llegar? —pregunta en cuanto cierra la puerta.

—No, Galatea, ya te dije que de mí nadie desconfía —le digo en lo que me siento en un sillón—. Hice las paces con Lilian. Minetti se tragó la píldora, me puso de agente.

—Andy, yo sé que eres muy creído —Galatea se sienta delante de mí—. Pero el tiempo que llevo con el capo Cian me ha demostrado que ellos dicen, hacen y piensan cosas diferentes; nunca sabes con qué van a salir.

—No es mi caso —niego enseguida—. Llamé a Lili y me dijo que sí, que se encontraría conmigo mañana.

—¿Estás seguro de eso? —inquiere de nuevo, recelosa.

Puedo ver que ha cambiado mucho. Está muy nerviosa y asustada. Reconozco que la vida que lleva ahora es difícil, pero ella misma se lo buscó. Yo soy mucho más inteligente que ella. Le digo que esta vez atraparé a Lilian. Le haré pagar bien caro lo que le hicieron a mis padres.

—Referente a eso, Andy —me interrumpe en mi rabia—. Hay algo que no te he dicho y es el principal motivo por el que te quise ver.

La observo sin entender. Entonces pasa a contar que ella fue ese día con Cian a ver a mi papá. Venían para Roma porque Minetti les ordenó que vinieran a verlo. Cuando llegaron a mi casa en Milán, mi mamá estaba muriendo. Ella fue quien la atendió; mi papá le había puesto una sobredosis de drogas.

—Ese había sido el motivo por el que Cian por poco lo mata —sigue diciendo, muy seria—. Enviamos a tu mamá al hospital. No es culpa de él que haya muerto; fue tu papá quien la mató.

—¿Acaso crees que te lo voy a creer? —digo furioso—. ¡Papá no es capaz de hacerle eso a mamá! ¿Es que ahora te enamoraste de Cian y quieres salvarlo?

—¡No se trata de eso! ¡Te estoy diciendo la verdad!

—insiste ella, molesta y bajando la voz mientras mira alrededor—.

Si no me crees, dile a Eva que le pregunte a su mamá, que también por poco la mata tu papá.

Él le metió un tiro a ellos, que trataron de impedir que le hiciera eso a tu mamá.

No le he dicho nada a Eva porque sé que ahora ustedes se tratan como hermanos; no quiero romper eso.

—¿Qué cosa no me has dicho, Galatea? —entra Eva en ese instante y logra escuchar lo último.

—¡Eva! —saltamos alarmados. Galatea se repone y aclara—. Tus padres ya están bien. Cian los mandó al doctor y pagamos todo; yo los he visitado todos los días.

—¡¿Y por qué diablos no me lo dijiste?! ¡Son mis padres! —grita furiosa Eva, y la entiendo.

—Tus padres me pidieron que no te lo dijera, para que no dejaras de tratarte bien con Andy —explica Galatea ante la mirada furiosa de Eva—. Me pidieron que te dijera que él no tiene la culpa de nada.

Eva se queda por unos instantes en silencio, mirando unas veces a Galatea y otras a mí. Luego recoge su bolsa y se dirige a la puerta; antes de salir, se gira hacia nosotros.

—¿Saben qué? ¡Terminé con ustedes! ¡Me cansé!

¡Yo no tengo problemas con nadie; he sido una tonta en dejarme llevar por ustedes!

Primero, haciéndole todo lo que le hice a Lilian, que no se lo merecía.

Segundo, abandonando a mi verdadera familia por querer llevar una vida que no me pertenece.

Y tercero, y la peor de todas: es que por su culpa, el único hombre del que me he enamorado me rechaza por todo eso —nos grita, verdaderamente dolida y furiosa—.

¡Me voy a cuidar de mis padres! ¡Nunca! ¿Me oyeron?

¡Nunca me vuelvan a llamar, olvídense de que yo existo!

—¡Eva, Eva…! —corro detrás de ella. Pero solo puedo ver cómo se monta en su auto y sale chirriando gomas.

Galatea me ha seguido al exterior. Se acerca y me da una palmadita en el hombro. Mira el auto de Eva alejarse mientras me dice que lo siente, que no quería que esto pasara. Solo vino a advertirme que esas mujeres no son buenas.

—Vine porque el capo Cian me obligó a guardar silencio y no quiero que te pase nada. Aunque no me creas, yo te quiero de verdad —dice, para mi asombro—. Para ser honesta, tampoco quiero saber nada de esto. Me costó trabajo, pero la vida que me hace llevar Cian no es nada fácil, Andy, nada fácil.

—¿Por qué no lo dejas? —inquiero con curiosidad.

—Nadie escapa de las manos de Minetti, Andy, ¡nadie! —asegura mientras se arregla—. Piénsalo bien; Lilian es su mayor tesoro, está loco por ella, el mundo entero lo sabe. Dice Cian que ni por Celia lo vieron haciendo lo que hace por ella.

—Por eso mismo se la arrebataré; le daré donde más le duele —respondo, furioso.

Ella suspira mientras niega con la cabeza antes de mirarme con pena. Asegura que se ha arriesgado hoy mucho para venir a decirme esto. Está consciente de que Cian la va a castigar por incumplir lo que le ordenó.

—Por favor, Andy, no seas tonto. No olvides lo que contaban los hombres del tal Rodrigo.

Lo que Minetti les hizo a todos los que se atrevieron solo a silbarle en los clubes donde ella bailó y sabían quién era Lilian —sigue diciendo, con temor—.

No queda uno de ellos; los que no han muerto, los tienen de marionetas en sus clubes.

Y las mujeres de todos los socios que se atrevieron a meterse en su casa, incluida la esposa de Rodrigo, ya viste dónde están.

—Galatea, nada de eso me da miedo —afirmo con firmeza—. Lo tengo todo bien arreglado; a dónde me iré, nunca me podrá encontrar.

Ella suelta una risa que más bien parece un llanto. Luego, para mi sorpresa, me pregunta si me refiero a la isla. Asegura que todo el mundo ya sabe de mi plan. La miro sin poder creer que sea verdad. Sospecho que Eva se lo dijo.

—Escucha, Andy. Minetti es el jefe de los dragones, es el UNO. ¿Sabes acaso lo que eso significa? —pregunta y yo niego con la cabeza.

El UNO, según dice, es el que dirige el mundo de la mafia y de todo lo demás. Asegura que no hay un solo lugar en el mundo donde me meta que no me encuentren y me tengan vigilado.

—Ya te avisé; a mí con Cian me basta. No quiero que me exhiban ni me hagan todo lo que le hacen a esas mujeres.

No me trata bien, pero tampoco deja que otros me toquen; prefiero ser suya —dice con tristeza—.

Y le voy a ser fiel, Adriano. Tu papá es una rata que te ha estado utilizando toda la vida.

Se merecía eso y mucho más por lo que le hizo a tu mamá.

Porque ahora mismo, me pregunto si ella se volvió drogadicta por su propia voluntad o la obligó tu papá para poder hacer con su fortuna lo que le dé la gana.

No lo olvides; la del dinero era ella, no él.

—¿Qué es eso que dices, Galatea? —pregunto, en realidad intrigado.

—Piénsalo, Adriano, si no me crees, vete a ver a los padres de Eva, que al final ellos son tus verdaderos papás; te criaron y te cuidaron toda la vida, más que a Eva —me aconseja—.

Esta es la última vez que me reúno contigo; de hoy en adelante soy la amante de Cian, haré lo que él quiera.

Me conoces; me gusta vivir bien y él me lo da todo.

No es la vida que soñé, pero por las cosas que hice, es lo que me merezco. Adiós, Andy.

La veo alejarse también, en su auto escoltada por dos mafiosos, que hacen la señal de un arma con la mano y me disparan. Mi teléfono suena en ese momento; lo tomo.

—Adriano, todo está listo para mañana —me informa y sonrío.