¡Ups! ¡No me equivoqué! 280. LA ADVERTENCIA DE ACHER
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280. LA ADVERTENCIA DE ACHER

RENART:

Miro al tío de las gemelas Lemert. Entiendo por qué ha venido a hablar conmigo y lo respeto. Por eso decido hablarle con toda la sinceridad con la que él lo ha hecho.

—Señor Acher, le voy a hablar con el respeto que se merece por ser el tío de ella.

Míreme, estoy montado en un avión por primera vez en mi vida.

¿Sabe cuántas veces Damián intentó obligarme a hacerlo desde que nos conocimos?

—pregunto con una sonrisa nerviosa—. Muchas, y no lo hice.

Me aterran. Sin embargo, viene su sobrina, me abraza, me besa delante de todos y me dice que soy su novio.

Una chica hermosísima me dice a mí que soy su novio. ¿Sabe lo que eso causó?

Acher frunce el ceño, recargando ambos antebrazos sobre la mesa de la cabina del avión. Es uno de esos hombres que parece haber nacido para mandar, y por un instante, me pregunto qué demonios he hecho para merecerme este interrogatorio en pleno vuelo, pero continúo.

—No sé si se ha dado cuenta de que yo soy el tipo de hombre que se pasó toda su vida estudiando y luego trabajando.

No tengo tiempo para novias, siempre encontraba un motivo para no dejar lo que hacía —mi voz se va haciendo más firme—.

No voy a decirle que estoy enamorado de su sobrina, porque le estaría mintiendo.

Pero estoy dejando todo lo que, con el esfuerzo de toda una vida de trabajo, logré, y créame, no es por Damián, no lo es.

—Muy bien, no diré más, solo no la haga sufrir.

Si ve que no es esa mujer que esperaba, háblele, claro —dice estrechando mi mano—.

De lo contrario, no le gustará encontrarse con mi hermano Axel, y le aseguro que solo se parece a mí en su físico.

No lo digo para que se asuste, lo digo para que se vaya preparando a enfrentarlo.

Tiene cuarenta minutos para decidir si al bajar va a ser el mejor amigo de Damián o el novio de Ellie; piénselo bien. Muchas gracias.

Acher se marcha dejándome convertido en un manojo de nervios.

¿En verdad quiero ser el novio de Ellie?

Giro la cabeza y la veo dormida, recostada al hombro de Luci, que también dormita.

Ellas en verdad se parecen, pero yo puedo diferenciarlas.

Ellie tiene su cara más redonda y los ojuelos en sus mejillas más acentuados.

Sonrío al verla estrujarse la nariz y mi corazón se acelera. Regreso rápido a mi posición al ver cómo ella abre los ojos y me mira. Salto asustado al sentirme abrazado.

—¿Me estabas extrañando, mi novio? —Ellie me abraza para luego sentarse a mi lado—. ¿Podemos hablar?

—Claro —respondo nerviosamente.

—Renart, sé que puedes considerar que soy una chica alocada, y de cierta manera lo soy, pero no estás obligado a nada —habla por primera vez con una seriedad que no le conocía—.

En verdad me gustaste cuando te vi en la pantalla; me gustas mucho.

Eso no significa que aceptes nada. En casa de Ale están mis abuelos y mi tío Axel; no tienes que aparecer ante ellos como nada mío, solo como el amigo de Damián.

—¿Te arrepentiste de ser mi novia, Ellie? ¿Se acabó el juego? —pregunto, sintiendo un nudo en la garganta.

—No, no es eso, no me malinterpretes. Quiero ser tu novia, pero no porque yo te lo haya pedido y tú me seguiste —contesta con seriedad—.

Quiero serlo si en verdad te gusto y crees que podamos enamorarnos.

Yo sé que piensan que soy todo el tiempo alocada, pero no es así; sé cuándo debo hablar en serio, y ahora es un momento de esos.

Me quedo observando a esta otra versión de mi Ellie: tan madura, tan seria y responsable, y me gusta, tanto que mi corazón salta desbocado.

En un impulso, le atrapo el rostro con ambas manos y la beso suavemente, pero profundo.

Luego, me quedo por un instante con mi frente apoyada en la de ella, sintiendo cómo una gran calma llena mi cuerpo, seguida por la felicidad.

—Ellie, hasta hace un momento estaba preguntándome, ¿qué hacía aquí? —ella abre los ojos y me mira—. Me preguntaba si estaba bien dejar todo lo que, con tanto sacrificio, me gané toda mi vida.

—¿En serio? —pregunta apenada—. Perdón, Renart, perdóname.

Le cubro los labios con los míos en un beso. Ella me responde, luego se queda mirándome fijamente, pidiendo que me deje terminar.

—La respuesta en estos momentos la acabo de encontrar —me detengo, mirándola fijamente—.

La respuesta es sí. Porque me gustas, Ellie; me gustan todas las facetas de la mujer que eres.

Sé que no has tenido experiencias amorosas; yo, a pesar de mi edad, he de confesarte que tampoco.

Soy el típico chico de libros, que te lleva muchos años.

Por ello, te voy a dejar que tú decidas.

Al bajar de este avión, seré ante tu familia lo que tú quieras, Ellie, pero yo soy tu novio; me escogiste como tal, abandoné todo por ti.

Eso quiero que te quede claro, pero no estás obligada a nada, ¿me entiendes?

Estás libre para decidir lo que quieras; seré un buen amigo si quieres, o tu amado esposo; todo depende de ti, linda.

RENART:

Volvemos a besarnos, pero ahora es diferente.

No son los besos tímidos que nos dábamos antes.

Estos son besos llenos de pasión, haciendo que Ellie me mire diferente; me abraza con fuerza, sin decir nada.

Recuesta la cabeza en mi hombro, suspirando.

Por fin llegamos; ambos nos miramos en silencio, somos casi los últimos en bajar.

Lo hacemos separados, yo con mi corazón temeroso y expectante, y Ellie, llena de dudas, libraba una batalla campal.

Es de noche cuando llegamos a Roma. Unos guardias vienen corriendo y hablan con Damián.

Veo cómo sacan a todos los prisioneros que trajeron y me asombra ver cómo se introducen debajo del campo de golf por una puerta que se abre al lado de la pista.

Acher nos indica que debemos encerrarnos en la habitación, que luego irá por nosotros, y se va corriendo también, dando voces.

Llegamos a la casa, que está muy vigilada. Ellie se prende de mi mano, tirando de mí. Sube hasta la habitación de sus abuelos, abre la puerta y entra.

—¡Llegaron! —exclama la abuela y la abraza, para luego verme—. ¿En serio te hiciste novia del hermoso francés, Ellie, y lo trajiste?

—Sí, lo enamoré y me lo traje conmigo, abuelo. No lo asustes, deja de mirarlo así. Renart, te presento a mis abuelos. Abuelos, he aquí a mi prometido, Renart —me mira.

—¡Prometido! —exclaman los dos al mismo tiempo, mientras yo la miro sin decir nada, todo nervioso.

Ellie ríe feliz, sin soltarme ni dejar de conversar con sus abuelos, que al parecer le celebran todas las cosas que ella hace.

—Es una broma, solo empezamos ahora, abuelos. No sabemos dónde nos llevará esta relación —habla con seriedad—. Cuando lo sepamos, ustedes serán los primeros en saberlo. Por ahora, ambos nos gustamos, hablamos en serio y decidiremos después. ¿De acuerdo?

Respiro profundamente y contengo las ganas de hacer un chiste que seguramente solo empeoraría la situación. El abuelo se acerca a mí.

—Esta niña le da cada susto a uno. Mucho gusto, Renart —el abuelo me estrecha la mano—. No te dejes enloquecer por ella, ¿de acuerdo?

—Creo que el aviso llegó un poco tarde, señor —logro decir en un mal italiano, haciendo reír a todos.

—Ya veo que ustedes dos se parecen mucho; quiere decir que ya te volvió loco —sigue riendo, acompañado por todos—. Pues bienvenido a la familia Lemert, muchacho. ¿Saben por casualidad qué locura es la que pasa? Axel nos pidió que no saliéramos de aquí hasta que nos avisara.