271.DAMIÁN ESTÁ DESPIERTO
LUCILA:
Todos se giran hacia la figura que aparece en el marco de la puerta detrás de la mesa: está de pie, imponentemente alto y vestido con un impecable traje negro que parece hecho a medida para intimidar a cualquiera.
Todo el ambiente cambia como por arte de magia con su sola presencia.
Nadie respira. Algunos de los guardias incluso miran al suelo, intentando ignorar el magnetismo oscuro que lo rodea.
—¡Desgraciado, nos tendiste una trampa! —gritan los tres farsantes, sacando sus armas y apuntándole.
Damián no se inmuta, porque antes de que lleguen a usarlas, son desarmados por los hombres del tío Acher.
—¿Juzgaron que es fácil ir en contra del dragón negro? —pregunta Damián, sentándose a mi lado—. Cuando ustedes dan un paso, él ha dado veinte y yo junto a él.
Hago una señal al tío Acher, que saca a los tres impostores y se los lleva sin que ellos dejen de forcejear y gritar.
—¡Señor Damián, qué alegría verlo bien! —lo saludan todos alborotados, mientras él sonríe feliz, abrazándome.
El calor de su abrazo me inunda por completo, tranquilizándome.
Aunque la expresión de Damián sea pura calma, los músculos tensos de sus brazos me dicen una verdad distinta: está furioso, más de lo que sus enemigos podrían imaginar.
Yo lo conozco, probablemente mejor que nadie, y sé de sobra lo que ocurre cuando su paciencia, esa línea delgada y casi invisible, alcanza su límite.
El murmullo de los empleados nos rodea, ansiosos por ofrecer sus saludos y asegurarse de estar del lado correcto.
Damián asiente con cortesía, como si hubiera regresado de un simple viaje de negocios, no de un coma que estuvo a punto de cobrarle la vida.
Me separo de él solo un poco, lo suficiente para mirarlo a los ojos.
—¿Estás bien? —me pregunta en un susurro.
—Nunca estuve mejor, amor —respondo, con tranquilidad.
La tensión en la sala comienza a disiparse. La tormenta que amenazaba con acabar con su fortuna la hemos interceptado.
LILIAN:
No he dormido en toda la noche. He revisado una y otra vez las grabaciones sin lograr descubrir quién es la persona que atacó a Alessandro.
Son las tres de la madrugada, las luces tenues dan en la pared, su madre dormita en una pequeña cama que mandara a colocar, y yo me quedo mirando atentamente la pared.
No lo puedo creer, un increíble mapa está dibujado en ella.
Apago las luces por completo y todo el cuarto se ilumina.
Explica paso a paso, cada trampa, cada puerta, cada lugar del mundo subterráneo.
¿Cómo no nos dimos cuenta de eso? Recuerdo entonces que siempre habíamos entrado de día, con todas las ventanas abiertas.
Me dedico a grabarlo todo con mi teléfono, pero me arrepiento y lo borro.
Esperaré por Luci, capaz de que alguien me lo robe.
Leo algo que hay escrito al lado del espejo de la cómoda, lo hago varias veces, me parece imposible que lo que dice ahí sea verdad.
Salgo despacio de la habitación, le indico a los guardias que no dejen entrar a nadie.
Voy hasta la de Alessandro, y en efecto, en el fondo del clóset, veo una caja de zapatos con objetos de cuando él era un niño.
Debajo, levanto el piso, y allí está muy bien envuelto, un antiguo libro.
Lo tomo, lo escondo dentro de mi ropa, no quiero que nadie se entere de que lo encontré.
Voy saliendo de la habitación cuando una sombra negra cruza veloz por delante de la puerta de Rufo al final del pasillo.
La sigo sigilosamente, hasta ir a dar a las habitaciones de la parte posterior, donde viven los sirvientes.
Llamo a dos guardias y les indico que me sigan en silencio.
Podemos observar cómo la sombra mira para todas partes y se introduce en una habitación.
Nos acercamos, pero no podemos escuchar nada.
Nos escondemos y esperamos; al rato la vemos salir y dirigirse de nuevo al interior, la seguimos hasta que desaparece en una de las habitaciones de la segunda planta.
—Quédense aquí y no dejen salir a nadie —les ordeno a los guardias, que asienten. Voy hasta la habitación de los padres de Alessandro y escondo el libro. Saco mi teléfono.
—¿Qué pasa, Lili? Estoy aquí en la casa ocupado —me dice enseguida.
—Creo que encontré al espía —le cuento emocionada y preocupada—. No estoy segura; ¿puedes venir un momento? Si es posible con Rufo, creo que encontré algo que te puede interesar.
—Danos unos minutos y vamos —dice y cuelga.
Me quedo en silencio, no puedo creer que sea quien creo que es.
A lo mejor estoy equivocada; mejor que lo resuelvan ellos, pienso.
No volveré a hacer nada sin consultarlo con Alessandro; está bueno ya de cometer errores.
Me digo, volviendo a mirar el enorme mapa en la pared.
Mi teléfono suena, me apresuro a tomarlo; es un número desconocido.
Salgo de la habitación, justo para ver a Alessandro, Rufo, su padre Renzo y el abuelo subiendo, sonriendo.
—¿Por qué no lo tomas, Lili? —pregunta Alessandro.
—No sé quién es, Ale, mira —le extiendo el aparato—. Es un número desconocido.
—Tómalo y ponlo en altavoz —me pide, introduciéndonos a todos en el despacho.
—Sí —contesto, colocando el teléfono en la mesa.
—Lili, soy yo, Andy. Estoy llamando a tu esposo, pero no me contesta, por eso te llamo a ti —escuchamos claramente. Miro a Alessandro, que me indica que siga hablando.
—Dime qué quieres —le pregunto.
—Necesito que nos encontremos; descubrí algo que creo le pueda interesar —sigue hablando Andy.
Alessandro me indica que diga que sí y que le pida vernos en mi departamento, frente a la biblioteca.
Hago todo lo que me dice y quedamos por encontrarnos en la tarde.
Después de despedirnos, cuelgo y me giro hacia mi esposo, sin entender.
Primero me prohibió que no lo viera ni hablara con él y ahora todo lo contrario.
—¿Para qué quieres que haga eso, Ale? —pregunto confundida.
—Porque, Lili, quiero demostrarte algo —dice sin explicar más—. Ahora, ¿dime qué descubriste? ¿Quién es el espía?
No pregunto más y me concentro en lo más urgente. Les explico que creo que la espía dentro de la casa es Melanie, la hija de la cocinera.
—¿Melanie? ¡Imposible! —exclama el abuelo.
Sé que ellos confían en ella ciegamente, pero no puedo ignorar lo que vi.
Les cuento que cuando iba saliendo de la habitación había visto una silueta de negro como la que nos atacó antes; la seguí con dos guardias.
La vi entrar en la habitación de los sirvientes, luego subió y entró en la habitación de ella; dejé a dos guardias custodiando la puerta.
—Vamos primero, enséñame cuál habitación viste que entró abajo —pide Alessandro de inmediato.
Todos nos dirigimos a la habitación que les indiqué, entramos silenciosamente, y nos quedamos asombrados al ver a Melanie, atada de manos y pies en la cama.
—¿Melanie? ¿Qué te pasó? —pregunta Alessandro, corriendo de inmediato a soltarla.