¡Ups! ¡No me equivoqué! 269. DIFERENTES PLANES
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269. DIFERENTES PLANES

LILIAN:

Parpadeo, tratando de recordar dónde lo he visto antes. Es entonces cuando me doy cuenta: esa pequeña manía, esa forma de mover el pie, es idéntica a alguien conocido.

Cierro la puerta con firmeza; creo que lo justo es asegurarme de que no haya nadie más observándome.

No puedo darme el lujo de relajarme. Respiro profundamente y regreso a la computadora con el ceño fruncido.

Si pienso en lo que acaba de pasar y en lo que acabo de ver en las cámaras, todo apunta a dos cosas: alguien nos está tratando de tender una trampa…

y puede que esté más cerca de lo que creo.

Seguí concentrada en mi investigación cuando escuché los autos entrando. Respiré aliviada al reconocer quiénes acababan de llegar. Alessandro estaba en casa; ahora podría dormir más tranquila.

DAMIÁN:

Al amanecer en mi casa en Francia, observo a Luci, que está vestida muy elegante. Sin embargo, me doy cuenta de que está muy nerviosa, así que me acerco y la abrazo.

—Todo va a estar bien, cariño, no te asustes —le digo con suavidad—. Tienes que demostrar que eres muy fuerte.

—Dami, ¿estás seguro de que estarás bien? —pregunta, girando para ponerse de pie.

—Sí, estaré afuera con Ignacio y los hombres.

Tú irás con toda tu seguridad; tu tío Acher y Renart no se separarán un instante de ti —le digo con firmeza—.

En cuanto demuestres que eres la dueña de todo, de seguro que ellos se van a molestar y saldrán furiosos.

Y será el momento justo en que los atraparemos.

Luci se abraza a mí, hundiendo su rostro en mi pecho. La estrecho muy fuerte, aspirando su dulce olor a flores que despide su limpio cabello rojo. Entonces la escucho decir en un susurro:

—Cuídate, cariño. Me muero si te pasa algo; mira cómo ya estoy roja.

—Luci, amor, no puedes estar así —le pido, viendo que es verdad—. ¿Tomaste la medicina?

—Sí, pero me conoces, cuando me asusto, me sale la alergia —dije, revisando sus brazos llenos de ronchas rojas.

En ese momento llega su hermana gemela Ellie en compañía de Renart y se abraza a ella, al tiempo que le dice que no dejará que le pase nada. Irá con Luci y no se separará de ella un instante.

—¿Puedo? —me pregunta a mí, y asiento.

—Pero Ellie, esto no es un juego —la miro muy seria—. No harás nada por tu cuenta; tu trabajo es proteger a Luci, ¿de acuerdo?

—Lo haré, cuñi. No me separaré de mi hermana —asegura, prendida del brazo de Lucila—. Pase lo que pase, me mantendré a su lado.

—Muy bien, entonces vamos —dije, tomando la mano de Luci.

La comitiva de autos se dirige al centro de París, sede de las oficinas centrales de las empresas Cavalieri.

Me doy cuenta de que Luci se ha calmado un poco; a su lado, Ellie, vestida igual a ella, le sonríe mientras se toman de la mano.

Renart va en otro auto, con nuestros hombres.

Su tío Acher las mira un poco nervioso; le preocupa, sobre todo, Ellie, porque es muy impetuosa.

—Ellie, no tienes permiso para intervenir, pase lo que pase —le dice de nuevo—. Deja que Elsie aclare todo; ella es la que sabe, no tú.

—Tío, ya mi novio me explicó todo —dice Luci, mirando por la ventana—. No haré nada; solo si mi hermana me ordena algo, lo haré.

—¿Por qué te vestiste como ella? —pregunté a Ellie.

—¡Porque soy gemela y siempre añoré hacer eso! —dice Ellie, mirando a su hermana—. ¿Te molesta, Elsie?

—No, Ellie, no me molesta. Con Lili solía hacerlo —contesta Luci—. Ahora atiende, toma, este va a ser tu trabajo en cuanto entremos. Quiero que le repartas, junto a Renart, todo esto a los presentes.

Luci le entrega una carpeta que Ellie mira sorprendida. Le pide que tenga paciencia cuando las reparta; debe regresar rápido a su lado.

—Elsie, yo no estoy de acuerdo en que nos quedemos afuera —dice Acher—. Por favor, deja que entre primero con todos los hombres y los rodee. Acuérdate de que ellos tienen armas.

Luci lo mira, luego dirige la mirada hacia mí en busca de mi aprobación. Le digo que sí con la cabeza al ver el miedo en el fondo de sus ojos.

—Está bien, tío, tú sabes mejor que yo de eso —acepta para complacencia de Acher—. Damián dijo que ellos los atraparan afuera.

—Creo que él debe ir contigo —señala Acher, muy serio—. Es el dueño; todo se soluciona enseguida si lo ven.

—Él no es el dueño, tío; soy yo —le aclara Luci.

—¿Tú? ¿Por qué? —pregunta, asombrado.

Luci le cuenta que cuando Alessandro salvó la empresa, lo puso todo a su nombre y yo no he querido que lo arregle. Acher frunce el ceño e insiste en que debería ir a la reunión con ella. No digo nada; le tomo la mano a ella diciendo que a lo mejor lo hago si es necesario.

La enorme limusina se detiene en la entrada de la empresa.

Puedo percatarme de que ya los hombres de Ignacio han reemplazado a los que habían puesto los traidores.

Luci se baja decidida, con Ellie muy seria a su lado, que la imita en todo.

Puedo escuchar las exclamaciones de los trabajadores cuando las ven, pero ellas avanzan a paso firme, con la cabeza bien alta.

Luci sonríe igual que como el abuelo la enseñó a hacer eso; tuvo el mejor maestro de todos. Toman el elevador y suben hasta la última planta. Al salir, la espera la secretaria, que la introduce en el despacho, donde ya la estoy esperando.

—Ya llegaron todos, linda —le informo enseguida—. Yo entraré si las cosas se ponen feas.

—No te preocupes, Dami —dice, viniendo a mi encuentro—. Tuve al mejor maestro para enfrentar a los buitres.

—Renart, es tu turno —le digo a mi asistente, que asiente con seriedad.

Renart sale del despacho con paso seguro, ajustándose el borde de su chaqueta.

Sé que hará un trabajo impecable; no por nada es mi hombre de confianza en las situaciones críticas.

Desde aquí, puedo escuchar el murmullo de las conversaciones tras la puerta de la sala de reuniones.

Algunas voces son más fuertes, incluso amenazantes.

Buitres, todos ellos. Quieren devorar lo que no les pertenece.

—Damián, ¿tú sabes algo más? —Luci me mira con la cabeza ladeada, expectante. Aunque intenta mostrarse tranquila, sé que dentro lleva esa tormenta que es su verdadero temperamento.

—Sé que están jugando sucio, como siempre. Han preparado trampas, discusiones para ponerte contra la espada y la pared. Pero confío en ti, linda, porque eres más inteligente de lo que ellos imaginan —respondo, suavizando mi tono al final.

Ella asiente, apretando la carpeta que Ellie le dio minutos atrás.

Sus manos tiemblan un poco, pero rápidamente se recompone, algo que no dejo de admirar.

Hace apenas unos meses, Luci habría estallado en rabia frente a algo así.

Ahora camina con la serenidad de alguien que ya entiende cómo es este mundo, aunque sigo viendo en ella la chispa de una mujer que no pertenece a él. Ni a mí, si soy sincero.

—Te conozco —murmuro, casi para mí mismo.

Antes de que pueda agregar algo más, la puerta de la sala de juntas se abre con un ruido brusco. Renart aparece al otro lado, con el rostro tenso pero controlado.

—Señorita Luci, están listos para usted —anuncia.