262. LA LLAMADA DE LILIAN
LUCILA:
Lilian me contó que había hablado con Andy y aclararon todo.
Pero, a pesar de que le dijo a Alessandro que se iba a infiltrar junto a Eva en los enemigos para obtener noticias, acababa de escuchar algo en los baños de los doctores que no le gustaba para nada; Eva estaba hablando por teléfono con alguien y le parece…
no estaba segura de lo que dijo, pero mencionó el nombre de Eira.
—¿Eira? —pregunté enseguida.
No podía creer que esa chica rara apareciera de nuevo en nuestras vidas.
No la interrumpí, seguí escuchando con atención lo que me decía.
Eira se estaba haciendo pasar por el dragón blanco y Andy la iba a ayudar a atraparla, para vengarse de que Alessandro había mandado al capo Cian a atrapar y golpear a su papá, a quien encontraron maltratando a su mamá cuando llegaron a buscarlo.
Al parecer, se les había ido la mano y por poco lo matan.
Y no escuchó bien qué fue lo que le hicieron a su mamá. Estaba muy preocupada.
—¿Escuchaste bien, Lili? —pregunté con seriedad.
—No estoy muy segura, Luci. Dijo que había estudiado junto a Alessandro y Rufino, y se reían de eso, que tuviéramos al enemigo en nuestras narices y no lo hubieran reconocido ni ellos ni nosotras—.
Eso era muy serio—. Que no hacía falta que el Pelirrojo, es decir, el tío Acher, les dijera nada, porque el dragón blanco estaba dentro de nuestra gente.
—¿Se lo dijiste a Ale? —pregunté de inmediato.
—No, todavía —la misma historia de siempre con ella—. Quiero que mires en la escuela donde estudiaron, todos los estudiantes compañeros de ellos, y si reconoces a alguien.
—Lo haré ahora mismo —dije, dirigiéndome a la habitación de las computadoras. Mi hermana nunca iba a aprender; ¿por qué no se lo había dicho a su esposo?—. Lilian, vete a contarle todo a Rufo y a Ale ahora mismo. ¿No vas a aprender nunca? No debes ocultar nada de tu esposo, ¡nada!
—¿Y si mata a Andy? —preguntó asustada.
—¡Lili! —No pude dejar de gritarle—. ¿Está tramando atraparte y te estás preocupando por lo que le haga tu esposo? ¡Vete ahora a decírselo! ¿Qué crees que te van a hacer si te atrapan? ¡Díselo ahora mismo!
—Ya voy, ya voy, no me grites —dijo, bajando la voz—. De acuerdo, investiga y yo voy a contarle todo a mi Ale, ahora mismo.
—¿Qué tienes que contarme, Lili? —escucho la voz de Alessandro—. ¿Qué me estás escondiendo de nuevo? ¿Con quién hablas aquí escondida?
—¡Ale! —saltó Lili, asustada al escucharlo—. No estoy escondida, hablo con Luci. Toma, ¿no quieres hablar con Damián?
Alessandro no respondió de inmediato. Él no necesitaba gritar para imponer su autoridad.
Esa era parte de su esencia; el verdadero poder nunca necesitaba hacer ruido.
El silencio se alargó hasta hacerse insoportable.
Yo contenía la respiración al otro lado de la línea, como si un solo chasquido pudiera desatar el caos.
Regresé al despacho para darle el teléfono a mi esposo. Ambos estuvieron hablando por largo rato. Luego, Damián me devolvió el teléfono y pude escuchar cómo hablaban ellos al otro lado de la línea:
—Acabo de hablar con Damián; despídete de Luci. Saludos de mi parte —dijo Alessandro con frialdad.
—Está bien, Luci, cuando sepas algo, dime —escuché a mi hermana decir; por el tono de voz sabía que estaba asustada—. Ahora te dejo; Ale me está esperando.
—Felicítalo de mi parte por encontrar a sus padres; que si me necesita, puedo hacer mi trabajo desde aquí —expliqué, preocupada—. Incluso puedo dirigir los drones que cuidan la casa. Dile…
—Espera —me detiene Lilian—. Toma, Ale, Luci tiene miles de órdenes para ti.
—Dime, Luci —escucho su voz gruesa enseguida.
De inmediato lo felicito por encontrar a sus padres.
Paso a explicarle que puedo hacer todo lo que acostumbro a hacer en la defensa de la casa desde aquí.
No obstante, le había dejado un mando con todas las explicaciones en la gaveta de la ropa interior en su habitación; por ahí podía controlar toda la seguridad.
—No te he dicho, Alessandro, pero mandé a instalar cuatro ametralladoras, una en cada esquina; están debajo de la tierra y se accionan cuando las prendes con el movimiento —me detuve un poco, asustada.
Al ver que no decía nada, seguí explicando—.
Tienes que advertirles a tus hombres que no pasen por ahí cuando las enciendas.
Con ellas, desde tu despacho, puedes defender la casa; lo hice para el abuelo, le enseñé a usarlas, y James también sabe.
—¿Hiciste tal cosa, Luci? —preguntó, realmente sorprendido.
No respondo de inmediato, temiendo que se moleste. Pero no dice nada; por eso le explico que debo enseñárselo personalmente. Sin embargo, si tiene la necesidad de echar a funcionar todo, que avise; lo puedo dirigir todo desde aquí.
—Lo haré, cuñadita —dijo al fin Alessandro, sin molestarse—. Y no tengas miedo mañana; mis hombres los tienen cubiertos. Atrápalos y tráemelos; lo demás es mío.
—Lo haremos, Ale; mañana mismo regresaremos con ellos —aseguré, más tranquila—. Cuida a mi hermana, no la regañes mucho. Ella es así, enséñala de a poco. ¿Sí?
—Lo haré, lo haré, no te preocupes por tu hermana. Hasta mañana, Luci —se despide Alessandro.
Me quedé mirando el teléfono un instante más después de la despedida de Alessandro.
Lo conocía lo suficiente como para saber que, aunque sonara calmado, su mente jamás descansaba.
Lejos de molestarse por mis decisiones, las aceptaba con frialdad y cálculo, pero siempre había una corriente subterránea en su tono: el control lo era todo para él.
Dejé el aparato sobre la mesa y me levanté de un salto, lista para cumplir con lo que Lilian me había pedido. Había muchas cosas que investigar, y aunque mis planes para la noche incluían dormir, sabía que no podría pegar ojo hasta tener todo listo.
Caminé hasta mi habitación y abrí las ventanas del balcón. Las luces de la Torre Eiffel titilaban a lo lejos. Esta ciudad por la noche lograba calmar mi mente… al menos un poco. La belleza de las calles empedradas, los cafés con sillas de mimbre y las luces cálidas que coloreaban la oscuridad.
Encendí las computadoras y me conecté a sistemas.
Si Andy estaba de acuerdo con Eira para raptar a mi hermana, no se lo iba a permitir.
Descubriría cada secreto de ella. Ahora que sé quién soy, sé que ella nos ha estado espiando desde niñas y eso no se lo voy a permitir.
No seré un dragón, pero sí un fénix. Y cuando se trata de defender a mi familia, nadie puede vencerme.