¡Ups! ¡No me equivoqué! 252. UN ENCUENTRO INESPERADO
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252. UN ENCUENTRO INESPERADO

LUCILA:

En la casa, me quedé mirando las pantallas de la entrada fijamente. En ellas veo reflejada una pareja de ancianos junto a una chica igual a mí, un poco más rellenita. Observo cómo mi tío Acher los abraza y los guía hasta la casa. Corro a la entrada justo a tiempo para ver cómo se bajan del coche.

—¡Oh, Santa Madonna, madre de Dios! —exclama la señora, avanzando hasta donde estoy, asombrada—. ¡Eres el vivo retrato de tu madre! Cuando Axel me lo dijo, no lo podía creer; tuve que venir a verlo con mis propios ojos.

Ella me estrecha en un abrazo, llenándome de besos, mientras las lágrimas ruedan por sus mejillas de emoción.

El viejo también se acerca y me abraza emocionado.

La chica a su lado, que parece tan alegre, es la que suelta un grito, corre hacia mí, me quita de la abuela, me levanta en peso y gira sin dejar de gritar feliz, hasta que me deposita en el suelo.

—¡Se los decía y nadie me creía, Elsie, nadie me creía! ¡Siempre dije que yo te sentía viva, lo dije! —La miro sin poder entender bien—. ¡Podía sentir tus dolores, sentía todo! Cuando te enfermabas, yo también lo hacía, sin causa aparente. ¡Se lo dije, que Elsie estaba viva! ¡VIVA!

—Ja, ja, ja, vaya —río nerviosa—. ¿Así que tú debes ser Ellie, mi hermana gemela?

Todos en la casa han salido ante el enorme alboroto de Ellie, que sigue gritando que ella lo sabía. El abuelo los manda a pasar; se sientan en la sala, mirándose felices.

—Perdón, señor Minetti, por aparecernos sin avisar —habla mi abuelo por parte de madre—, pero cuando Axel nos llamó ayer para decirnos que Elsie estaba viva, no pudimos contener la emoción.

Ellie no durmió en toda la noche; quería venir ayer mismo.

Siempre dijo que ella la sentía viva, le dolía y le picaba mucho el cuerpo.

Se sentía mal sin motivo aparente; le hacíamos de todo, y siempre decían que era psicológico.

—Ja, ja, ja, no hay problemas; hicieron bien en venir —río todavía nerviosamente, mirando a todos—. ¿Así que tengo otra nieta? Porque me van a perdonar, esta niña es mi nieta malcriada, Luci.

—Elsie, se llama Elsie —nos presenta.

—Lo sabemos, pero su papá, digo, su tío Kenet —interviene mi madre—, le puso así para cuidarla.

—¿Usted es Lara, la esposa de Kenet que ayudó a escapar a Asli? —pregunta mi abuelo materno.

—¿Cómo lo sabe, señor...? —pregunta mamá intrigada.

—Teodore, mi nombre es Teodore Lemert —se presenta mientras empuja a su esposa al frente—. Y mi esposa es Orelia Lemert. Muchas gracias por lo que hizo por nuestra hija.

—¿Qué quiere decir, abuelo? Perdón —le digo—, ¿puedo llamarlo así?

—¡Por supuesto, mi nieta! —Asiente riendo y vuelve a abrazarme—. Soy tu abuelo materno. ¡Ja, ja, ja! Nada me hace más feliz que me llames así.

—Abuelo, yo soy muy curiosa… —balbuceo bajando la cabeza.

—¡Yo también, Elsie! —exclama Ellie, que al parecer es todo lo contrario de mí, muy extrovertida—. Dale, abuelo, ¿dinos de dónde ayudó a escapar la señora Lara a nuestra mamá?

—Creo que mejor se los cuenta ella misma —dice, mirando a mi madre, que asiente.

Mamá nos mira nerviosamente. Inicia mirando a todos.

A Asli la atraparon unos enemigos de Kenet, los dragones de fuego le decían.

Y la estuvieron torturando, pero ella no sé cómo pudo escapar.

Creo que un chico, hijo del dragón de fuego, un tal Draco, la soltó con la intención de seguirla, pero ella logró escapar de él.

Nuestros esposos no estaban cuando ella llegó; le pidió que no le dijera nada a nadie y que la ayudara a esconderse.

—La llevé al aeropuerto y mandé a salir nuestro avión con ella escondida —siguió contando mamá—. Viajamos así hasta otra ciudad; de ahí yo vine en el avión y ella desapareció en el tren. Ya veo que vino para acá. Nunca dijo dónde había estado cuando regresó con Luci.

—¿Mamá, nunca le habló de mí, señora Lara? —pregunta Ellie.

—No, hija. Si yo llego a saber que vivían, al morir Kenet me hubiera ido con ustedes a Milán —asegura con un suspiro—.

Asli siempre decía que se iba a ir a vivir a un lugar donde nadie la conociera.

Era lo que pensaba hacer después de que tuviéramos ese tratamiento para Luci en Francia.

Pero murieron, no te pongas triste; si no habló de ti, fue para protegerte; ese es el mayor amor que pudo demostrar, hija.

—Lo sé, que me amaba —dice ella alegremente—. Ahora, ¿mi hermana, es verdad que estás casada?

—Sí —responde Damián, entrando al salón—. Yo soy tu cuñado, Damián Cavalieri.

—¡Guao, mi hermana, pero qué guapo es! —exclamó mi hermana sin ningún tipo de pena.

—¡Ellie! —la regaña la abuela.

—¿Por qué me regañas, abuela? —protesta Ellie sin soltarme—. Es mi cuñado y es verdad que es muy guapo. Tengo que conseguirme un francés así; no pienso vivir sin Elsie nunca más. ¡Te estás enterando, Dami! Tienes que aceptarme con ustedes.

Todos reímos ante las ocurrencias de mi hermana gemela. Ellie es en verdad muy linda, saludable y muy alegre.

—Claro que te acepto, Ellie —contesta Damián—. Tengo un amigo que puede estar muy interesado en conocerte.

—Señor Damián —interviene mi tío Acher, que se había mantenido en silencio—. Tengo entendido que Elsie va a vivir aquí; no se irá a Francia.

Le tomo la mano a mi tío asegurando que es cierto. Viviremos aquí con mi hermana Lilian y mi mamá. Puede que viajemos a Francia, pero no para quedarnos. Él no tiene familias allá.

—¡Verdad, tengo una hermana mayor! —exclama Ellie, girando la cabeza—. ¿Dónde está Leslie?

—Andan de exploradores —contestó el abuelo.

—¿Exploradores? ¿Qué significa eso? —preguntó Ellie, frunciendo el ceño y llevando las manos a la cintura. Su impaciencia e interés eran casi palpables—. ¡¿Qué están explorando?!

—Ellie, no seas así, compórtate niña —intervino mi abuela materna, intentando tranquilizar el ambiente—. Dale tiempo al tiempo. Lilian está ocupada, ya tendrás tiempo de conocerla. Mejor conoce a tu hermana gemela que está aquí.

—De acuerdo abuela —dijo Ellie, viniendo hacia mí con una sonrisa—. Mi hermanita querida, ¿por qué estás tan delgada? A no, vamos a comer, tienes que engordar un poco, para que yo no me vea tan gorda.

Damián rió por lo bajo viendo mi expresión de impotencia. Ellie era todo lo contrario a mí. Miré a mi novio que claramente estaba disfrutando de la energía incansable de mi hermana gemela.

—No mires a tu esposo —grita Ellie prendida de mi brazo—. Les diré desde ya: no subestimen mi energía, ¿entendido? Soy tan escandalosa como suena y no me va eso de esconder como soy. Así que les advierto que puedo montar uno de los mayores escándalos de mi vida.

—¿Escándalo? Perfetto. Eso encajará bien con Lilian —comentó mamá.

—¿De veras tía? —quiere saber Ellie enseguida—. Ya quiero conocerla. Llámenla para que venga. ¿A dónde fue a explorar?