¡Ups! ¡No me equivoqué! 247. AMO A ALESSANDRO NO A TI
84%

247. AMO A ALESSANDRO NO A TI

LILIAN:

Andy no dice nada; se queda en silencio mirándome con los ojos aguados. Sigo hablando con tranquilidad. Luego había pasado todo lo que ya sabe. Y en estos momentos amo a mi esposo. Estoy casada legalmente con él desde el día que interrumpí su boda.

—Pero Andy, solo hace poco que me entregué a él —dije con seriedad—. No hice nada cuando estaba contigo, no lo hice. Te lo juro, quería casarme contigo.

—¿Pero tu verdadero nombre no es Lilian? ¿Cómo puedes estar casada? —pregunta de nuevo y veo que me ha investigado.

—¿Hasta eso sabes? —suspiro sin dejar de mirarlo con tristeza—. Lo sé, Andy, soy Leslie Lemert y me casé con Alessandro; nunca te mentí. Yo soy Leslie Lemert Minetti, soy la Primera dama de la mafia italiana y esposa del dragón número uno. Soy el dragón rojo, Andy.

Abre la boca visiblemente asombrado. Parece que eso no se lo esperaba. Me mira fijamente antes de preguntar:

—¿Dejarás de ser doctora, Lilian?

—¡Jamás! —me apresuro a contestar—. Andy, si acepté hablar contigo es porque quiero que sigas con tu vida. Me han dicho que te has convertido en un excelente cirujano. Me alegro de veras por ti, pero olvídame, yo nunca volveré contigo. Mi vida es al lado de Alessandro Minetti, mi esposo.

—¿Podemos ser amigos? —pregunta en voz baja.

—Claro que sí —le tomo las manos con una sonrisa—. Trabajaremos juntos; yo no voy a dejar de ser doctora. Busca a alguien que te ame de veras, Andy.

Guardó silencio mientras soltaba un suspiro y miraba nuestras manos entrelazadas. Las retiré suavemente, mientras lo escuchaba decir que lo iba a tratar.

—De veras eres el amor de mi vida, Lilian —dijo bajando la voz—. Me arrepiento de haber sido un tonto, de no haberte tratado como te merecías, de demostrarte el gran amor que te tengo. De veras me arrepiento mucho ahora. ¿Puedes prometerme algo?

—¿Qué cosa? Si está en mis manos, lo haré —dice con recelo.

—Si un día no tienes a tu esposo, y no estoy deseando que le pase algo malo, si no por la vida que lleva —se apresuró a aclarar—. Bueno, si algún día él no está, ¿puedes pensar en mí? ¿Puedes regresar conmigo?

—No, Andy, no esperes eso. Si algún día Ale me falta, lo amaré y esperaré hasta que Dios me una con él —dije, queriendo quitarle toda esperanza—.

Así que no me esperes, Andy; no regresaré nunca más a ti.

Amaré a Alessandro Minetti hasta el día que me muera, y si existe vida después de la muerte, la viviré con él.

No dejo de mirarlo a los ojos para que se dé cuenta de que le digo la verdad, con toda la honestidad que me caracteriza.

Andy se queda en silencio sosteniéndome la mirada y sí, se convence de que le he dicho la verdad.

Me perdió para siempre. Y todo es su culpa; pudo hacerme suya hace mucho y no lo hizo.

—Gracias, Lili, por ser tan honesta conmigo; trataré de conformarme con tu amistad. Cuídate, por favor —dice con tristeza y resignación—. Lo digo en serio, cuídate mucho. Hay una loca, esa que me advertiste, que te persigue, y creo que está en combinación con Galatea, mi ex.

—¿Por qué dices eso, Andy? —me intereso de inmediato.

—Ella se apareció en nuestra casa a ver a Eva.

Debes saber que vivimos juntos como hermanos —me aclara enseguida—.

Pues bien, ella se apareció queriendo que Eva averiguara con el Pelirrojo las cosas que pasan dentro de la casa de Minetti.

Eva se negó porque a ella en verdad le gusta el Pelirrojo.

No quiere ir en contra de él en nada, ni yo tampoco. ¿Puedo ayudarte en algo?

—¿Puedes hacer que Eva le dé informaciones falsas a esa mujer y que se infiltre entre ellas? —pregunta Alessandro, entrando por la puerta justo en ese momento.

—¡Ale! —exclamo, retrocediendo un paso.

—Estaba allá afuera, Lili. Hola, Adriano —lo saluda estrechándole la mano a Andy, que se pone de pie—. Necesito que se infiltren entre ellos para saber qué están planeando. ¿Crees que lo puedan hacer tú y Eva?

—¿No correrán peligro, Ale? —intervengo asustada.

Pero Andy dice que no importa. Asegura que pueden hacerlo; si es para que yo esté segura, lo hará. De inmediato le digo que no es necesario ni obligatorio que lo haga. Por el miedo le tomo una mano que al momento suelto al ver cómo sube la ceja de Alessandro.

—Ale, podemos averiguarlo sin ponerlo en peligro —le ruego en un susurro.

—Lilian, nadie lo obliga a nada; solo le hice una pregunta —dice muy serio Alessandro, todavía sintiendo celos al ver mi preocupación por Andy—. Si lo logran, podremos saber quiénes son todos, cuáles son sus planes y eliminarlos.

—Lo haré, señor Minetti —dice con firmeza Andy, ignorando mis palabras—. Esa chica se hizo cirugía para hacerse pasar por la doctora Lilian; vino a verme y me dejó un número.

—¿Qué te propuso cuando vino? —pregunta Alessandro.

Andy cuenta que le pidió que la ayudara a hacerse pasar por mí, para cambiarse un día conmigo. Alessandro se ríe al escucharlo, diciendo que es un plan tonto. Cualquiera que me conozca puede darse cuenta de que ella es falsa, más él, que es mi esposo.

—¿Qué más te pidió? —pregunta a continuación.

—No mucho, porque yo no la dejé. Quiso convencerme de que ella era la verdadera hija de Kenet —sigue contando Andy—. Además, insistía en que Luci era hija de la señora Libia, cosa que yo sé que no es verdad. Tengo los resultados de la prueba de compatibilidad que le hicimos, Lili; ¿lo recuerdas?

—Sí, claro que sí —digo enseguida.

Luego se gira hacia Alessandro asegurando que ella nada más quiere ser la esposa de Alessandro, para apoderarse de mi fortuna, y no sabe qué más. Pero puede contactarla y decirle que acepta su plan.

—¿Estás seguro? ¿Puedo confiar en el amor que le tienes a mi esposa, que la defenderás, Adriano? —pregunta, para mi asombro, Alessandro—. ¿Sabes lo que te espera si me fallas?

—¡Ale, no lo amenaces! No estás obligado a nada, Andy —intervengo, y al momento me arrepiento por la cara que pone mi esposo.

—Lo haré, le doy mi palabra —los ojos de Andy brillan cuando asegura—. Jamás haría nada en contra de Lili, ni dejaré a nadie que lo haga. Digo, de la doctora Lilian.

Alessandro está de acuerdo y le entrega una tarjeta.

Le pide que lo llame en cuanto tenga alguna información.

Andy la toma, agradeciéndome a mí por aceptar hablar con él.

Luego se despide, diciendo que tiene una cirugía.

Lo detengo por un brazo mientras le pido que se cuide.

Al marcharse, Estefan y Humberto cierran la puerta a un movimiento de la cabeza de mi esposo, y me siento tomada de un golpe y arrastrada al baño.

—Ale... —susurro abrazándolo fuerte.

—¿No vas a aprender nunca, Lili? —dice con voz ronca.

—¿Qué hice? —me hago la inocente.

—¿Qué hiciste? ¿Me lo preguntas? ¿Cómo te atreves a defenderlo, tomarle la mano delante de mí, Lili? —me increpa molesto.

—¿Estás celoso, Ale? —lo provoco mientras lo beso.