¡Ups! ¡No me equivoqué! 246. CONVERSACIÓN SINCERA
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246. CONVERSACIÓN SINCERA

LILIAN:

Miro fijamente a Andy, diciéndole que los voy a necesitar.

Pero no sabe qué dragón fue el que le habló de mí.

Tiene una idea, pero no está seguro. Cree que fue una mujer que estaba muy malherida.

A ella y a otro se los llevaron a los pocos días de llegar.

Ella decía en sus sueños muchas cosas; cree que así fue que se enteró su papá de todo.

—¿Ese que se llevaron tenía un dragón negro por casualidad, o ella? —pregunté de nuevo.

—No, no había ningún dragón negro —contesta con los ojos entrecerrados—. Aunque sí los oí hablar del dragón negro. Le decían "el uno" y buscaban no sé qué llaves.

—Está bien, sigue. ¿Qué pasó después? —le pido queriendo saber todo.

Su papá, después, se enteró de que yo era la heredera de mi enorme fortuna. Su papá lo mandó a que me vigilara, a hacerse amigo mío y a que se ganara mi confianza.

—¿Qué pasó con esos dragones? —lo interrumpo.

Levanta los hombros diciendo que no lo sabe.

Una vez escuchó que se los habían entregado a los dragones verdaderos.

Había uno que lo vio como dos veces hablando con su papá y cree que fue quien se los llevó.

Su padre, después de eso, fue que lo llamó y le enseñó una foto mía.

Tenía una idea de dónde estaba yo, pero no sabía exactamente el lugar.

—¿Cómo me encontraste? —pregunto de nuevo.

—Te vi en una conferencia en la escuela, cuando entraste. Llevaba ya un año buscándote —contestó con sinceridad.

—¿Cómo supiste que era yo? —inquiero.

Confiesa que en realidad no lo sabía. Estaba cansado de la insistencia de su papá y le dijo que me había encontrado. Luego supo que en verdad era a quien buscaba. Yo misma le había contado que mi padre se llamaba Kenet Lemert. Lo miro con incredulidad; yo me había puesto en peligro.

—Hice que confiaras en mí, Lili, lo hice.

Fue cuando dejé de mirarte como una chica tonta que hacía todo lo que le pedía y empecé a gustarme —ahora su mirada desborda amor—.

Papá no me mandó a enamorarte; yo lo hice solo, Lili.

Me enamoré de ti. Y empecé a decirle a él que me había equivocado, que no eras tú.

Todo el tiempo le estuve diciendo que no eras tú, que se habían equivocado, que no tenías ningún tatuaje en tu espalda.

—¿En serio nunca viste mi tatuaje en la espalda? —pregunto ahora tratando de entender.

Niega con la cabeza, diciendo que nunca me desnudé delante de él. Pero, aunque tuviera ese tatuaje, aunque sea hija de un mafioso, asegura que no le importa porque me ama.

—Quiero vivir el resto de mi vida contigo.

Por favor, Lili, olvida todo, casémonos y vámonos a vivir muy lejos de toda esta locura —me ruega, tratando de tomar mis manos, pero me alejo—.

No tienes que reclamar esa fortuna; tengo mucho dinero para vivir bien el resto de nuestras vidas donde quieras.

Podemos hacer un pequeño hospital para ejercer los dos.

Nos llevaremos a tu familia; las querré como si fueran la mía, me haré cargo de Luci.

Retrocedo, evitando que me tome las manos, poniendo distancia entre los dos mientras le digo que lo siento. No puedo aceptar nada de eso, es demasiado tarde. Luego me acordé de algo que me tiene intrigada.

—¿Sabías que Galatea y Eva me habían hecho la trampa de mandarme a la boda de Minetti? —pregunto con seriedad.

—No, no, Lili, no lo sabía, te lo juro —dice de inmediato—. Me enteré después de que intentaron matarte. Amenacé a Eva con un arma y me lo contó todo. Tampoco sé quién te disparó, Lili.

—Te creo —le contesto con sinceridad y le confieso—. Fui yo quien me disparé, Andy. Traté de suicidarme al ver que un tal Demon, un mafioso horrible, me iba a atrapar para hacerme su mujer.

—¿¡Tú, Lili, cómo pudiste hacer eso!? —grita Andy, mirándome con incredulidad.

Lo miro sintiendo un calor en mi pecho. No puedo negar que verlo así tan asustado por mi seguridad me hace recordar el tiempo en que lo amaba con todas mis fuerzas, o eso creí. Sonrío con tristeza, vuelvo a sentarme mientras le contesto.

—Me conoces; me aterré, Andy, me aterré —le explico ahora, comprendiendo la locura que cometí—. No pensé ni un segundo que Alessandro ya estaba afuera de la puerta para salvarme.

Ahora es él quien se queda mirándome con incredulidad al escuchar que Alessandro me había encontrado muy rápido y había ido por mí. Puedo ver la tristeza y certeza en su mirada mientras le digo:

—Sí, Ale me ama de verdad. No confié en su amor por mí esa vez, por eso hice eso.

Y yo también lo amo a él, Andy; lo amo a él —aseguro viendo el dolor en su mirada, por eso decido ser sincera—.

No quiero engañarte, te quise mucho y aún lo hago, pero el verdadero amor lo conocí con Alessandro Minetti. Y no solo eso, mira mi cabeza.

Me abro el cabello para dejar ver un tatuaje en la base de la parte posterior de mi cabeza.

Me pregunta qué significa. Me enderezo para mirarlo a los ojos mientras le explico que estaba prometida a Alessandro Minetti desde que nací.

Aunque me hubiese casado con él cuando cumpliera mis veinticinco años, mamá me hubiera dado el testamento de mi padre, y yo lo iba a cumplir.

—Lo sabes, te dejaría y me casaría con él.

Es algo que no entiendes, quizás, pero así es; yo no hubiera dejado de cumplir la voluntad de mi padre —aseguro con firmeza—.

Como puedes ver, lo nuestro no estaba destinado a ser, no íbamos a poder permanecer juntos.

¿Me entiendes? Te cuento esto porque, aunque no lo creas, yo sigo confiando en ti, Andy.

Y lo seguiré haciendo, a pesar de que ahora sé que no te portaste bien conmigo, yo no puedo cambiar la manera que soy.

—¿En serio confías todavía en mí así, Lili? —pregunta asombrado.

—Sí, lo hago —insisto.

—¿No existe ninguna posibilidad de nosotros volver a estar juntos? —la interroga, esperanzado por el abrazo que ella le diera.

Niego con la cabeza. Le aseguro que, aun sin que existiera esa voluntad que dejó mi padre y todo este lío de la mafia, yo me enamoré de Alessandro en cuanto lo vi. Es verdad que en un inicio no me di cuenta de cuando pasó, pero así fue.

—El día que me casé con Alessandro Minetti, cuando bailé con él y me tuvo en sus brazos, sentí lo que jamás tú me hiciste sentir, y quise ser su esposa desde ese momento —seguí hablando con el corazón en la mano—.

No te engañé, Andy. Quiero que eso quede claro.

Con él tenía un contrato de matrimonio por tres años; luego me divorciaría y me casaría contigo.

Ese era mi plan, pero me enamoré perdidamente de él.