238. CONTINUACIÓN
ADELINA:
Florencia asiente mientras da un sorbo a su té. Asegura que Rodrigo y Franco se enteraron de todo. No tienen pruebas; a ellos se lo contaron otros mafiosos que también la perseguían por orden de no saben quién. Pero esos hombres de Minetti la encontraron y rescataron en menos de un día.
—Son muy buenos y, como les dije, nadie los conoce. Dicen que los tiene infiltrados en todos los grupos de la mafia —aclara Florencia.
—Bueno —intervengo—, lo importante es que no pudo presentarla como su esposa. Y no creo que el matrimonio de ellos sea válido, como dijiste, Keyli. Si es verdad que ella no se llama así, cuando se casaron en mi boda, no lo hicieron de verdad.
—Es verdad. Ella y la que dice que es su hermana son las dobles que buscó nuestro padre para suplantarnos —responde Keyli.
Otra vez Florencia la mira con desconfianza, ella no cree eso que acaba de decir y yo tampoco.
Asegura que estudió junto a ellas; las conoce desde niñas.
Ellas dos estaban en el orfanato que su papá apadrinaba, y él se acuerda muy bien.
A ellas las dejó su madre cuando se divorció de su papá, en venganza, porque se las quitó.
No hablaban ni italiano, según él. Luego, un día, el amigo de su papá lo llamó que necesitaba dos niñas pelirrojas, una de ocho años y otra de tres.
Y fue cuando adoptó a Keily sola y dejaron a Minerva de siete.
—A la infeliz de Denis la encontraron en otro orfanato con esa rara enfermedad, para hacerse pasar por la menor, por Elsie —la miré con sorpresa, todo eso no lo sabía.
—¿Qué tiene que ver eso? —pregunta molesta Keyli.
—Que ahora estás reclamando que eres la verdadera hija de Kenet, que eres Leslie Lemert. Eso yo no me lo creo —dijo Florencia con firmeza.
—¿Florencia, acaso conociste a mi papá? —La enfrentó Keyli, fría.
Se hace un silencio en que todos miramos a Florencia, que niega con la cabeza.
Pero asegura que sí sabe que el padre de ellas no era Kenet.
Su papá se lo confirmó hoy antes de venir, le había preguntado.
Ellas dos son hijas de aquel enemigo de la familia Lemert en Escocia, y que es el que está detrás de todo esto.
Su papá no se acuerda de su nombre, él fue quien encontró a Minerva en el orfanato y demostró que era su papá.
—Lo que no le dijo dónde estabas tú, porque lo hubieran asesinado los dragones. Y ese es el principal motivo de que ahora tú estés en contra de Minetti —aseguró Florencia—. Tu papá se quiere vengar de ellos porque te adoptaron para suplantar a Leslie Lemert, que corrieras tú todo el peligro.
—¿De dónde sacas esa locura? —vocifera ahora Minerva molesta.
—¿No se lo has contado a ella? —pregunta Florencia algo divertida—.
Minerva, todo lo que digo es verdad. A ti te casaron con el ruso Yura para ir en contra de Minetti, y te pusieron a adueñarte de la empresa de Damián.
Cuando vieron que no pudieron engañar al viejo Minetti, y mucho menos a Alessandro, querían que hicieras muchos convenios con nuestra empresa para luego hacer que los rompiéramos; querían debilitar a los Minetti.
Loreta suelta una gran carcajada diciendo que todas son unas estúpidas preguntando si no saben que lo que se le sobra a Minetti es dinero.
Asegura que no son millonarios por ser mafiosos; ellos lo son desde siempre.
Eran dueños de casi Italia entera. Minetti regala el dinero a manos llenas; si lo sabría ella, que le daba todo el dinero que le pedía sin preguntarle ni nunca protestar por la cantidad.
Esas empresas que tiene son su entretenimiento y fachada.
—Eso que dice Loreta es verdad —está de acuerdo Florencia—. Aunque Keyli, ahora que Damián está en coma, ¿por qué no recobras tu identidad como esposa de Damián? Así podrían adueñarse de todo.
—¿Qué quieres decir? —Se interesa de inmediato ella.
—Damián, el esposo de tu falsa hermana que murió, está en coma, pero según tengo entendido ella se casó en tu lugar —sigue explicando Florencia—.
Si vas y demuestras que tú eres Lesie Lemert, que te será muy fácil.
Puedes ir a reclamar todas sus propiedades, aunque él se las haya dejado a Celia en su testamento.
No ha muerto, y tú, como su esposa legal, puedes quitarle todo a Minetti.
—No me interesa eso, yo prefiero seguir con mi plan —dice para sorpresa de todos.
—Keyli, a papá le puede interesar ese plan —le dice Minerva que se ha mantenido en silencio a su lado.
—¡No te atrevas a decírselo! —Le grita furiosa—. ¡Yo suplantaré a Lilian, tomaré lo que me pertenece!
—¡Un momento Keyli! —intervengo de inmediato al escucharla—. Habíamos dejado ese punto claro. Yo seré la esposa de Minetti, no tú. Podrás coger el cargo de los dragones y todo lo demás, pero Alessandro será mi esposo. Yo seré la primera dama.
—Sí, sí, a eso es a lo que me refiero, Adelina —dice Keyli aguantando su molestia—, a mí lo que me interesa es el poder de los dragones, gobernaré junto a papá.
—¿Y dónde nos deja eso a nosotras? —pregunta Florencia.
Guardo silencio viendo a todas estas mujeres que están aquí por sus propios intereses.
Por eso le aclaro que mi padre me prometió que si me ayudaba, sería su socio en todo.
Y las empresas de papá son enormes. Ella me recuerda que están en bancarrota.
La miro molesta y le contesto que las sacaremos adelante con el dinero de Minetti, y les dejaremos todo el mercado europeo, nosotros solo nos dedicaremos al abastecimiento.
—¿Y yo? ¿Qué voy a ganar yo? —pregunta Loreta.
—Tu querida, sabemos que lo que te interesa es el dinero, no Minetti —le contesto con desprecio—. Te daremos entre todas una buena cantidad para que hagas esa cadena de club de sexo que quieres, serás la dueña de ese imperio. Oh, llegó Galatea.
Todas giramos la cabeza para ver llegar a Galatea, muy elegantemente vestida.
Y que se acerca siguiendo a la sirvienta.
Saluda con arrogancia diciendo que llegó tarde porque tuvo que esperar por el capo Cian.
Minetti lo había llamado en el último momento, para que le hiciera una visita al padre de Adriano.
—No sé qué diablos quería saber, por poco lo mata. ¿Puedo tener un vaso de agua? —Pide y se sienta.
—Sí, la sirvienta te lo traerá en un momento —contesto, haciéndole una indicación a la sirvienta, que se encuentra de pie junto a otra más vieja, en la puerta.
—Bueno, ya estamos todas. Ahora vamos al grano, tengo cosas que hacer más importantes, que estar aquí —señala Keyli.
—Deja que tome agua y nos diga que logró averiguar de los hombres de Minetti, como quieres saber Keyli —digo no dejando que tome el mando.
—Bueno —empieza a hablar Galatea en lo que toma su agua—. Cian, no suelta nada, cada vez que le pregunto algo, se queda mirándome y luego me da un castigo por curiosa. Por lo que he averiguado, lo que escucho a escondidas que nos es mucho.
—¿Y qué averiguaste si se puede saber? ¿Algún buen secreto de Minetti? —quiero saber molesta, se demoró y ahora nos sale con eso.