235. NUEVOS RETOS
LILIAN:
Mamá y yo miramos asombradas y sin comprender. Luego a mi hermana que seguía concentrada en su tablet como si no hubiera lanzado una bomba.
—Yo también quiero saber —dice mamá al ver que ella no aclaraba nada.
—No tenemos tiempo —intervino Alessandro—. La versión corta es que los pelirrojos Axel, Acher y la mamá de Luci, son trillizos. Ahora vamos, que ella les cuente todo lo demás.
Y sin explicar nada más, se da la vuelta para encontrarse a Miguel junto a Humberto y Estefan que cargan unas mochilas. Mira a Rufo al verlo, este asiente porque tampoco quiere separarse de él.
—Migue, tú no te separes de mí —le dice separándolo de Estefan porque no le gusta la complicidad que se tienen ellos.
—Ale, vamos a estudiar el mapa que hice —les pido, luego llamó a mi madre—. Mamá, mira el dibujo que me hacía papá en el piso de la cocina, ¿le falta algo?
—Hija, ese dibujo está en una de las fotos que le di a Ale, en el cofre pequeño. Junto a otras de no sé qué —dijo ella mirando a mi esposo—. Tienes que levantar el fondo, hijo.
Alessandro la mira, Rufo va al despacho y aparece con el cofre. Mamá levanta sin dificultad el fondo en ella. Dentro, además de las fotos, está una indicación que dice que deben ir a buscar al banco primero lo que está guardado en la caja de seguridad, con el anillo del dragón rojo y negro.
—¿Qué anillos, mamá? —preguntó intrigada.
—Espera hija, olvidé dártelo —se aleja rumbo a la habitación seguida por mí. Al llegar me mira muy seria y preocupada—. ¿Estás bien, hija? ¿No te maltrató mucho?
—No mamá, Ale me ama mucho —me apresuro a aclarar—. Hablamos todo y nos arreglamos. Tienes razón en lo que me dijiste mamá.
Mamá no dice nada, me abraza muy fuerte. Al separarse me dice con una gran sonrisa que se alegra mucho por mí.
—Ale te adora, verás que vas a ser muy feliz —asegura mientras comienza a buscar en una gaveta—. Lo pude ver reflejado en su rostro, cuando entró contigo en sus brazos, y me pidió que te hiciera tu desayuno favorito.
—¿Él fue quien te lo pidió? —La miro con incredulidad y un suave calor en mi pecho.
Asiente sin dejar de buscar. Aunque asegura que ya lo tenía listo con todo lo demás. Esta vida es muy peligrosa, me aconseja que haga exactamente todo lo que me indiquen ellos que son los que saben.
—Toma, tu padre había mandado a hacer uno para ti, deja ver —me pone un anillo de oro en la mano—. Sí, te queda bien. Tienes mis mismas medidas en los dedos. Lo mandó a hacer por mí. Disculpa hija, debí hablarte de todo esto antes.
—Ya está bien mamá, ahora se nos hace tarde —la abrazo fuerte—. Un beso y cuídense, no salgan de la casa ni dejen entrar a nadie.
La gran comitiva salimos rumbo a la sede de los dragones. Sin saber que en un auto escondido entre los arbustos, que sale despacio hasta la carretera, se encuentran Eva y Andy vigilándonos.
ANDREA:
—¿La viste Andy? Iba muy feliz con su esposo, así que deja de imaginar que la maltrata o que está obligada —me dice Eva—. A pesar de todo lo que le hiciste, ella todavía te considera buena persona. Por eso te avisó de esa loca, dale vamos.
—No sé qué pensar Eva, ¿y si finge con él que es feliz? —pregunto mirando como se alejan los autos—. Tenía los ojos rojos como si hubiese llorado.
—Andy, sé que quieres tener una esperanza, pero si hay algo que tú y yo sabemos es que Lilian, no sabe fingir, ¡no sabe!
—dice con firmeza—. Vamos, no quiero llegar tarde.
Tienes que superarla, ella está bien con Minetti, es el lugar más seguro para ella.
Contigo estará en peligro, no importa donde vayan.
—Puede que tengas razón, vamos —acepto con un suspiro.
—¡Espera! ¿Quiénes son esos que están allá? —me pregunta señalando otros autos—. Escóndete Andy que no nos vean.
Nos agachamos sin dejar de observar cómo varios hombres bajan de los autos armados y rodean la amplia cerca hasta perderse de vista. Eva saca su teléfono y llama a Acher.
—Doctora estoy ocupado —dice enseguida.
—Pelirrojo, iba pasando por delante de la casa de Minetti y vi alrededor de diez hombres vestidos de camuflaje bordeando la cerca del lado izquierdo, creo que los van a atacar, iban armados —le explica de inmediato.
—Vete de ahí, gracias. Yo me encargo —responde Acher.
—Dale Andy, vámonos. ¿Y todavía crees que tú puedes proteger a Lili? —nos alejamos a toda velocidad.
LUCILA:
Veo como el tío Acher corre hacia mí. En estos momentos junto a Damián me encuentro probando el sistema general. Lo miro sin entender que lo trae tan agitado.
—Sobrina, activa todo, nos van a atacar —me dice con urgencia.
—¿Qué quieres decir Acher? —pregunta Damián.
—Lo que digo —dice mirando alrededor—. Me avisaron que diez hombres fuertemente armados están rodeando la cerca izquierda.
—¿La izquierda? —pregunto y enseguida activo las cámaras de esa área. En efecto, los veo hablando entre ellos—. Vamos a jugar al gato y al ratón.
—Conozco a uno de ellos —dice el tío Acher—. Es Mateo, deben querer rescatar a sus mujeres.
Lo miro todavía sin entender, pensé que ya las habían liberado. El tío me dice que Alessandro dio la orden de dejarlas prisioneras. Y no puede decirme dónde están cuando le pregunto.
—Haz lo que vayas a hacer —me ordena de pronto—. Yo tengo que ir a avisar al abuelo y James.
—Dami, ven, vamos a jugar a ver quién caza más malos —lo invito emocionada porque voy a probar todo lo que compré—. Toma ese mando, es como un videojuego. Le lanzaremos mallas eléctricas para atraparlos.
—¿En serio? ¿Con qué? —quiere saber Damián mirando lo que le doy.
Me río y señalo a dos preciosos drones que trajeron ayer. Los iba a probar con los conejos, pero ya que ellos vinieron no lo puedo desperdiciar. Damián me mira diciendo que cree que se me está yendo la mano comprando cosas militares.
—Alessandro me dio una tarjeta sin límites y me dijo que comprara todo lo que yo quisiera —digo mientras subo las escaleras.
—¿Y por qué no quieres la que te di? —pregunta enseguida.
—Ahora no cariño, vamos a cazar conejos —lo detengo, porque si lo dejo no me dejará en paz.