¡Ups! ¡No me equivoqué! 230. LA RENDICIÓN
78%

230. LA RENDICIÓN

LILIAN:

Guardo silencio al escuchar las preguntas de mi madre. ¿Cómo se enteró de todo eso? De seguro fue Migue; no le pregunto porque sé que no me va a decir.

—Lili, lo que yo veo es que no quieres reconocer quién eres.

Te niegas a aceptar que ya no eres Lilian Caleri Pagani —sigue hablando mamá—.

Esa chica nunca existió, Lilian. Eres Leslie Lemert Minetti, el dragón rojo, con una enorme responsabilidad sobre tus hombros. ¿Cuál fue el objetivo en tu vida, hija?

—Curar a Luci —respondo de inmediato—. Y hacerme una excelente doctora e investigadora para salvar a muchos.

—Ahora que eres millonaria, Leslie, ahora que tienes todo el poder del mundo para hacerlo, ¿por qué no te enfocas en eso? —pregunta mamá con severidad.

—Mamá, no es eso… —trato de justificarme.

—¿Y qué es, Leslie? ¿Qué es? Trabajaste como una esclava para un hombre que te usó, que no te dio nunca tu lugar, y lo obedecías ciegamente.

Ahora que tienes uno que te respeta, siendo un hombre del bajo mundo, acostumbrado a tomar a las mujeres que quiere sin preguntar ni pedir permiso, te ha dado tu lugar —no digo nada; mamá nunca me había hablado así—.

Sin embargo, a ti te ha respetado, te ha mimado, te ha hecho una reina, ¿y cómo le pagas?

¡Ensuciando su nombre por el mundo entero!

¿Crees que eso es justo, Leslie? ¿En serio consideras que Alessandro se merece eso que le hiciste por una tonta duda que tuvo?

¡Es un hombre, Leslie! Claro que tenía que tener dudas ante esa situación.

Suelto el aire sin poder decir nada. Sé que mi madre tiene razón en todo lo que dice. Ni yo misma sé por qué hice tantas locuras. Y ahora tampoco sé cómo arreglar las cosas con Alessandro. No quiero perderlo.

—¿Qué hago, mamá? —pregunto sin aguantar mi llanto. No quiero renunciar a ser Lilian. Algo dentro de mí se revela ante ese hecho.

—Deja de llorar, que no vas a arreglar nada con eso —dice con severidad—. ¿Qué te pidió Alessandro que hicieras?

—Me dejó aquí, me dijo que si salía por esa puerta, era como si estuviera saliendo de su vida para siempre.

Tendría que marcharme junto a ustedes y que jamás iba a volver a verlo —le cuento, llorando aún más al sentir un gran dolor en mi pecho, con la sola idea de alejarme de mi Ale—.

Dijo que dejaría de ser el uno, para que yo fuera de otro, mamá.

Incluso, llegó a decirme que me fuera con Andy, a no sé qué isla del Pacífico que tiene para esconderse conmigo.

No entiendo nada, mamá, nada más quise avisarle a Andy que esa Lesie era peligrosa, no quise molestarlo así.

Luego agarró y se fue sin mirar para atrás, dejándome la llave por si me quería ir.

—¿Llamaste a Andy escondida de Alessandro? ¿Por qué? —pregunta alarmada mamá—. Sí, él mismo fue el que te dijo que Andy estaba en el edificio. ¿Por qué no le preguntaste si podías avisarle de quién era Lesie? ¿Por qué te escondiste para llamar?

—¡No lo sé, mamá, no lo sé! —contesté desesperada—. Pensé que Ale no me iba a dejar; se pondría celoso.

Mamá no dice nada; guarda silencio unos minutos en los que la escucho respirar agitada. Al parecer, ella ve lo mismo que Alessandro, lo que yo no.

—Leslie, tienes que confiar en tu esposo —dice al fin—. ¿Y qué quiere a cambio si no sales de ahí?

—No lo sé, que confíe en él, pero ya lo hago. Confío en él más que en mí —aseguro de corazón.

—No, Leslie, no confías en tu esposo —me asombro al escuchar que mi madre me dice eso.

—¡Sí lo hago! —aseguro de nuevo.

Mamá no contesta de inmediato; me conoce. Luego se pone a explicarme que Alessandro no me está pidiendo eso. Él quiere que someta mi voluntad a la suya, que lo obedezca en todo, que no haga nada sin consultar con él, como ella hacía yo con papá.

—Lili, tienes que hacerlo porque, como yo, tú tampoco sabes de esta vida.

De la única manera que vas a sobrevivir, y nosotras contigo, es que tú dejes que Alessandro te dirija, te enseñe, que olvides eso de hacerlo todo tú sola —me aconseja mamá—.

Ya no estás sola; tienes un hombre dispuesto a todo por ti y que desde que nació está metido en ese mundo.

¿Crees que vas a saber más que tu esposo, hija?

—Claro que no, mamá —de eso estoy segura—. ¿Qué me aconsejas que haga?

—Siempre fuiste así de rebelde desde que naciste.

Por eso esta es una decisión que tienes que asumir; si realmente amas a tu esposo y no quieres perderlo, tienes que tomarla tú —se niega a decirme qué hacer—.

Yo puedo aconsejarte, pero exclusivamente tú puedes hacerlo.

¿Estás dispuesta a hacer todo lo que tu esposo te haga?

¿Estás segura de que dejarás que él maneje tu vida, que le entregarás tu voluntad?

Al no contestar, ella me aconseja que lo piense bien, porque una vez que lo acepte, deberé cumplir con cada una de las reglas que me imponga Alessandro.

Si considero que lo voy a hacer bien, esta vez sin escapar, sin dejarme llevar por los impulsos, sintiendo que yo no me mando, que es mi esposo quien lo hace.

Y estar consciente de que la más pequeña cosa la tengo que consultar con él, entonces aceptaré.

—Pero Lili, si crees que puedes depender de él así, entonces llámalo, acepta todo, Leslie, y sé feliz por fin —suspira antes de decir—. Pero si no puedes, ven; recogeremos todo y nos iremos a Escocia.

—Gracias, mamá, lo pensaré muy bien —digo al escuchar todo lo que me dijo.

—No salgas de esa habitación hasta que decidas qué quieres, Leslie, por favor. Hazlo por mí, promételo —insiste mamá.

—Te lo prometo, mamá; duerme tranquila —me apresuro a decir—. Si salgo de aquí, iré a buscarte a ti y a Luci.

—Buenas noches, hija, y que Dios te ilumine —se despide ella.

—Buenas noches, mamá. Y gracias por todo —cierro el teléfono y me siento en el piso, con la espalda apoyada en la puerta.

Gracias a que mamá llamó, me digo. No cometí la mayor locura de todas, salir de esta habitación.

¿Qué le iba a explicar a Ale? Nada de lo que hice tiene explicación.

Es verdad lo que dice mamá; antes, con el poco dinero que tenía, trataba de ayudar a todos los necesitados que podía.

Ahora que tengo más dinero del que jamás gastaré, que tengo el poder y el apoyo de un gran hombre, ¿qué es lo que estoy haciendo, Lilian?