¡Ups! ¡No me equivoqué! 229. LOS CONSEJOS DE MAMÁ
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229. LOS CONSEJOS DE MAMÁ

LUCILA:

Rodé los ojos, pero no dije nada más. Sabía perfectamente que no valía la pena discutir con mi madre cuando estaba en uno de sus momentos de angustia y drama familiar.

En cambio, volví la vista hacia Damián, que empezaba a vislumbrar a lo que se enfrentaba.

Parecía como quien descubre un pozo interminable, pero, en lugar de huir, decide entrar de cabeza.

—Le prometo que amo a su hija, señora Libia, la haré feliz —dijo con solemnidad—. Y para que esté tranquila, viviré aquí con ustedes.

—¿Aquí? ¿Y tus cosas, hijo? —preguntó preocupada.

—Las trasladaré todas para aquí —contestó con normalidad—. Alessandro me dijo que me va a ayudar.

—¡Oh, hijo, gracias, muchas gracias! Tienen mi bendición —exclamó mamá, tomando sus manos—. Pero hay una cosa que tienen que prometerme.

—Lo que sea, mi suegra —Damián sonrió feliz de que ella lo aceptara.

—Quiero que realicen una hermosa boda —exigió, y para mi vergüenza e incredulidad, prosiguió—: nada de aquello hasta ese día.

Damián soltó una carcajada, tan rojo como yo, que me tapé el rostro con ambas manos. Levanta la mano y promete solemnemente que no lo haremos hasta que nos casemos. Mamá sonríe al ver que acepta todas las condiciones.

—Muchas gracias, mi suegra —Damián estaba radiante—. Aunque si voy a seguir durmiendo con ella, la respetaré como hasta ahora.

—Gracias, mamá, muchas gracias —la abracé emocionada—. Ahora vamos a dormir; Lili cenó bien, así que deja que duerma y reflexione.

—Sí, vamos —acepta por fin—. ¿No crees que deberías poner a alguien a vigilar que no se escape?

Me detengo enseguida. No había pensado en eso; mamá y yo conocemos demasiado a mi hermana. No creo que se quede allá abajo mucho tiempo, así que es mejor prevenir; ella es demasiado impulsiva. Al escucharme decir que voy a llamar a mi tío, me pregunta de inmediato quién es.

—Después te cuento; ahora deja arreglar lo de Lili —le digo mientras los busco con mi mirada.

—¿Sabes algo de eso, hijo? —le pregunta a Damián.

—Mejor espere a que ella le cuente, mi suegra; yo no domino bien la historia —contesta él mientras me observa.

—Sí, es mejor así —mamá suspira—. Hasta mañana, hijo; voy a acostarme. Estoy muy agotada con todo esto de Lili.

Damián me ve alejarme y me sigue con la mirada.

Frunce el ceño al ver que es mi tío Acher quien ha venido corriendo; me levanta en sus brazos y gira conmigo feliz, mientras me besa riendo.

Aunque ya sabe que es mi tío, no deja de sentir una pequeña punzada en su pecho.

Después hablo un momento y regreso feliz, y me lanzo en sus brazos y lo lleno de besos.

—No te pongas celoso —le pido con cariño—. Son mis tíos; nunca los tuve. Soy tan feliz, amor; vamos a dormir.

LILIAN:

Mientras, en el sótano, me he cansado de llorar.

Me tiro en la cama y me hago un ovillo. Recuerdo una y otra vez las palabras de Alessandro, y cada vez más, encuentro que tiene razón.

¿En qué estaba pensando cuando hacía todas aquellas cosas?

Llegué a ver a los hombres de mi esposo como mis hermanos; como mismo me desvestía delante de mis compañeros en el hospital, lo hice delante de ellos sin pensarlo.

Nunca sentí que hacía nada malo; Humberto me regañaba mucho por ello.

Al final, solo entraban él y Estefan a mi habitación cuando había que despertarme, o Migue.

No les hice caso cuando me pidieron montones de veces que durmiera con un juego de pijamas, por si había que salir corriendo.

Me empeñé en usar los camisones transparentes, con diminutas bragas, como le gustaban a mi Ale.

Tampoco estuve de acuerdo en que bailara en aquellos clubes, a pesar de ponerme una máscara.

Me reconocieron, y ahora mi Ale tiene que pasar vergüenza por mí.

Lilian, no te mereces a un hombre como ese.

Menos mal que no le contaron cuando el tipo aquel en el club me arrastró borracho y casi me desnudó delante de todos; me besuqueó y toqueteó. ¿O sí? Dijo que lo sabía todo.

Por poco los matan por tratar de salvarme; Humberto salió muy herido y Migue también.

De seguro, Rufo ya debe haber descubierto la cicatriz en su espalda.

Es verdad, jamás me detuve a pensar que los ponía a todos en peligro; jamás lo hice.

¿Qué era eso que quería demostrar? ¿Por qué hice todo aquello?

¿Qué tengo que hacer ahora para que Alessandro me perdone?

Pienso, pienso y pienso, hasta que tomo una decisión.

Me levanto y, decidida, me dirijo a la puerta.

Me levanto decidida a ir a buscar a Alessandro para explicarle que no quise hacerle daño.

Pero me detengo ante la puerta. Salto asustada al escuchar el timbre de mi teléfono.

Lo tomo al darme cuenta de que es mi mamá.

—Dime, mamá —hablo tratando de que no se dé cuenta de que he llorado.

—Me voy a acostar, Lili. ¿Quieres que te lleve algo? —pregunta, y puedo escuchar la preocupación en su voz.

—No, mamá, duerme tranquila, estoy bien —le contesto sentándome de nuevo.

—Lili, hija mía, yo sé que todo es mi culpa, que no debí casarme con tu padre —comienza a decir—. Te juro que no sabía que era un mafioso, y mucho menos que iba a dejar esa vida por ti.

—No, mamá, no es tu culpa —me apresuro a decir.

—Sí, lo es, hija, lo es —insiste en decir—. Debí traerte con el abuelo; debí decirte quién eras para que hubieras crecido sabiéndolo, aprendiendo a vivir con esta verdad.

Estoy de acuerdo con ella. Si me lo hubiera dicho desde niña, no hubiéramos pasado tanto trabajo y yo hubiera tenido conciencia de que no era una simple y tonta chica, que iba por la vida creyendo que todo el mundo es bueno y tal vez ahora no sería así.

—Eso no quiere decir que te culpe de nada, mamá, de nada —le aseguro enseguida.

—Sé que no lo haces, hija —dijo al fin—. Pero es mi responsabilidad que ahora te comportes así.

—No, no, mamá —vuelvo a decirle—. Tú no tienes nada que ver en esto, soy yo, soy yo…

Mamá guardó silencio unos instantes y, cuando comienza a hablar, lo hace con suma seriedad.

Asegura que sabe que este cambio de vida es difícil de asimilar.

La verdad de saber quién realmente soy, todo lo que me ha sucedido.

El engaño de Andy, el rapto, la persecución de ese horrible hombre, Demon, el miedo que tuve que pasar, me llevaron al extremo de pegarme un tiro en la cabeza.

—Incluso hasta casarte como lo hiciste; tienes que tomarlo como una enseñanza, hija —sigue aconsejándome—.

No obstante, Lili, ¿no te das cuenta de que, en medio de toda esta terrible realidad, has encontrado justo al hombre que te puede salvar?

No solo eso, Lili, que te ama y tú lo amas como a nadie en el mundo.

—Mamá…

—Escúchame, hija, por una vez en tu vida.

Es la única ocasión que te voy a decir esto.

La vida es muy corta, más de lo que nos imaginamos.

Vamos por ella pensando que tenemos todo el tiempo del mundo, y no es así, querida.

Un buen día te despiertas, como yo, y lo has perdido todo; ¡todo, Lili!

—Es la primera vez que mi madre me habla así—.

¿Estás segura de que quieres seguir desperdiciando tu vida por no querer escuchar a las personas que te amamos?

¿A tu esposo? ¿Alguna vez te enseñé a hacer esas locuras? ¿A desnudarte delante de todos?