228. LA NUEVA FAMILIA
ALESSANDRO:
Todos se apresuran a mostrarme que habían encontrado dos bombas. Una debajo de la cama del abuelo y otra debajo de la mía. Las puso un hombre que entró detrás de Loreta y Florencia disfrazado de guardia de seguridad. Pudieron verlo con claridad en un video de seguridad.
—Deja que lo vea —le pido de inmediato.
Luci me muestra la imagen; se ve cómo entra después de que aquellas se introducen al despacho. Se dirige sigilosamente a la habitación, saca una bomba con un teléfono y la coloca debajo de la cama; a continuación, se ve claro que al salir coge hacia la derecha, rumbo a la escalera.
—¿Luci, no dijo que había mirado debajo de mi cama y no vio nada? —pregunto todavía con recelo.
—Estaba dentro del colchón, jefe; se activa con el peso —se apresuró a explicar Humberto.
—Pero Lili se acostó en esa cama y no pasó nada —recordé eso de cuando llegamos.
Humberto me explica que de seguro la bomba estaba programada para un mayor peso. Tenía que acostarme yo también. Pero mi cuñada me dice que Lilian no se acostó cuando llegó. Estuvo con ella todo el tiempo.
—Cierto, fue en la granja del abuelo —dije de inmediato—. ¿Qué hacemos, Humberto, Pelirrojo?
—No la podemos desactivar; lo más sabio es sacar el colchón. Es peligroso, pero no nos queda de otra. Retírense, lo haremos Humberto y yo —responde el Pelirrojo.
—¡No! —grita Luci, haciendo que todas las miradas se dirijan a ella—. Tío Axel, te acabo de encontrar; por favor, deja que lo haga otro, no quiero perderte.
Ella corre y se abraza del Pelirrojo. Este la estrecha fuerte contra su pecho, sonriendo feliz, ante los ojos de Damián, que no dice nada porque ya Luci le contó toda la historia.
—¡Sácala de aquí, Pelirrojo! —le ordeno de inmediato.
Pero el Pelirrojo se separa de Lucila, le da un beso en la frente. Con mucho cariño le explica que es un especialista en bombas. No quiero que nadie muera y le asegura que todo estará bien.
—Ve con tu esposo y espérame; te doy mi palabra de que no me pasará nada —promete al ver que ella aún no quiere irse.
—Vamos, cariño —le pide Damián, tomándola de los brazos del Pelirrojo—. Él tiene razón; deja que haga su trabajo.
—¿No podemos hacerlo de otra manera, con mi pequeño robot, por ejemplo? —pregunta Luci ansiosamente.
—¿Cómo va a bajar las escaleras? —pregunta Axel—. Vamos, sobrina; te aseguro que no pasará nada. Se activa con el peso; si no recibe eso, podemos llevarla lejos de la casa.
—Vete con ella, Pelirrojo. Nosotros lo hacemos —le ordena Humberto—. Todo este tiempo éramos Estefan y yo los que lo hacíamos. Vamos, márchense todos.
Hago que todos salgan. Al poco rato lo hacen Humberto y Estefan, con el colchón que llevan bien lejos de la casa, donde neutralizan las bombas. Todos vuelven al interior de la casa. La señora Libia se acerca a mí.
—Ale, hijo. ¿Qué hiciste con Lili? —pregunta con preocupación.
—Nada, mi suegra; ella está allá abajo en el sótano —respondí con la verdad—. No está encerrada; puede ir a comprobarlo si desea, ella les puede abrir.
—¿Qué fue lo que hizo esta vez, hijo? —inquiere de nuevo.
—Mejor que no lo sepa, mi suegra —me niego a decir—. Solo conversé con ella. Lo que sigue es su decisión, no mía. Ah, tiene su teléfono; la puede llamar también.
LUCILA:
Observo cómo se aleja mi cuñado con sus hombres después de escuchar la conversación que tuvo con mi madre. Busco con la mirada al Pelirrojo, que me sonríe y se acerca.
—Hoy es demasiado tarde; Acher y yo vendremos mañana a conocerte mejor. ¿De acuerdo? —me dice acariciando mi cabeza—. Tu hermana Ellie estará feliz de saber que no falleciste.
—¿Ella está bien? —pregunto enseguida.
Aunque averigüé que tengo una hermana gemela, no puedo encontrar nada de ella en internet. Así que tengo miedo de que sea enfermiza como yo. Respiro aliviada al escuchar que está muy saludable y que es más gruesa que yo. Por eso mi otro tío Acher siente esa fijación conmigo.
—Mi hermano me dijo que te había querido como a Ellie desde que te vio, y yo también —sigue diciendo con una sonrisa—. Aunque creí que era porque me la recordabas. Mamá y papá se pondrán felices; no creo que reciban una felicidad mayor que esta.
—¿Me querrán a mí y a Lili? —pregunto con temor.
—A ellos lo que les sobra es amor para dos nietas más —responde sonriendo—. Ve ahora, mira a Damián cómo te mira; es muy celoso, ese esposo tuyo.
Me río al girar la cabeza y ver a Damián mirando a mi tío Axel con cara de pocos amigos. Me quiere solo para él; tengo que ir a contentarlo.
—Hasta mañana, tío Axel —me despido enseguida.
—Hasta mañana, sobrina, y recuerda llamarnos si nos necesitas —me recuerda de inmediato—. Tienes mi número personal.
—Lo sé —vuelvo a abrazarlo y besarlo.
Luego corro hacia Damián, que me estrecha muy fuerte, y vamos al encuentro de mi mamá, que está delante de la puerta del sótano sin hacer nada.
—¿Mamá, qué haces? —le pregunto.
Mamá, al verme, suelta un gran suspiro. Luego me explica que Alessandro le dijo que Lilian estaba allá abajo. La llamó para que le abra y le dijo que estaba bien, que iba a dormir allí.
—Déjala, mamá; Lili necesita recapacitar —le pido, tomando su brazo—. No sabes las locuras que cometió en ese viaje; ni yo, que soy su hermana, la creí capaz de hacer todo lo que hizo.
—¿Más graves que eso de escapar sola? —preguntó mamá, dejándose llevar.
—Peor, mamá, mucho peor —tiro de ella alejándola de la puerta—. Es un milagro que Ale la haya aceptado de nuevo; otro hombre no creo que lo hubiera hecho. Estoy por pensar que el tiro que se dio la volvió más loca de lo que siempre fue.
—Me estás asustando, Luci —dice mamá, girando de nuevo hacia el sótano.
Tiro de ella, asegurando que en estos momentos ese sótano es el lugar más seguro para mi hermana. Me mira con incredulidad, me acerco a su oído y le susurro que hay una enorme recompensa para quien la agarre.
—¡Oh, Santa Madonna, madre de Dios! —exclama, persignándose—.
¿Qué pasa con esta niña? ¿A quién salió así?
No para de darme sustos; me voy a enfermar si sigue así.
Ya casi ni duermo pensando en la próxima locura que hará.
Damián, hijo, ¿dime que quieres a Luci de verdad, que no la vas a hacer sufrir ni abandonar?
Con una hija que me haga sufrir, es más que suficiente.