¡Ups! ¡No me equivoqué! 223. FIRME DECISIÓN
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223. FIRME DECISIÓN

ANDY:

Desde que regresé a Roma, estoy realmente empeñado en convertirme en un gran cirujano.

Trabajo sin cesar y, en realidad, he avanzado mucho.

Ahora soy reconocido por todos; soy yo quien hace extenuantes horas extras.

Acompañaba a Eva a la clínica de maternidad, con la esperanza de ver a Lilian aunque sea de lejos.

Pero no he tenido suerte, y Lilian nunca más ha vuelto a contestar su viejo teléfono; al parecer, ya esa línea no funciona.

Cuando me enteré de que se iba a casar, llamé a la señora Libia, que, para mi suerte, mantenía el mismo número de teléfono, y le dejé un recado para encontrarnos.

Ella me llamó para decirme que Lili había aceptado encontrarse conmigo.

Luego pasó lo del asalto días antes de la boda, y Lilian había desaparecido; eran las exactas palabras de su exsuegra.

Y le creí, por la desesperación que escuché en su voz.

¿Dónde se habrá metido Lili? ¿Quiénes habrían asaltado la casa?

¿Le pasaría algo de nuevo y por eso la tenían escondida?

Eva se había cansado de preguntarle al Pelirrojo, y lo único que consiguió fue saber que andaba de viaje.

Pero no lo creí, Minetti estaba en Roma; lo veía a cada rato cuando, en su auto, pasaba horas vigilando la empresa, con la esperanza de ver a Lili.

Visité la tienda de Migueliño, pero me encontré con que la había vendido y nadie sabía dónde vivía ahora.

Los amigos de Lilian ni siquiera quisieron saludarme, así que me quedé sin pistas.

Ya había encontrado un excelente lugar para donde pensaba escapar con ella: una pequeña isla en medio del Pacífico, con muy pocos habitantes que estarían encantados de que yo hiciera una clínica allá.

Al menos los primeros años, hasta que todos se olvidaran de nosotros y pudiéramos irnos a una gran metrópoli en América. No pensaba regresar a Europa jamás.

Un día estaba tirado en el sofá de mi apartamento, pasando los canales de la televisión, cuando una noticia llamó mi atención.

Hablaba de las carreras clandestinas en las noches y ponían un fragmento donde se veía a una mujer.

Me senté de golpe; aunque la imagen estaba borrosa, podía reconocer a mi Lili, y al lado estaba Migueliño.

¿Qué hacía mi Lili en ese país? Contraté a unos conocidos que se movían en el bajo mundo allá y les mandé a que la raptaran.

Esa era mi oportunidad: la raptaría y la escondería.

Todos los días me daban el parte de lo que hacía Lilian, pero el cuerpo élite que la acompañaba era más que bueno. No la dejaban desprotegida ni un solo día, hasta que ella salió sola en Mallorca. Pero, en vez de ellos atraparla, lo hicieron otros que contrabandeaban con mujeres.

Casi me volví loco cuando leí los mensajes al salir de una extensa cirugía.

Estuve a punto de avisarle a Minetti, justo en ese momento me llegó otro mensaje diciendo que ella había sido rescatada por su cuerpo élite.

Pero que ahora, todo el mundo sabía que ella era la esposa del dragón negro y la heredera del dragón rojo, que se dedicaba a correr en las noches en autos.

Y había apuestas para ver quién la capturaba primero.

—¿Qué haces, Andy? —me pregunta Eva, entrando en el apartamento—. Estás muy misterioso estos días.

—Nada, Eva, nada —contesto molesto.

—Te traigo una noticia que sé que te va a alegrar: acabo de ver llegar a Lilian —me dice con una gran sonrisa.

—¿Qué? ¿De veras? —Eso es una gran noticia.

—Sí, iba pasando por su casa cuando llegó la comitiva; la vi muy bien en el auto descapotable junto a Minetti —contesta con alegría.

—¡Gracias a Dios que está bien! —es en lo único que pienso.

—¿Por qué dices así? ¿Qué hiciste, Andy? —pregunta mirándome fijamente.

Niego con la cabeza, diciendo que ella no tiene que saber todo lo que hago. Estoy feliz de que Lilian haya regresado a Roma bien. La vuelvo a interrogar si está segura de que era ella. Asiente mientras se sienta frente a mí.

—Sí. También quiero decirte otra cosa —sigue hablando con seriedad—. Después de que salí del trabajo, fui un momento a la biblioteca; ¿no me dijiste que Lilian tiene un apartamento en ese edificio del frente?

—Sí, ¿por qué? —pregunto receloso.

—No estoy segura, Andy. Cuando estaba en la biblioteca, donde me senté, se veía el edificio y me pareció que la doble de Lilian estaba en la cafetería de ese edificio donde me dijiste que vive ella —me cuenta con los ojos entrecerrados.

—¿Estás segura? —inquiero de nuevo.

Levanta los hombros, diciendo que no estaba segura porque estaba muy lejos y no podía ver bien. Luego me pongo de pie y la invito a dar una vuelta. Quiero ir a asegurarme de algo.

—¿Adónde? —pregunta con desgana—. Estoy cansada; hoy parece que le dio por parir a todas las mujeres. Hice unos cuantos partos.

—Lili me dio una llave de ese apartamento. ¿Vamos? —la invito de nuevo—. Hasta nos podemos quedar allá si quieres; estoy seguro de que ella hoy no va a ir.

—¿En serio tienes una llave del apartamento de Lilian? —pregunta incrédula.

—Me la dio ella misma antes del simposio —le contesto con un suspiro—. Si llego a saber que iba a pasar todo aquello, no hubiera ido; le hubiera contado primero todo a Lili.

Mientras se pone de pie, me dice que ese fue mi error; debí decírselo desde el principio, decirle quién era y que mi papá me obligaba a ese compromiso con Galatea.

Está segura de que Lilian se hubiera sentido especial de que el príncipe abandonara a su familia por ella.

Y la hubiera ayudado a pagar el tratamiento de Luci. Fui realmente malo con ella, asegura.

Guardo silencio porque tiene razón. El problema fue que me vine a dar cuenta muy tarde de que en verdad me gustaba Lili, de que quería más que su dinero.

Y había creado una costumbre de tratarla mal desde el inicio, cuando la encontraba tonta e insignificante, y pensé que ella jamás me iba a dejar.

Todos los días me hacía el firme propósito de decirle cosas lindas, de regalarle algo, de ayudarla.

Luego los chicos me llamaban y volvía a abusar de ella.

—De nada vale quejarse ahora. Aunque, Andy, creo que perdiste a Lilian con Minetti —añade—. Ella iba abrazada a él y se lo comía a besos. No te lo digo para hacerte sentir mal. Sabes muy bien que ella solo hace eso con las personas que ama. Y la imagen que daban era la de una pareja feliz.

—¿De veras crees que no tengo ninguna esperanza con ella? —insisto.

—Creo que no, Andy —contesta sinceramente—.

Además, el Pelirrojo me dijo que ella y Minetti están casados de verdad.

Se casaron el día que la mandamos a la iglesia.

Minetti la agarró, la obligó a casarse con él y se la llevó a vivir a su casa.

Fue el día que no la encontrabas en el hospital; ese fue el día de la boda, Andy.

—¿Ese? Ahora recuerdo haber visto a Minetti aparecer en el hospital al otro día, en la consulta de Luci —digo pensativo—. Y Lili se puso muy nerviosa cuando lo vio y no quería que la abrazara ni la besara. ¿Era por eso, ya era su esposa?