¡Ups! ¡No me equivoqué! 221. LA CONVERSACIÓN CON AXEL
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221. LA CONVERSACIÓN CON AXEL

ALESSANDRO:

No le pregunté nada, tomé una chupada de mi tabaco dejando que el humo saliera despacio mientras miraba a Axel delante de mí.

No podía entender la historia de su hermana trilliza; se casó en Escocia con el hermano de mi difunto esposo, luego vino de regreso huyendo embarazada.

Tuvo gemelas y abandonó una. Todo era muy extraño.

Axel siguió diciendo que su hermana quería que cuando su hija menor Elsie se sanara, o al menos cuando lograra que Kasian le diera el dinero suficiente para ella poder atenderla bien, esconderse con sus dos hijas, para que no fueran objeto contra Kasian de los mafiosos.

Estaba realmente aterrada y nunca le dijo que fue lo que vio o le pasó, que se puso así, pero se imagina que nada bueno.

—Ella tenía muchas marcas en el cuerpo, como si la hubieran torturado, o si la golpearan repetidamente —continuó diciendo—.

Por mucho que le pregunté se negó a decirme, diciendo que si lo hacía, yo iba a ir a buscar venganza y lo hubiera hecho de verdad, jefe.

Me contuve, en espera de ver si hablaba con Kasian.

—¿Kasian la golpeaba? —Hice esa pregunta buscando una explicación.

—Ella me aseguró que no, que Kasian nunca le había puesto una mano encima, que habían sido otros —aclaró Axel—. Pero no me dijo quienes, murió sin decírmelo.

—¿En serio? —Esta historia se ponía cada vez más enredada.

Guardamos silencio unos momentos. Luego siguió contando de que su hermana les había prohibido decirle a Kasian y a Kenet de la otra hija, la que se quedó con ellos: Ellie.

Les hizo jurar eso, y sus padres cuando les contó la verdad, la inscribieron como hija de ellos lo que la convirtió en su hermana.

—Jamás ella volvió a visitarnos, nunca trajo a Kasian a conocer a mis padres.

Cuando murieron, nos llamaron porque la policía vio que era italiana, yo fui a buscar a mi hermana y a su niña, la reconocí en la morgue —su voz tembló un poco—.

Pero Kenet no me las dio, la enterró junto a Kasian en Escocia.

Tampoco me quiso dar a la niña Elsie. Me prometió que dejaría que la visitáramos y hasta que la lleváramos a conocer a mis padres.

Yo acepté, porque en verdad la niña necesitaba especial cuidado y él era millonario con unas enormes farmacéuticas.

Me prometió que la criaría con su esposa como si fuera suya, luego pasó lo del accidente de avión.

—Ya veo, todo es más claro ahora —dije uniendo las piezas de todo lo que conocía de esa historia—. ¿Entonces, no saben nada de Lucila?

Se quedó mirándome fijamente visiblemente confundido. Negó con la cabeza mientras apretaba las manos, un gesto que solía hacer cuando estaba nervioso y que muy pocos conocían.

—Ese es el principal motivo, aparte de contarle todo, que me trajo aquí, jefe —levantó la cabeza para mirarme—. Hace un rato, ella me abrazó, me dijo Axel, que es mi verdadero nombre, que ni siquiera usted lo sabía, nos dio las gracias por haberla encontrado y estar junto a ella. ¿Quién es Lucila?

Sabía que había llegado el momento de decir la verdad. No era mi historia pero estaba involucrado y él era mi hombre de confianza que había sufrido mucho por mí encerrado por tantos años en esa catacumba. Así que tomé una decisión.

—Mi amigo, la familia de Kenet, no murió en ese accidente de avión. Mi suegra es la esposa de Kenet, mi esposa Lilian es su hija mayor y Lucila, tu sobrina —abrió los ojos asombrado—. Es un genio de las computadoras que ya debe saberlo todo, por eso te dijo eso.

—¡Eso no puede ser cierto, yo mismo fui a verificarlo en la morgue cuando lo del accidente! —Dijo poniéndose de pie.

—No hay dudas Pelirrojo, yo lo comprobé todo —aseguré con firmeza—. Lucila es la hija de Kasian con tu hermana Asli, y por lo que veo, tu sobrina. Además, la señora Libia, o mejor dicho, Lara, que es como tú la debes de conocer, nos lo contó todo.

—¡Dios bendito, eso…, eso…, es un milagro señor, un milagro! ¡Mis padres se van a poner muy felices, y Ellie ni hablar! —exclamó poniéndose de pie llevando sus manos a la cabeza—. ¿Puedo verla ahora, jefe?

Me puse de pie y fui a su encuentro. Podía ver que en verdad estaba consternado ante el descubrimiento. Yo lo estaría también, pero me gustaba que al fin se reencontraran.

—Espera Pelirrojo, hay cosas que quiero que me expliques antes —lo detuve al ver que iba a ir en busca de ella—. Sobre todo, ese tatuaje que tienen en la cabeza ustedes. ¿Quién se los hizo? ¿Sabes qué significa?

—¿Se refiere al de la base de la cabeza? —preguntó enseguida intrigado.

—Sí, tengo uno parecido a ese y Rufino también —expliqué enseguida viendo su mirada de asombro.

—Jefe, mis padres me dijeron cuando le pregunté, que ellos habían aceptado que perteneciéramos a una organización secreta, que ayudaría a salvar el mundo —lo miré sin esperar esa respuesta—.

Se supone que escogieron a niños con un adn específico, para ser compañeros del UNO.

Luego tengo entendido que ellos murieron, y nadie más los contactó.

Esa era una información que no conocía. Quiere decir que mis padres estuvieron reclutando bebés apenas nacían de mi edad para que fueran mis compañeros en esta lucha que ellos mismos crearon.

—¿Mis padres conocían a los tuyos? —pregunté para confirmar mis sospechas.

—¿Qué quiere decir, jefe? —Era claro que él estaba perdido como yo en esta historia.

—Pelirrojo, ¿nunca supiste que yo estaba destinado a ser el dragón negro? —pregunté mirándolo fijamente.

—¿Usted es el dragón negro jefe, el Uno? ¿En serio? —Estaba visiblemente asombrado, lo que me dijo que no mentía, no lo sabía por haber estado encerrado todo este tiempo.

Me apreté en el ceño buscando respuestas en mi mente. Todo estaba coordinado, era una sola historia que convergían en mí. Todos ellos habían sido marcados desde su nacimiento con un único destino. Servirme a mí.

—¿Qué te preguntaban los que te tenían prisionero? —pregunté buscando respuestas—. ¿Los viste alguna vez?

Entrecerró los ojos ahora más concentrado.

Ya me había dicho que siempre portaban máscaras.

Nunca le vieron sus caras, además, yo mismo comprobé que aquello estaba muy oscuro.

Querían que les dijera todas las contraseñas de la casa, los lugares donde yo y el cuerpo élite se escondían, y todo lo relacionado con la seguridad.

—Pero nunca les dije nada, se lo juro —y le creía—. No importa lo que me hicieron, usted es mi amigo, no solo mi jefe. Prefería morir antes de traicionarlo. Y mis hombres tampoco hablaron, le doy mi palabra.

—Te creo, mi amigo, en todo este tiempo no hubo una sola falla de seguridad. Gracias por eso —y lo decía con sinceridad, confíaba en él—. ¿Nunca vieron si llevaban un tatuaje de dragón en su mano derecha?