¡Ups! ¡No me equivoqué! 220. LA HISTORIA DE LOS GEMELOS
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220. LA HISTORIA DE LOS GEMELOS

ALESSANDRO:

Me alejo respirando aliviado porque estaba a punto de gritarle algo que probablemente me haría arrepentir más tarde.

Entro en el despacho, donde veo a uno de mis hombres de confianza.

Su rostro está desencajado, lo que hace que mi corazón se hunda de inmediato al ver cómo se pone de rodillas ante mí.

—¿Qué es lo que pasa, Pelirrojo? —pregunto de inmediato—. Lo que sea, no necesitas hacer eso. Ponte de pie, es una orden.

—Antes de hacerlo, jefe, quiero pedirle perdón —insiste, manteniendo su procesión de rodillas.

—Ya sé lo que vienes a decirme, vamos, ponte de pie —insisto, mientras me siento detrás de mi buró—, pero escucharé tu historia.

El Pelirrojo lo hace, se pone de pie delante de mí. Lo miro mientras enciendo un tabaco y le indico que tome asiento con la mano.

—Empieza por el principio —le pido con calma—. ¿Sabías quién era yo cuando me conociste y me ayudaste aquella noche?

—No, se lo juro, mi capo, no tenía ni la menor idea de quiénes eran ustedes. Conocía a aquellos maleantes que los estaban atacando y los defendí porque ellos a cada rato nos hacían a mi hermano y a mí lo mismo —jura de inmediato, y puedo ver que es verdad.

—Te creo, ahora cuéntame todo, no te interrumpiré —le pido, soltando una bocanada de humo, deseando aclarar todo.

El gemelo se endereza e inicia su historia.

Es trillizo, el mayor de los tres. Su hermano Acher y su hermana Asli, que falleció en un accidente, son los otros dos.

Mis padres eran originarios de una pequeña villa perteneciente a Ullapul en Escocia.

Su poblado fue fundado por un antepasado suyo, eso que me dijo su hermano de que tomaron el apellido Lemert de allá era cierto.

—Ya veo, ¿ustedes nacieron allá o aquí? —pregunté interesado.

—Aquí, jefe, eso también es verdad —contesta enseguida—. Mis padres emigraron cuando eran jóvenes. Desde que vinieron, vivimos en Milano. Ahí nacimos nosotros, que somos sus únicos hijos.

—Un momento, tu hermano mencionó a una hermanita menor —lo detengo, no queriendo que se escape nada.

Axel no se inmuta y me pide que lo deje contar toda la historia sin interrumpirlo.

Su papá los había mandado a estudiar a Escocia porque quería que adquirieran las costumbres de allá.

Él era muy loco, y un día se metió a golpes con unos chicos ricos.

Su hermano Acher fue en su ayuda y los metieron presos a los dos.

Allí fue cuando conoció a Kasian Lemert.

Era también un loco, y enseguida se hicieron amigos y hasta decían que eran hermanos por lo del apellido Lemert.

Su hermana, que se había acabado de graduar de abogada, era la que intentaba sacarlos.

Tenían solo veintitantos años, jóvenes, pobres, en una ciudad donde no tenían ningún contacto; no podían hacer mucho por ellos.

Y fue cuando Kasian mandó a su hermana a hablar con su hermano Kenet Lemert.

—Ya veo —la vida es en verdad extraña, pienso—. ¿Qué pasó después? ¿Qué relaciones tenían con Kenet?

—Ninguna, jefe. Papá nos mandó a buscar, vinimos mi hermano y yo, Asli se quedó porque debía todavía hacer una pasantía —explica con tranquilidad—.

Le hice jurar a Kasian que la cuidaría, y lo hizo, señor, se enamoró de ella y se casó.

Nunca más lo vi; la que regresó fue mi hermana, al poco tiempo embarazada.

—¿Ella tuvo a su hija en Milano? ¿No estuvo Kasian en el parto? —esta historia me resulta cada vez más interesante.

Niega con la cabeza. Su hermana Asli había venido sola porque Kasian iba a hacer, no sé qué, con su hermano mayor Kenet, que lo había puesto a trabajar con él. Se estaba esmerando porque quería arreglarse con sus padres. Y también porque ya iba a ser padre.

—Fue la historia que ella dijo; sin embargo, la conocía muy bien y sabía que había algo más.

Mi hermana Asli llegó con pocos meses de embarazo, vomitaba mucho y estaba muy mal —siguió contando con tristeza—.

La ingresaron, y luego de mucho pedirle que me dijera qué era lo que realmente pasaba, me confesó que se había enterado de que ellos eran unos mafiosos y que había venido huyendo.

Se detiene un momento mientras yo sigo fumando mi tabaco, engranando los hechos de su historia con las cosas que me contó mi suegra de la familia de su esposo Kenet.

—Me dijo que Kasian no sabía dónde ella estaba.

Esa fue la primera vez que lo supe, jefe —aseguró con un suspiro—.

Ya para ese entonces lo había conocido a usted y comenzado a trabajar en sus cosas.

No le mencioné a mi hermano ni a mi familia porque pretendía dejarlos afuera de toda esta vida. Usted tampoco preguntó detalles.

—Cierto, prefiero que se sepa poco de la vida de ustedes —no dije que los investigaba a todos—. ¿Cómo encontró Kasian a tu hermana?

—Ella regresó con él a la semana de parir porque una de las gemelas tenía una rara enfermedad y estaba muy grave; no parecía que iba a sobrevivir —ahora entiendo lo sucedido—.

Debían hacerle, no sé qué tipo de operación o tratamiento, se necesitaba mucho dinero para atenderla, y no teníamos.

¿Recuerda que le pedí un préstamo al inicio de trabajar para usted?

Fue para que mi hermana se fuera a Escocia con Kasian, que sí podía pagar todo lo que hiciera falta.

—¿Gemelas? ¿Luci es gemela? —pregunto y veo cómo levanta la mirada confundido ante mi pregunta.

Axel no responde de inmediato, pero no me decido a decir nada más por si me equivoco. Es una sospecha que tengo por las informaciones que me dieron mis hombres.

—¿Qué quiere decir con eso, jefe? La niña de mi hermana murió en un accidente de avión, después de que Asli y Kasian murieran en un accidente de auto.

Murieron todos: Kenet, su esposa, su hija y mi sobrina.

Eso lo averigüé muy bien —asegura, y veo que, como mi abuelo, también creyó en ese accidente de avión—.

En cuanto a mi otra sobrina, es esa que le mencionó mi hermano Acher.

Ella no estaba enferma, y Asli la dejó con mis padres; ni siquiera Kasian sabía que era suya.

Guardo silencio procesando todo lo que me ha dicho. Axel, desde que lo conocí de joven, ha sido sincero conmigo. Me siento culpable por no haber reconocido a su gemelo Acher. Tampoco los investigué a fondo, solo sabía que me eran fieles toda su familia.

—¿Por qué tu hermana hizo eso? —pregunté con curiosidad.