211. LA LLEGADA A CASA
ALESSANDRO:
Hemos hecho el recorrido desviándonos para no aterrizar en el aeropuerto principal, sino en uno que tiene la granja del abuelo.
Al llegar, me da tremenda satisfacción ver a mis hombres esperándome, con los autos que les pedí.
Los saludo efusivamente; ellos también se alegran de ver al cuerpo élite principal.
—¿Qué hacemos aquí, Ale? —pregunta Lili.
—Tenemos que verificar algunas cosas, Lili —respondo de inmediato—. Es temprano, quiero reunirme con mis hombres. Necesitamos trazar una estrategia para acabar con todos esos enemigos que nos persiguen.
—¿Me necesitas? —pregunta, y enseguida me aclara—: Quiero darme un buen baño, desayunar y dormir un rato. ¿Puedo?
—Sí, cariño, cuando termine te llamo —contesto de inmediato, aliviado de que me deje a solas con mis hombres.
—¿Avisaste a todos en la casa? —pregunta antes de alejarse.
—Hablé con el abuelo y me dijo que todo está tranquilo —le digo para que se tranquilice—. Iremos cuando terminemos. Descansa, amor.
La veo entrar en la casa en compañía de Miguel y perderse rumbo a las habitaciones. Me giro hacia mis hombres y les hago señas de que me sigan. Bajamos todos al sótano, a nuestra guarida principal.
—Humberto, dime todo —le ordeno de inmediato—. ¿Qué es eso que averiguaste del Pelirrojo y su hermano gemelo?
—Marino —se dirige a mi segundo jefe de seguridad—, dale todo lo que recopilaste de ellos.
—Jefe, no sé si esto es cierto, porque la persona que me lo dijo no es muy confiable —comienza a hablar Marino—. Pero hay una realidad que se puede comprobar.
—Vamos, chicos, no me hagan leer. Digan lo que sea —les pido. Quiero acabar y dirigirme a mi casa.
—Dámelo a mí, Ale —me pide Rufo y se lo doy—. Vaya, esto sí es una sorpresa que puede ser buena o no.
Me quedo esperando que termine de leer todo mientras me dejo caer en una silla. Me siento realmente cansado. Me cuenta que los gemelos pelirrojos no son familia de Lilian, pero sí de Lucila. Lo miro sin comprender. Al parecer, por lo que dicen los informes, ellos no son gemelos.
—¿No? Pero si son idénticos —digo sin entender.
—Eran trillizos, jefe —me dice Humberto.
—¡Trillizos! —eso es una gran sorpresa—. ¿Y qué pasó con el otro?
—La otra —dice Rufo—. Por lo que dice aquí, la otra era la mamá de Luci. Al parecer, después de su muerte fue que emigraron.
Le arrebato el informe de sus manos mientras trato de entender a esta familia de pelirrojos. Los considero uno de los mejores hombres que tengo y ahora descubro esto.
—Acher me dijo que habían venido antes de que ellos nacieran —le cuento mientras leo el informe—. Y yo conocí al Pelirrojo cuando éramos muy jóvenes. ¿Te acuerdas, Rufo? ¿Cuántos años teníamos?
—Creo que como veintitantos —contesta, también sorprendido de que no supiéramos eso.
—Ahí es donde está la contradicción, jefe —interviene Marino—.
Unos dicen que ellos nacieron todos aquí y que fueron a estudiar a Escocia.
Otros, que vinieron después de la muerte de la mamá de Lucila.
Pero lo más importante es que los abuelos maternos de la señorita Lucila viven en Milán.
Pudimos averiguar que tienen también una hermanita más o menos de la edad de ella; se le parece mucho, jefe. Mire esta foto, es linda la niña.
Las fotos se reparten por la mesa, dejando que todos las veamos. Tiene razón: la joven que veo en la foto es casi la copia de mi cuñada, pero es muy saludable. Nada que ver con Lucila, tan delgada y enfermiza.
—¿En serio son la familia materna de Lucila? —pregunto intrigado—. ¿Y por qué nunca la buscaron?
—La dieron por muerta, como todos —responde Marino.
Eso a mí no me convence. Esta historia está un poco enredada y tenemos que aclarar todo muy bien antes de seguir trabajando con ellos.
Nosotros investigamos muy bien a todos nuestros hombres antes de aceptarlos.
Y con ellos nunca supimos que eran gemelos, al punto de que uno desapareció y vino el otro sin que nos diéramos cuenta. Eso es muy peligroso.
—Pero yo le dije a Acher que eran Lemert, cuando me dijo que ese era su apellido.
No estoy entendiendo nada —digo sin poder dejar de mirar las fotos—.
Si son los hermanos de la mamá de Lucila, ¿no tenían que tener el apellido Lemert?
Hay algo malo en esa historia. Según me cuenta el abuelo, los Lemert tenían uno o dos hijos por lo general, y los últimos que quedan son Lilian y Lucila.
Humberto explica que tiene entendido que el papá de Lucila estuvo preso con los pelirrojos; así fue como se conocieron.
La hermana de ellos, que era abogada, no solo sacó a sus hermanos, también al padre de la señorita Lucila, con la ayuda de Kenet.
A partir de ahí, se hicieron inseparables hasta que se casaron y tuvieron a la niña.
—Esa parte no la hemos averiguado bien. Parece que fue de él que la familia completa de la mamá de Lucila asumió el apellido Lemert —sigue aclarando Humberto—. Todos lo tienen, y no creo que sepan que Luci sea su sobrina.
—Deben creer que es la hermana de Lilian, hija de Kenet —dice Rufo—. Es lo que todos piensan.
—Sí, les dijimos que eran Lemert, pero no mencionamos nada de eso —estoy de acuerdo de inmediato—. Buen trabajo, chicos. La pregunta ahora, Humberto, es: ¿me son fieles esos gemelos, o son enemigos infiltrados?
—Jefe, creo que el Pelirrojo le demostró con creces que le es fiel. Si estuvo todos esos años encerrado en esa cripta y no habló —se apresuró a decir Humberto—, eso se lo dice claro: prefiere morir antes de traicionarlo.
No puedo contradecir lo que acaba de decir. El mayor de los gemelos aguantó mucho sin flaquear, y el menor, aunque me engañó haciéndose pasar por su hermano, se mantuvo leal.
—Ale, puede que solo quieran saber qué pasó realmente con su hermana —agrega Rufo—. La pregunta ahora es: ¿cómo supieron ellos que tú eras el dragón negro? ¿Se los diría Kenet?
—Rufo, parece que sí vamos a tener que ir a hacer esa conversación con los abuelos de Lucila en Milán, porque ellos tienen el tatuaje que tenemos tú y yo en la cabeza —recuerdo ese dato.
—Eso es una prueba más de que son de los nuestros, Ale —asegura Rufo, y le creo—. Querrán saber, pero no son enemigos. Vamos a hablar con ellos en cuanto lleguemos.
—Está bien, es lo más sabio —acepto de inmediato—. Ahora, ¿qué tiene que ver todo eso con lo que escuchamos de esas mujeres hablando de Luci?