209. LA PREOCUPACIÓN DE UNA MADRE
LIBIA:
En Roma, veo a Luci junto a Damián, realmente felices.
Los miro y solo muevo la cabeza negativamente.
Porque aunque ellos creen que le ocultan a todos su relación, es tan visible que están enamorados que todo el que los rodea lo sabe.
Damián ha empezado a caminar. Ayuda a Luci a dirigir todo desde la casa.
El viejo Minetti ha regresado a hacerse cargo de las empresas y de todo lo demás mientras Alessandro anda detrás de Lili, sabrá Dios dónde.
Después de la operación que le hiciera Rufo, todas sus facultades han vuelto.
Se siente rejuvenecido. Junto a James, recorren una y otra vez los laberintos de la cripta, pero sin resultado.
Aunque todos vivimos en la casona, pasamos el día los cuatro en la casa del lago. Es tan refrescante y hermosa que me llena de felicidad y calma. Luci y Damián se la pasan en la oficina de ella; el abuelo, cuando no va a la empresa, me hace compañía.
—No ponga esa cara, Lara —me dice al verme. Desde que se enteró de que ese es mi verdadero nombre, me llama por él.
Pero me entristece al contemplar cómo se ríen Luci y Damián felices, mientras el joven practica a caminar debajo del flamboyán, apoyado en ella.
—Déjelos a ellos —me dice a mi lado.
—Ay, Alessandro, ¿qué va a ser de Luci cuando él se vaya? —pregunto sin poder esconder más mi preocupación.
—¿Está segura de que él se va a ir? —pregunta él.
Lo miro fijamente queriendo saber si sabe más de lo que me dice. Damián es de Francia; toda su vida y fortuna están allá. ¿Qué va a hacer aquí? Y Luci no se va a ir con él.
—Claro que se va a ir, su vida es allá en Francia; todas sus empresas y lo suyo están allá —digo con un suspiro—. No lo va a dejar todo por Luci, y ella no se va a ir con él.
—Deje de preocuparse —me dice con calma—. Estoy seguro de que ellos encontrarán una solución. ¿No se ha dado cuenta de que desde hace mucho a Luci no le ha salido un grano?
¡Claro que lo he notado! Debe ser que ese tratamiento que le realizó Rufo dio resultado. Pero eso no quiere decir que se va a curar del todo. Los miro desesperada, sintiendo cada vez más que ellos van a sufrir.
—¿Cree que es solamente eso? Yo creo que lo que estamos mirando, esa felicidad que le sale por los poros, es lo que la tiene así.
Luci es feliz, señora Lara; no le empañe esa alegría —me aconseja el señor Minetti—.
Al final, ese chico no es malo, solo estaba confundido.
Lo vi crecer con Alessandrito, cometió una estupidez que los separó, pero ni aun así se traicionaron el uno al otro; ya ve cómo volvieron a ser buenos amigos.
Creo que en vez de él salvar a Lili, ella lo salvó a él.
—¿Qué quiere decir con eso? —lo miro intrigada.
—Damián andaba perdido en un mundo de decepción, desesperación e infelicidad.
Mírelo, ahora que feliz es; observe cómo le brillan los ojos al mirar a Luci, cómo sonríe —sigue diciendo mientras me señala a los jóvenes—.
Ese muchacho está realmente enamorado de Luci.
Así que vamos a dejar que sean felices; al final son legalmente marido y mujer.
Suspiro sin poder negar eso que acaba de decir. Es verdad, pero me asusta la idea de que no sea real ese amor que dice tener por Luci y que, cuando se vaya, la haga sufrir mucho. Como si leyera mi pensamiento, el viejo Minetti me aprieta una mano tratando de tranquilizarme.
—Eso no va a pasar, se lo puedo asegurar —asegura con firmeza—. Ya se lo advertí a él, que no jugara con Luci. Me prometió que no lo haría.
—¿De veras? —me llena de felicidad escuchar que habló con él.
—Sí, por eso permití que se acercara a ella; si yo no hubiera visto que era sincero, no lo hubiese dejado acercarse tanto —continúa asegurando para mi tranquilidad.
—Ojalá, he aprendido a querer a ese muchacho —los miro de nuevo al escuchar cómo ríen—. Pero si me hace sufrir a mi pequeña, lo odiaré. ¿Tiene noticias de cuándo van a volver Lili y Alessandro?
Al escuchar mi pregunta, me suelta la mano. Se gira para mirarme con una gran sonrisa en su rostro, lo que me llena de esperanza de que al fin esa otra loca hija mía regrese.
—A caramba, a eso vine y se me olvidó —dijo emocionado—. Llegan hoy, señora Lara. Vine a decirle que mandé a preparar una comida para recibirlos, por si usted quería hacerle algo especial a Lili.
—¡Alessandro, debió decírmelo antes! Mire la hora que es. Vamos, claro que quiero hacerle algo rico a Lili. ¡Luci, Damián! —los llamo; ellos se giran a mirarme—. Nos vamos para la casona, ¿quieren venir? Es que hoy llegan todos.
—¿Llegan hoy? —dice Luci emocionada—. Vayan ustedes primero, yo voy a cerrar mis computadoras y los seguimos.
—Está bien, pero no demoren —les advierto. Luego me giro hacia el anciano para preguntar—: Alessandro, ¿va a seguir llamándome por mi verdadero nombre? Es que todos están acostumbrados a Libia.
—¿No te gusta el nombre de Lara? —pregunta a cambio—. Lo encuentro tan hermoso como tú.
—¡Alessandro! —exclama, poniéndose colorada y observando al abuelo que le sonríe al verla así—.
Está bien, llámame como quieras; al fin, me exigió que nos tuteáramos.
Somos mejores amigos. Vamos ahora, que ya es tarde y esos muchachos deben estar al llegar.
Esa muchacha me va a escuchar cuando llegue; no para de darme sustos.
Le lanzo una última mirada a los jóvenes antes de dirigirnos hacia la casa. Me introduzco en ella en busca de mis cosas. Luego de recoger unos condimentos en mi cocina, puedo ver por la ventana que Damián y Luci caminan despacio, abrazados hacia acá. Puedo escuchar lo que hablan.
—Amor, yo creo que ya todos se dieron cuenta de que somos pareja; ¿por qué no aprovechamos la cena de hoy y se lo decimos a todos? —pregunta Damián.
—No, Damián, no quiero —se niega Luci.
—Anda, Luci, quiero poder decirles a todos que eres mi real esposa, aunque no hayamos consumado el matrimonio —insiste Damián—. Pero si quiero ser yo el que tenga todo el derecho sobre ti y tú sobre mí. Di que sí, amor.
—Pero yo pienso que mamá no está de acuerdo —escucho a Luci decir, y veo que me conoce muy bien—. ¿No ves con la cara que nos mira?