¡Ups! ¡No me equivoqué! 202. SIMPLEMENTE LILI
69%

202. SIMPLEMENTE LILI

LILIAN:

Después del arrollador sexo, que espero esta vez sí el dichoso himen se haya roto para que mi Ale se sienta feliz, y de dormir por unas horas, me despierta un hambre demoledora.

Miro el reloj y son las doce de la noche.

Salgo con tremendo trabajo de entre sus brazos.

Un pequeño dolor en mi vientre me asalta.

Tengo unas terribles ganas de orinar, corro al baño, y al hacerlo me arde. Al limpiarme veo un poco de sangre.

Vaya, parece que lo logró. Se lo dejaré ahí para que lo vea. No, mejor lo despierto.

Salgo del baño con la prueba en mi mano.

—Ale, Ale, amor, despiértate.

—Dime, cariño, ¿qué tienes? —abre los ojos apenas—. ¿Por qué te sostienes el vientre? ¿Te hice daño?

—No se trata de eso. Mira —digo mostrándole el papel sanitario con la sangre—. Lo lograste, ¿estás satisfecho?

—¿Qué me enseñas, cariño? —pregunta todavía adormilado.

—¿No lo ves? —me acerco más a él—. Sangre, eso quiere decir que esta vez lo lograste. Dejé de ser virgen. Te lo enseño para que no vayas a tener dudas y me lleves al hospital, capisci?

Alessandro se queda mirándome con expresión de desconcierto. Se incorpora en la cama un poco. Al fin entiende lo que le muestro y digo. Suelta una carcajada negando con la cabeza.

—No lo puedo creer que estés haciendo eso, Lili —dice sonriente—. Te dije que no me importaba, que confiaría en ti. Ven acá, cariño. Discúlpame por hacerte hacer eso, por hacerte sentir así.

—No, deja que me lave —doy la vuelta para dirigirme al baño—. Me arde orinar y me duele un poco el vientre. ¡Oye, no tenías que romperlo hoy todo! Vamos a estar una vida haciéndolo. Qué más da si se rompía poco a poco mi himen complaciente. Mira cómo me dejaste. Eres un animal.

—No digas eso, cariño —sigue riendo divertido mientras me sigue—. A ti también te gustó. No lo hice por eso, me excité demasiado. Esperé mucho este momento, amor. Al fin te hice mía de una manera alucinante. Fue mejor de lo que había imaginado. ¿No te gustó, amor? ¿Te dolió mucho?

—Me dolió, y sí, me gustó mucho —contesto con sinceridad mientras me abraza por detrás—. No lo voy a negar, no lo haré. Fue alucinante, pero no tenías que ponerla tan grande. Por poco no me entra completa, y mírame ahora.

Salgo de sus brazos mostrando todas las marcas que me dejó en el cuerpo y el dolor que tengo en mi cintura. Él ríe a carcajadas, feliz e incrédulo al escuchar que le pido que no agrande su miembro.

—Eso no lo puedo controlar, cariño. Crece según la excitación, y tú, cómo me dijiste, eres la mujer que me vuelve loco —lo miro sin poder creer que dijera eso.

Levanta los hombros y las manos divertido—.

Tú misma me lo dijiste, cariño. Ahora lo comprobaste: me vuelvo loco contigo, y eso que solo te inicié. No quise maltratarte, amor.

—¿En serio? —me detengo para mirarlo—. Porque a mí me pareció que quisiste a toda costa romper mi himen complaciente, ja, ja, ja. No lo niegues. Ese era tu objetivo, señor Minetti, porque me burlé de ti.

—No fue eso, amor —lo niega encarecidamente—. De veras no me importaba si se rompía o no. Yo sé que al final lo iba a lograr. Solo me volviste loco.

—Unjú..., voy a hacer que te creo —le doy la espalda—. Llama para que vengan a cambiar las sábanas y nos traigan comida. Uf..., ya tengo ganas de orinar de nuevo con lo que me arde.

Salgo corriendo hacia el baño. Alessandro se detiene en la puerta, así con el pijama en la cadera, su cabello despeinado, muy lejos de la imagen del capo pulcro y duro que estoy acostumbrada a ver.

—¿Quieres que le diga a Rufo que te revise, amor, por si te dañé? —pregunta preocupado—. ¿Es normal que sangres ahora? Creí que era solo cuando se hacía.

—No hace falta que llames a Rufo. No se te olvide que soy doctora.

No estaré abriéndole las piernas a tu amigo, no lo haré —se ríe al escucharme—.

Y es normal que pueda sangrar al otro día y los que siguen, quizás, como dijo la doctora, cada vez que lo hagamos.

Más con eso que me entraste. ¿Por qué la hiciste crecer tanto? No recordaba que fuera tan grande.

Vuelve a reírse a carcajadas mientras me llama una y otra vez, moviendo la cabeza. Viene a mi encuentro y me abraza feliz. Me llena de besos para luego, al separarse, mirarme como si me viera la primera vez.

—No sabes cuánto extrañé tus cosas. Moría por escuchar tus locuras y reírme —me acaricia el rostro con cariño—.

Te dije que la otra vez no la entré completa por cómo lo hicimos.

Ese es mi tamaño, ya te acostumbrarás. Además, esta vez no estabas tan dilatada como la vez anterior al inicio. Por eso creo que la sentiste enorme.

—¡Es enorme! —me escapo rumbo al baño—. Sentí que no me cabía. Pero..., pero me gusta, ja, ja, ja.

Salgo corriendo, escapando de Alessandro que me sigue el juego al momento. Otra vez ponemos la cama por el medio, riendo los dos felices como si no existiera un mañana.

—Mi loco amor, me encantas, cariño —me atrapa por la cintura—.

La próxima vez cuidaré de que estés muy bien lubricada.

Quizás hacerlo en el agua no fue buena idea.

Dame un momento. Dime si necesitas alguna medicina para pedirla, y ya voy a llamar para que nos cambien las sábanas y nos suban la comida. ¿Qué quieres?

—Pide todo lo que quieras, muero de hambre —respondo alejándome de él.

Entro de nuevo en el baño a lavarme. De veras no pensé que me fuera a doler ni arder.

Fue mucho esta vez. La otra vez ni llegó a dos minutos y estaba muy excitada.

Debe ser eso: no estaba lo suficientemente dilatada esta vez, o quizás fue el agua.

Ojalá se me pase rápido. Animal, no sé por qué creció tanto.

Bueno, Lilian, no te quejes. Mira que lo disfrutaste, ahora te duele un poquito, no es para tanto.

Te vas a acostumbrar, seguro que sí. Ahora que al fin lo hicimos bien, no me detendré.

Recuperaré el tiempo perdido. Fue en verdad alucinante. ¡Me encantó, me encantó el sexo!

—Lili, Lili —lo escucho llamarme—. Amor, vine sin ropa. Voy a pedir que me traigan, ¿quieres algo?

—No, cariño, tengo en la maleta —contesto mientras me baño—. También tengo una muda de ropa que me gustó para ti, y unos calzoncillos con dibujitos.

—¿Con dibujitos? —se asoma en la puerta—. ¿Me compraste calzoncillos con dibujitos, Lili? ¿Hablas en serio?

—Son lindos, cariño. Ven, pruébatelos —insisto queriendo seguir jugando con él.

Voy hasta la maleta. Es que fui con Migue a una tienda de artículos de sexo y le compré algunas cosas que me dijo Migue.

Mira este qué lindo. Y le muestro uno rojo que tiene un corazón en el centro con unos ojitos que alumbran.

Pero lo mejor es que tiene un espacio para que entre su aparato, ja, ja, ja.

—¿En serio pretendes que me ponga eso? —mira con expresión de pocos amigos. Pero me río de solo imaginarlo—. ¡Me niego!