¡Ups! ¡No me equivoqué! 194. UN JUEGO PELIGROSO
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194. UN JUEGO PELIGROSO

LILIAN:

A pesar de mis temores lo abrazo al ver que se ha quedado pensativo. Quiero que esta reconciliación sea para siempre. Nuestra vida es demasiado peligrosa y puede terminar en cualquier momento. Por eso pretendo vivir cada día de nuestra existencia al máximo y feliz. Además, lo extrañé demasiado.

—Gracias, Ale, y…, y…, perdón por esto que te hice.

Te juro que he estado trabajando muy duro para poder controlar mis impulsividades.

No quise hacerte sufrir, no sabes cuánto he sufrido yo también —hago pucheros—.

Perdóname, amor, prometo nunca más volver a hacerte esto.

Muchas gracias, Ale, por venir por mí, por no dejarme ir.

—Gracias a ti, Lili, muchas gracias por darme una segunda oportunidad.

Verás que nunca más vas a tener que pasar por esto —me llena de alegría al escucharlo, algo que jamás imaginé que sucedería—.

Aprenderemos a leernos, a saber con solo una mirada lo que es real y qué no.

Verás, vida mía, lo haré, bajaré todas mis defensas contigo, como hago con Rufo o el abuelo.

A partir de hoy, tú y yo seremos una sola alma.

Me fundiré contigo y tú conmigo, como si fuéramos uno.

Me quedo en silencio observándolo. Me toma las manos, estamos frente a frente sentados en la cama.

Lo ha dicho todo muy solemnemente, y no sé por qué, algo dentro de mí quiere romper con toda esa seriedad.

Sé que es una conversación importante, que debería estar tranquila.

Sin embargo, mi otra yo alocada no se aguanta más estar encerrada.

Y es que me desborda la alegría de tenerlo aquí conmigo, de que hayamos resuelto todo sin pelearnos, como me temía, por lo que decido hacerle una broma.

—Bueno, creo que eso te va a ser difícil de lograrlo —digo con picardía.

—¿Por qué dices eso? ¡Lo lograremos, vida mía, confía en mí! —responde muy serio.

—Confío en ti, pero no hablaba de ese punto —sigo mirándolo coquetamente—. Me refiero…, a volvernos uno. Ji, ji, ji…

—¡Lo haremos, seremos una sola alma, como si fuéramos un solo cuerpo! —sigue todavía hablando con vehemencia—. ¿Por qué dudas de eso?

—¿Quizás porque no lo lograste a la primera? —no puedo aguantar más y me río a carcajadas—. Creo que, como dijo la doctora, tienes que esmerarte mucho, ja, ja, ja…

—¡Lili! ¿Estamos hablando de algo serio e importante, y te empiezas a burlar de mí? No necesito esmerarme, señorita virgen del himen complaciente —responde sonriendo, y la manera en que me ha llamado hace que suelte otra vez la carcajada.

—¿Seguro? —pregunto infundiendo a mi voz un deje de duda.

—¿Lo pones en duda? Estás cansada de verme, sabes muy bien que no lo logré por la manera en que me hiciste hacértelo —su orgullo lo está matando. He logrado lo que quería: relajarlo. No hay una pizca de furia en él ya. Por lo que continúo con mi broma, llevándola más lejos.

—Excusas, excusas, excusas —río divertida burlándome de él—. La realidad es una: me dejaste siendo virgen.

Me burlo al tiempo que me escapo de su agarre. Me pongo de pie quitándome el camisón que él tiene agarrado tratando de impedir que me vaya, quedando en mis bragas. Sus ojos destellan al verme, todo su cuerpo se tensa deseoso. Por lo que comienzo a correr alejándome, poniendo la cama de por medio.

—Ven aquí y te lo voy a demostrar ahora mismo —grita, saltando como un león listo para devorar a su presa, o sea, yo, que corro veloz alrededor de la cama—. ¿Cómo te atreves a dudar de eso, Lili?

—¿Yo? —pregunto con la voz más ingenua que puedo poner—. Tú fuiste el que dudaste de ti, no lo niegues.

—No dudé de mí, Lili. No sé qué me cogió, debí acordarme de eso, que no había entrado completo en ti. Era normal que quedaras virgen —responde sin dejar de seguirme y tratar de engañarme cambiando de dirección.

—Ahora no quieras excusarte, aquí hay solo una verdad. Entraste sin que sucediera nada, no lo puedes negar, me llevaste al médico —río burlona—. Es cierto, me dejaste virgen. ¿Te imaginas lo que pensarían tus hombres si se enteran de eso? Ja, ja, ja…

—¡No te atreverías, Lili…! —me amenaza muy serio. Por eso sigo hablando burlonamente.

—Noticia del día —hablo imitando a una locutora famosa del canal de entretenimiento—. Atención, último acontecimiento: el Capo di tutti i capi de la mafia italiana, el Dragón número uno, deja virgen a su esposa en su primer intento. ¡Ja, ja, ja…!

Sus ojos le resplandecen, su nariz abre y cierra, traga grueso varias veces, aprieta sus mandíbulas con el rostro colorado, y veo que eso le afecta realmente.

No puedo creer que tenga esto para burlarme de él.

Sé que lo voy a pagar después, cuando me agarre.

No va a haber himen, por muy elástico que sea, que aguante la embestida de ese dragón que estoy enfureciendo ahora, burlándome de lo que más le duele y que está a punto de lanzar llamas.

Pero soy tan feliz, tan feliz, que quiero disfrutar mortificándolo.

—Me dejaste vir-gen, ja, ja, ja… —repito burlonamente.

—¡Lili…! ¡Deja de decir eso…! ¡Ven acá…!

No le hago caso, corro por toda la habitación tratando de escapar a su agarre. Él ríe también detrás de mí, intentando darme alcance con sus ojos brillosos de deseo al ver cómo mis senos libres y desnudos saltan a la par de mí.

—La próxima vez que te coja, verás cómo dejas de ser virgen. Desde la posición que lo hicimos no pude entrar completo en ti, te lo había dicho. No llegó a entrar ni la mitad, dudo mucho que tu himen sea tan elástico para aguantarme a mí —habla sin dejar de correr detrás de mí alrededor de la cama.

—Vanidoso, ja, ja, ja, eso lo dices para tranquilizarte tú —me encanta ver cómo se ha puesto—. Pero entró y no pasó nada, na-da, ja, ja, ja…

—Ven acá, ahora sí no te me escapas —ríe cuando al fin me atrapa al saltar por encima de la cama y caemos en ella abrazados—. ¿Quieres que te lo demuestre ahora?

Trato con todas mis fuerzas de escapar de su agarre. Sigo riendo sin dejar que quite mi ropa mientras me siento la mujer más feliz del mundo.

—No, no, suéltame, suéltame. No lo haremos ahora, no así —no me escucha, me tiene en sus brazos, me levanta en peso y me gira despacio, aparta el cabello de mi rostro—. No te atrevas a hacerme nada ahora o te arrepentirás, ¿capisci?