191. EL REENCUENTRO
ALESSANDRO:
Se gira para mí y me toma por los hombros con una firmeza que me asombra. Hay desesperación en su mirada mientras casi me ruega.
—Aguántate Ale, hoy enamórala y ruégale.
Si no cede, mañana le diremos todo sobre tus padres y por qué la necesitamos, si no te ha perdonado —me insiste en voz baja—.
Estoy seguro de que cuando Lilian lo sepa, regresará con nosotros.
Nos dejó venir, eso es algo. Haz lo que tengas que hacer, di que sí a todo lo que te pida, por favor Ale.
No aguanto más vivir sin Migue. Asegúrate que tu esposa te perdone, no sé por qué creo que ella es la clave para seguir buscando donde están tus padres.
Resoplo y me suelto de su agarre, arreglándome el traje, molesto.
Soy el maldito Capo di tutti i capi de la mafia italiana, el dragón negro número uno de la organización oscura más poderosa de la tierra reducido a implorarle a la mujer que me vuelve loco.
Esa pelirroja que ha puesto mi organizada vida patas arriba.
—Haré mi mayor esfuerzo —tomo aire al ver como me mira, agrego—: Arregla algo hermoso para llevarlos a almorzar hoy. Aunque te advierto, si sigue con su perreta, se me va a olvidar lo mucho que la amo, la ataré y domaré como hago con todas. ¿Capisci?
Se ríe de nuevo nerviosamente. El frío consiglieri parece un adolescente enamorado yendo al encuentro del amor de su vida.
Se arregla una y otra vez el traje mirándose en el espejo que posee el elevador.
Ha perdido mucho peso desde que Miguel se fue con Lilian.
Esta vez mi amigo al igual que yo, está muy enamorado.
—Está bien, estoy de acuerdo arreglaré algo.
En realidad solo quiero dormir abrazado a Migue y no dejar que se separe de mí nunca más —esta vez soy yo quien sonríe—.
Ese va a ser otro que voy a tener que amarrar, si ve que tú se lo haces a Lili.
Y no me va a importar, lo domaré también como tú dices, está bueno ya de que nos estén haciendo esto.
Es la primera vez que nos pasa y no quiero seguir soportándolo.
Lo quiero conmigo y punto. Aunque ahora haz tu mayor esfuerzo por seguirla en todas sus cosas, a lo mejor nos reciben felices.
—Lo haré, le rogaré lo que queda de noche y mañana, si no cede…. —aprieto mis puños furioso—. Va a conocer quién es realmente Alessandro Minetti, el Capo de todos los capos.
El elevador se detiene, salimos nerviosos. Enseguida mis hombres al vernos nos saludan sonrientes. Les pido que hagan silencio. Abro la puerta con sumo cuidado de no hacer ningún sonido. Todo está en penumbras.
Al verla, toda mi furia se evapora. Mi corazón salta desaforadamente ante la visión de Lilian plácidamente dormida, a medio tapar con un transparente camisón.
Le encantan esos camisones, pienso. Es imposible estar furioso con ella así, vulnerable, esperándome.
Me acerco despacio, me quito los zapatos y me acuesto a su lado con mucho cuidado, mi alegría va en aumento cuando al sentirme Lili, gira y se mete en mis brazos apoyando la cabeza en mi pecho.
—¿Por qué demoraste tanto, Ale? —pregunta como en otras tantas veces en las que llegaba a casa tarde.
—Duerme amor, ya estoy aquí, ya estoy aquí, gracias por dejar que viniera —la estrecho contra mi pecho, sintiéndome el hombre más feliz del mundo, aunque pensando en lo que pasará al abrir sus hermosos ojos verdes me tenso.
RUFINO:
Soy un cirujano acostumbrado a mantener la calma en cualquier circunstancia, el segundo al mando del capo de todos los capos.
Pero ahora mismo estoy hecho un manojo de nervios parado frente a la puerta de la habitación de mi pareja.
Al fin tomo aire y abro con la llave. Solo para ver que Miguel corre a mi encuentro y me salta arriba comiéndome a besos.
Lo estrecho fuerte, devolviéndole la caricia.
—¡No me vuelvas a hacer esto Migue, no me castigues así, yo no te hice nada! —Le reclamo molesto.
—Perdón, cariño, perdón —habla sin dejar de abrazarme y besarme mimoso—. Sabes que no podía dejar a Lili sola ¿Eh? ¿Me perdonas?
Me mira con cara de súplica juntando las manos delante de mí. Se ve tan hermoso que no puedo contener la risa al verlo así. Tiro de él y lo estrecho de nuevo muy fuerte. Pero se suelta y se separa.
—Suéltame, deja que te mire —me exige como es su costumbre—. ¿Por qué estás tan delgado? ¿Qué estuviste haciendo que has bajado tanto de peso?
—¿Lo preguntas, Migue? ¡Es tu culpa que esté así!
—le reprocho muy serio—. No me pasaba nada por la garganta de tanto extrañarte.
Creo que en estas semanas, he hecho más operaciones que en todo el año.
Lo hacía para no extrañarte, pero de nada servía, no salías de mi cabeza, y pensar que no te iba a encontrar al regresar a la casa me mataba.
¡No me vuelvas a hacer esto, o me conocerás Miguel!
Me llevas contigo, no me vuelvas a dejar sin una palabra, ni decirme donde te encuentras.
—¿En serio serías capaz de abandonar a Ale por mí? —pregunta seriamente.
Me pongo serio, esa pregunta la había temido desde que me di cuenta que era el amor de mi vida. Yo mismo me la había hecho muchas veces y siempre la había contestado de la misma manera.
—No, nunca abandonaré a Alessandro por nadie, ni siquiera por ti —respondo firmemente—. No te voy a engañar, así que por favor, nunca me pongas a escoger, porque ya sabes la respuesta. Pero sí podía haber venido a cuidarlos a ustedes. No le hubiera dicho nada a Ale, de donde estaban.
—No te creo, se lo hubieras dicho —contesta con un gesto cariñoso, esos que tanto me gustan y había extrañado tanto—.
Perdona cariño, no te asustes, nunca te pediré que escojas entre Ale y yo.
Como tú, tampoco me pondrás a escoger entre Lili y tú.
Ven, deja que te ayude a desvestirte, acuéstate conmigo. No sabes cuanto te extrañé.
Respiro aliviado al escucharlo. Lo amo con todo mi corazón, pero soy leal.
Le debo mi vida a Alessandro, y prometí permanecer a su lado.
Aunque tenga que renunciar a mi verdadero amor, nunca lo traicionaré.
Eso tengo que dejarlo muy claro. Me alegra saber que Miguel como yo, siente la misma lealtad por Lilian, lo cual nos hace comprendernos muy bien.
—No lo parece, estás muy hermoso y fuerte —me relajo mientras lo observo. Está más fuerte y bronceado. Se ve muy apuesto—. ¿Qué estuviste haciendo?
—Te vas a asombrar —tira de mí hacia la cama—. Ven, duérmete. Te tengo una sorpresa, cariño. Dame un beso, uno no, muchos. Dale amor, te extrañé un montón.
—Mentiroso —me río mientras me acuesto a su lado—. Si me hubieras extrañado, me hubieses dicho dónde estabas para venir.
—Si te extrañé mucho —se acurruca en mi pecho—. Pero no podía hacerlo. Duérmete, tienes tremendas ojeras.
—Quédate conmigo, ¿no sabes que no puedo dormir sin ti? Y no te levantes hasta que yo lo haga —lo detengo al ver que quiere dejarme en la cama—. No dejaré nunca más que hagas esto, ¿me oíste? No me importa que me creas un animal. Tú eres mío, no volverás a separarte de mí jamás.
—No lo haré, duerme. Hombre dominante —me llena de besos de nuevo, al tiempo que me cubre con la colcha—. Yo tampoco quiero volver a estar lejos de ti, así que no te preocupes, no volverá a pasar, te doy mi palabra.
—¡Mírame! —le exijo, con su rostro en mis manos. Lo miro por un instante. Lo beso apasionadamente—. Te amo Migue. No vuelvas a irte.
—No lo haré —responde abrazándome más fuerte—. Yo también te amo, idiota.
Él me devuelve el beso con la misma intensidad. No hace falta decir nada más. Lo abrazo fuerte y cierro los ojos. Por primera vez en semanas, puedo respirar.