190. EL RETO DE LILIAN
ALESSANDRO:
Rufo suelta una carcajada, mientras me da dos palmadas en la espalda en lo que subimos las escaleras rumbo a nuestras habitaciones.
Estoy feliz de tenerlo al fin viviendo conmigo, desde que lo salvé y lo conocí se lo había pedido mucho y nunca aceptó, se quedaba en ocasiones, pero tenía su propia casa.
—Aguanta hasta el fin de semana, estoy seguro de que Migue llamó por teléfono a Luci el día que estábamos en la cripta y no podía dar conmigo, cuando salí tenía más de cien llamadas suyas —sigue diciendo—.
Si hasta el sábado no han regresado o nos piden que vayamos, haremos que Luci nos diga dónde están.
—Creo que Lilian no me perdonará nunca —suelto con un suspiro—. No ha respondido uno solo de mis mensajes, en todo este tiempo.
—Lo hará, sigue insistiendo —me da aliento—. Enamórala, ella es una chica que no tuvo eso. Hazlo bien y verás que te la ganas.
Es el segundo que me dice eso. Mi cuñada Lucila también me dio el mismo consejo.
Ya estoy en eso, le he escrito muchos mensajes pero no he recibido una sola respuesta de Lilian y eso me hace doler el corazón.
Pero es verdad que necesitamos a Lilian, le daré hasta el fin de semana, si no regresa por ella misma, idearemos algo después de regresar de Rusia.
—Tenemos que saber todo lo que conoce Lilian, para ver si al fin doy con el paradero de mis padres —me detengo delante de mi puerta—. Así que, pon tu cabeza a funcionar para idear un buen plan que se lo crea. O iré y la traeré a las buenas o a las malas.
Tomo un baño largo y frío para ver si me calmo.
Tengo tantas cosas en mi cabeza por resolver, pero la ausencia y silencio de Lili no me dejan concentrarme.
Jamás imaginé que amara a una mujer a punto de perder la cabeza por ella.
¿Dónde se habrán metido? Después de pasar por Mallorca, les perdí el rastro.
Y la rata de Rodrigo, al parecer también.
Cuando lo agarre, me las pagará todas de una vez.
¿Qué estarán haciendo Florencia y Loreta?
Me había olvidado de ellas, mañana mismo diré que las investiguen, a esas dos hay que tenerlas vigiladas junto con el manojo de arpías de mis socios.
He estado tan concentrado en encontrar primero a Lili, y ahora a mis padres, que los he descuidado a todos.
Eso no puede pasar, mañana mismo veré qué están haciendo todos. Los reuniré en la empresa.
Saco mi teléfono y le envío un mensaje a mi secretaria Susel, para que coordine la reunión con todos.
Me siento en un sillón en la terraza. El cielo está hermoso, todo estrellado, de seguro a mi Lili le gustaría.
De nuevo me dedico a enamorar a mi mujer, mandando mensajes seguidos, tratando de enamorarla, confesándole todos mis sentimientos hacia ella, lo que me hace amarla como lo hago.
Sobre todo, pidiéndole perdón y que regrese o me deje ir a ella.
Miro el reloj, me doy cuenta de que es más de media noche. Suelto el teléfono, después de enviarle el último mensaje. Me recuesto y cierro mis ojos, cuando escucho que entra un mensaje, lo tomo y mi corazón salta desbocado, es mi Lili.
—"¿Serías capaz de dejarlo todo por mí?" —Veo la pregunta en la pantalla lleno de incredulidad.
—"Sí" —respondo al momento.
—"Ven a mí. Dejaré que me encuentres. Ven, esperaré por ti hasta que salga el sol. Si no estás, me iré y no me volverás a ver" —Me pongo de pie de un salto al ver esa respuesta, es lo que he estado esperando todo este tiempo.
Salgo corriendo con el teléfono en la mano, llego a la habitación de Rufo, que duerme ya. Lo muevo violentamente para que se despierte.
—Rufo, Rufo, despiértate, vístete que nos vamos —le pido mientras lo veo comenzar a vestirse aceleradamente.
—¿Adónde Ale? ¿A Rusia? ¿No dijiste que mañana en la noche? —me pregunta todo asustado.
—¡No, no a Rusia, a donde están Lili y Migue! —Le muestro el mensaje—. ¡Apúrate, tenemos que llegar antes que amanezca o se irán!
—¿Qué dices? —pregunta, pero me sigue emocionado—. ¿Seguro? ¿Cómo sabes dónde están? ¿Se encuentran en Italia? Como único llegamos antes del amanecer es que están cerca.
Le digo la verdad, no sé dónde están todavía, pero nos vamos. Lilian me dijo que la encontrara y que fuera hacia ella.
—Dale vamos, apúrate. Y contesta, que tu teléfono está sonando —insisto con vehemencia.
Salimos de nuevo a toda velocidad, abro la habitación de Damián y Luci. No me sorprende que venga sonriente a mi encuentro y me alargue un papel diciendo que es el lugar donde se encuentra su hermana.
—Apúrate o se irá —me dice riendo complacida.
—Gracias Luci, muchas gracias —le beso en la mejilla emocionado.
Salimos a todo dar rumbo al aeropuerto, al llegar el avión está listo.
Levantamos el vuelo en cuanto subimos, ambos estamos ansiosos, en compañía de los guardias que se miran sin saber a dónde vamos.
Luego de una hora de viaje aterrizamos, unos autos nos esperan.
Me apresuro junto a Rufo y montamos en uno, salimos sin esperar a los demás.
Está amaneciendo cuando entramos al hotel.
—Buenos días, ¿en qué puedo ayudarlos? —Nos saluda la recepcionista.
—Buenos días —contesta Rufo a la recepcionista.
Por mi parte busco con la mirada a alguno de mis hombres que cuidan a Lilian y a Miguel, hasta que localizo a uno de ellos. Respiro aliviado de saber que no se han marchado todavía y voy hacia él.
—Jefe —exclama el hombre en cuanto me ve sorprendido—. ¿Qué hace aquí?
—¿Dime el número de la habitación de mi esposa? —pregunto impaciente.
—Jefe, no puedo hacer eso —tuerzo mi cuello al escucharlo. Al verme me recuerda de inmediato asustado—. Usted mismo nos lo ordenó. Nos hizo jurar por nuestras vidas no traicionarla nunca, ni siquiera con usted.
—¡Ella me mandó a buscar imbécil! —Lo tomo por el cuello furioso—. ¿Por qué crees que estoy aquí?
—Si es así, está en la habitación... —empieza a decir el guardia, pero Rufo ya me muestra la llave que consiguió en recepción.
—Vamos Ale, tengo la llave de la habitación de Lilian —interrumpe Rufo, que sale corriendo para el elevador. Lo tomamos nerviosos—, muero por ver a Migue.
—¿Crees que Lilian me perdone? —La inseguridad me invade—. No tengo paciencia para aguantarle recriminaciones hoy. Estoy muy furioso.