¡Ups! ¡No me equivoqué! 189. A PUNTO DE EXPLOTAR
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189. A PUNTO DE EXPLOTAR

ALESSANDRO:

Rufo levantó los hombros. Pocas veces lo veía así de perdido y confundido.

Siempre era yo el que estaba en esa situación.

Me cuenta que una de las veces que sus padres lo escondieron para que no lo encontraran sus prestamistas, escuchó varias veces como su padre les respondía.

Insistía en que ellos no tenían idea de lo que les pedían, que no guardaban nada de ninguna organización.

—¿Estás pensando que tus padres pertenecían a los dragones? —pregunto intrigado—. ¿Alguna vez les has visto un tatuaje de nosotros?

—Papá estaba lleno de ellos, era su pasatiempo, hacer tatuajes —respondió con un suspiro—. Aprendí con él ese arte. Mamá también, pero si te digo que les vi un dragón, te miento.

—Entonces Rufo, mira esto —le muestro el contenido del sobre que mi abuelo me acaba de entregar—. Lo tenía desde cuando te investigó cuando te salvé. Aunque los nombres aquí son diferentes, él cree que son ellos por ese signo.

Rufo toma lo que le entregué y lo lee con detenimiento. Espero con paciencia que termine. También opina que el abuelo tiene razón. Pero la manera que lo ha dicho enciende mi curiosidad.

—¿Por qué lo dices? —pregunto enseguida.

—Espera, quiero enseñarte algo —se inclina hacia delante—. Jamás le he enseñado a nadie este tatuaje y lo estoy mirando en ese sobre. Observa, está en la base de mi cabeza, abre bien mi cabello y lo vas a ver. Es un signo.

—Lo veo, Rufo, no lo vas a creer. Ahora mírame tú a mí —me giro, me inclino y abro mi cabello—. ¿Lo ves? Tengo el mismo signo junto a otro más.

Me examina con cuidado, ambos nos enderezamos mirándonos fijamente intrigados. Ninguno de los dos sabe qué significa ese tatuaje. Toda mi vida he tratado de saber qué es, y no lo he logrado.

—Yo tampoco Ale. Ahora lo veo en esas cosas que me diste de mis padres.

No he podido encontrar nada que me diga su significado —sigue diciendo mientras se arregla la camisa—.

Lo extraño, que no se menciona que ellos pertenezcan a nada.

Yo siempre pensé que papá me lo había hecho porque le gustaba, él lo tenía también.

¿Te dijo algo de eso tu abuelo alguna vez?

Niego con la cabeza, le cuento que también lo vi en Lilian junto al otro tatuaje que tiene de posesión. Él asegura que mi cuñada Lucila también lo tiene.

—Ahora que lo pienso, ¿recuerdas el que le vimos al Pelirrojo en su cabeza? Se parece a ese, pero tiene otro rasgo —me quedo pensativo.

Guardamos silencio por un momento mientras pensamos en todos a nuestro alrededor. Resoplo cansado de buscar respuesta en todo lo que nos rodea. Rufo se ríe al verme así, me conoce demasiado bien.

—Todos tienen un rasgo que los diferencia —sigue diciendo pensativo—. Empiezo a creer que fuimos escogidos para algo desde que nacimos.

—No hagamos conjeturas —lo detengo—. Vamos a ir a ver a los padres del Pelirrojo y Acher, todavía no me convence la historia de esos gemelos.

Se pone de pie visiblemente cansado. Ambos lo estamos, sobre todo por la escapatoria de Miguel y Lilian. Lo que nos hace mantenernos en alerta con el miedo de que nuestros enemigos los atrapen o eliminen.

—Ale, ya va siendo hora de hacer regresar a Lilian, la necesitamos demasiado. ¿Todavía no descubren dónde se metieron? —pregunta y sé que tiene razón en lo que dice—. Hace más de una semana que no sabemos por donde andan ni qué hacen, eso me mata.

—Estoy al explotar Rufo, no te lo niego —contesto lleno de incertidumbre—. Sabes lo que pasa cuando lo hago. Considero que he tenido demasiada paciencia con ella.

Mi amigo me coloca una mano en mi hombro. Sé que comparte la misma preocupación que yo. Estoy completamente de acuerdo con él. No debimos dejarlos en España, eso fue un error. Debimos obligarlos a regresar.

—Honestamente, no pensé que se fueran a pasar tanto tiempo lejos de nosotros, a lo sumo, una semana, y ya van tres —confieso la verdad—. Les voy a dar hasta el fin de semana, si no vienen solos, los haré regresar de inmediato —afirmo viendo cómo suelta un suspiro de alivio.

—¿Cómo va lo de los dragones? —pregunto.

Toma aire y vuelve a ser mi segundo, mi consiglieri. Asegura que todo está listo. Lo haremos como lo tenemos planeado. Los atraparemos y encerraremos dónde tenían a nuestros hombres. Antes de la boda, sus segundos van a entregar a sus jefes ellos mismos.

—Es lo que le exigí, para participar en la organización —me siento complacido con los arreglos—. Por cierto, los Conti están en contacto con Andrea, Galatea y Eva. Me lo informó la sirvienta hoy. Están planeando algo junto a Lesie.

No me extraña, los Conti son demasiado ambiciosos. Pero no se esperan lo que tenemos planeado. Tenemos que acabar con ellos de una vez por todas.

—¿Alguna noticia del dragón de fuego? —pregunto pasando una mano por la frente sintiéndome cansado.

—Sí, creo que vamos a tener que irnos a Rusia a cazarlo. Logramos averiguar que frecuenta un club —contesta mostrando una foto del lugar.

—¿Sabes que eso puede ser una trampa? —Allá es donde tenemos nuestros peores enemigos, no los hemos dejado entrar en Roma.

—Lo sé —miro a mi mejor amigo frotando sus manos nerviosamente. Por ello no me asombra cuando dice—: me está haciendo falta una buena batalla si no aparece Migue pronto para soltar toda la frustración que estoy sintiendo.

—Prepara todo, nos iremos mañana en un viaje relámpago a Rusia, verificaremos si es verdad eso —ordeno de inmediato.

A mí también me hace falta antes de correr a traer a Lilian yo mismo—.

No se lo digas a nadie. Llevaremos a todos nuestros hombres élites.

Prepara el avión más grande, que lo tengan listo a primera hora.

Necesito volarle los sesos a unos cuantos, tengo que hacer que corra la sangre o explotaré.

—Yo también, esta pasividad no es nuestra —se emociona enseguida—. ¿Recuerdas el capo de Minsk? ¿Qué tal si vamos hacia él, y de allá lanzamos la ofensiva?

Me pongo de pie, necesito descansar, ya hemos analizado demasiadas cosas hoy. Soy un tipo de acción, no de estar descifrando trabalenguas, enigmas y misterios. Necesito un buen baño y dormir. Dejaremos todo lo demás para mañana para hablarlo con más calma cuando regresemos.

—Deja todo eso y vámonos a descansar, es muy tarde ya —salimos del despacho para subir la escalera—.

Aunque, estoy que no duermo nada. Entre el misterio de la desaparición de mis padres; mi abuelo desmoronándose; los dragones queriendo dominarme y mi esposa que no me responde ningún mensaje.

Estoy a nada de explotar y volverme el salvaje que no le importa nada ni nadie e ir a acabar con todos.

¡Necesito acabar con unos cuantos para tranquilizarme!

¡Esa mujer me tiene al borde de la locura!

—¿Alguna noticia de por dónde andan hoy? —pregunta con la misma impaciencia que yo—. Espero que no se metan en la boca del lobo de nuevo y los atrapen.

—Nada, no tengo idea de donde pueden haberse metido esos dos. ¡Ufff! ¡DIANTRES!