¡Ups! ¡No me equivoqué! 182. DECISIONES A TOMAR
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182. DECISIONES A TOMAR

DAMIÁN:

Llevo días sin hablar con nadie, me la paso pensativo mirando a lo lejos desde el balcón.

Aunque caminé la noche del ataque, al otro día no pude hacerlo bien.

Rufo dice que tengo que darle tiempo a mi cerebro para revertir todo lo malo, que caminé e hice todo como siempre porque ante el peligro mi cerebro funcionó bien.

Que siga haciendo fisioterapias para que me recupere, al final lo haré.

Estamos todos viviendo en la casa de Alessandro; duermo con Luci, que se ha recuperado, y por suerte, después del ataque, al sentirse segura conmigo y con Rufo incrementándole las dosis de la medicina, no se llenó de granos.

Eso la tiene muy feliz, aunque en los últimos días huye de mí, cada vez que quiero hablarle.

Después de enterarme de toda la verdad y aunque no lo recuerdo todo claramente, sí recuerdo el momento en que Demon le dio el tiro a mi padre en la frente, y me siento culpable de su muerte.

Nunca imaginé que él fuera a hacer aquello a un anciano en su lecho de enfermo.

Por eso me porté como lo hice; jamás hubiera cambiado la vida de mi padre por la de nadie.

Poco a poco he ido recuperando mi memoria con la ayuda de Luci, o mejor diría, aprendiendo sobre mi vida por lo que cuenta el internet.

Cada día estoy más apegado a ella y no me niego nunca a despertarme en medio de la noche ante su llamado.

Y las veces que me voy a dormir a mi habitación, corre hacia mí cuando la llamo asustado y perdido en medio de terribles pesadillas, donde veo morir a mi padre una y otra vez.

No sé cómo lo hace, pero siempre llega, me despierta y se abraza de mí, espantando todo.

Cada día que pasa no la dejo ir, hasta el punto de rogarle que duerma conmigo de nuevo.

Ella no se niega y opta por volver a dormir juntos todas las noches abrazados.

Me he dado cuenta de que ese hecho me hace feliz, pero me duele ver cómo ella me rehúye; ya no se pasa horas junto a mí leyéndome, ni enseñándome cosas en el internet, mucho menos aprendiendo francés conmigo, o mirando series y películas.

Siempre tiene una excusa para alejarse, sobre todo ahora que Lilian anda viajando con Migue, y los demás apenas paran en la casa.

He pensado en irme, en regresar a Francia, a mi vida.

Pero siempre me hago la misma pregunta: ¿qué vida?

Y aunque en las últimas semanas casi puedo hacer todo solo, sigo dependiendo de Luci; quiero que ella permanezca a mi lado.

Trabajo con ella dirigiendo sus empresas, pero me he negado a pasarlas a mi nombre todavía, como una manera de que Luci no se aleje.

A veces siento pena por toda la familia en general.

Y aunque Minetti y Rufo me tratan como antaño, no me siento bien.

Incluso, Alessandro me pidió que ayudara a su abuelo con la empresa, y lo hago.

No puedo decir que aún no le guardo rencor a Minetti por lo que le pasó a Celia, porque si lo hago, aunque lo perdoné, tampoco puedo negar que haber recuperado a mis dos mejores amigos me molesta, así que es un complejo de sentimientos contradictorios que me embargan.

Quiero irme, pero al mismo tiempo quiero quedarme, y he descubierto cuál es el verdadero motivo.

Ese motivo tiene nombre: Luci. Ella me sigue tratando con el mismo cariño; me acompaña a todas partes cuando se lo pido, aunque permanece menos tiempo últimamente.

Siempre encuentra cómo escapar, con la excusa de que está vigilando a Lili en su viaje.

La sigo y la observo desde lejos. La encuentro preciosa, como mi Elsie, inocente y pura.

Siento que, como a ella, la quiero mucho.

Por ello, llevo tiempo tratando de comprender si el amor que siento por Luci es debido a mi esposa, o a esta nueva mujer que me deslumbra.

Me llena de admiración la gran inteligencia y astucia de Luci; eso me fascina.

Ver cómo ella entra en el mundo de la computación y es capaz de resolver, en cuestión de segundos, cosas increíbles.

Nada que ver con Elsie, que fue mi esposa, que le costaba mucho aprender algo.

También he empezado a diferenciarlas físicamente; ya no se parece tanto a mi difunta esposa.

Me he percatado de que Luci tiene una cara más perfilada, sus ojos, apenas imperceptibles para los demás, pero no para mí, que me he dedicado a observarla detenidamente cada día, son de un color diferente.

Y entre más la observo, la analizo y aprendo de cómo es ella, la encuentro cada vez más única, más bella, más cautivadora; nada que ver con mi esposa.

Esta Elsie, no le tiene miedo a la vida, a pesar de cómo la hace sufrir esa enfermedad; no se rinde, lucha sin importarle nada.

Me gusta mucho esta mujer decidida, valiente, hermosa, y comienzo a mirarla como Luci, no como Elsie.

Es una mujer ante mis ojos completamente nueva, que me fascina, me enamora y me hace feliz.

Por eso he comenzado a abrazarla, besarla y acariciarla en las noches, sin importarme nada, he decidido hacerla mía para siempre.

Ella al principio se negó, pero ahora busca mis besos, deja que la acaricie y la abrace, y ha despertado algo muy grande en mi corazón.

Llevo días buscando el momento preciso y oportuno para confesárselo, pero de alguna manera, cada vez que inicio la conversación, ella lo evade de una forma que no puedo evitar.

—Hola Damián, ¿cómo hiciste para venir aquí debajo del flamboyán?

¿Verdad que es precioso? Este es mi lugar favorito de día y de noche —me sorprende la voz de Luci, que llega silenciosamente, sentándose en la piedra lisa, junto al lago.

Aunque nos hemos cambiado para la casa de Alessandro, casi pasamos el día aquí.

—La silla me trajo —contesto, sorprendido y feliz; esta es la oportunidad que he estado esperando, pienso, y no la desaprovecharé—.

Minetti me compró esta eléctrica, aunque es muy lenta, me toma mucho tiempo llegar.

Pero vale la pena, puedo trasladarme con ella sin la ayuda de nadie.

Este es mi paraje favorito también, parece que tú y yo tenemos los mismos gustos.

—¿Te diste cuenta? —responde ella sin mirarme, es como si evitara hacerlo, se le nota algo nerviosa—. Ya me había fijado en eso, no te gustan los vegetales hervidos, a mí tampoco.

—¿En serio? ¿Qué más no te gusta? —me presto a seguir con esa conversación, para que ella deje de estar tan tensa, lo he percibido.