¡Ups! ¡No me equivoqué! 180. YA LO PERDONÉ
61%

180. YA LO PERDONÉ

LILIAN:

Me detengo en seco y lo miro fijamente. El sol de la tarde cae sobre nosotros como miel dorada, y el viento que viene del mar nos despeja el cabello. Migue tiene razón, lo sé. Pero mi orgullo está tan herido que no puedo simplemente olvidar lo que pasó.

—No es tan simple, Migue —suspiro, limpiándome el sudor de la frente—.

Me sentía vigilada, Migue. Esa traidora de Luci me las va a pagar.

Por eso hice esto, y como ya venimos regresando, mejor tomarlos por sorpresa.

He pensado dejar que sepan que regresamos, pero quiero que sufra un poco más.

Mira cómo me ha llenado el teléfono de mensajes.

Ja, ja, ja, me encantan, Migue, sabes que siempre quise que me escribieran cosas así de lindas.

No se cansa de enamorarme, de decirme lo mucho que me ama, de pedirme perdón y rogarme que lo deje venir, escucha este.

"En este mismo instante en que estoy en el sillón de la terraza, en mí solo existe un deseo: el de poseerte. Quiero perderme en la inmensidad de tu cuerpo. Sentir el galopar enloquecido de tu cuerpo entre mis brazos. Quiero saborear una vez más esos hermosos y carnosos labios que tienes.

Me siento perdido sin ti en medio del desierto, quiero saciar mi sed de ti. Entregarnos absolutamente sin guardarnos nada; te entregaré mi alma rendida a tus pies. Regresa, amor, o permite que vaya a ti."

—Qué lindo, mi amiga, y aun así no lo perdonas, Lili —dice emocionado; Migue es muy romántico—. ¿Qué tiene que hacer para que lo hagas?

—Ya lo perdoné, tonto. Amo a ese hombre, Migue. Ahora sí estoy convencida de que nunca amé a Andy —me mira asombrado—. Porque lo que siento por Ale es tan grande que me ha hecho olvidar cualquier tipo de sentimiento que una vez pude tener por Andy. Entró otro, a ver qué dice.

"Nunca imaginé que amar tanto me llenaría de dolor. ¿Cómo este gran amor que te tengo puede doler tanto? Duele no verte, no sentirte, no escucharte. Este silencio y soledad están acabando conmigo. Antes de ti nunca los noté. No me quieras así, Lili, no lo hagas, no quiero que sufras.

Si me vas a seguir amando, hazlo de lejos, aunque yo muera."

—¡Ay, Dios, mi amiga! —me río al verlo—. Ese hombre tuyo es un romántico, no lo hagas sufrir más, Lili. ¿Por qué mi Rufo no me dice esas cosas?

—¿No te escribe? —lo miro llena de curiosidad.

—Solo me hace videollamadas quejándose de que no puede dormir sin mí —el teléfono vuelve a sonar—. Entró otro, sí que le ha dado fuerte, de seguro no puede dormir. ¿Qué dice?

"Miro el cielo estrellado y pienso cómo todo es tan diferente contigo. Dices que mis besos te llevan al cielo, pero a mí me pasa diferente. Tú no me subes al cielo, vida mía; me mantienes en la tierra y bajas las estrellas para que mi realidad sea inmensamente hermosa."

—¡Lo amo, lo amo, lo amo! ¡Qué lindo es mi Ale! —grito realmente emocionada con el teléfono en mis manos.

—¡Contéstale, no seas mala! —me anima Migue.

—No, todavía, deja que me siga diciendo cosas lindas, lo haré mañana —prometo al ver cómo levanta su ceja en desacuerdo—. ¡Otro, entró otro! ¡Sí que no puede dormir, si supiera que estamos regresando!

"Te amo, Lili, te amo como nunca imaginé que llegaría a hacerlo. Amo cada parte de ti, cada palabra que sale de tu boca, cada locura que ronda en tu pensamiento. Amo esa inmensa complejidad de cosas que eres, vida mía. Te amo de todas las maneras: risueña, seria, feliz, molesta, alocada.

Te amo de las mil formas que te comportas conmigo, y lo seguiré haciendo por el resto de nuestras vidas. Te amo porque eres todo lo que mi corazón necesita; en ti encuentro todas las respuestas que me hace el amor. ¿No vas a regresar para demostrártelo?"

—¡Dios! ¡Qué hombre! Él sí sabe enamorar. Dame acá el teléfono, le voy a responder ahora mismo —exclama Migue y me quita el aparato y se aleja. Lo amenazo para que me lo devuelva.

—¡No te atrevas, Migue, no te atrevas! —corro detrás de él, que ríe escapando de mí, decidido a contestarle a Alessandro—. Si le contestas, no dejaré que vengan. Dámelo y te prometo que les diré que vengan mañana; hoy, mira la hora que es.

—¿Lo prometes? —se detiene para mirarme—. ¿Veré a mi Rufo mañana? Oh, entró otro, toma, toma.

"Sé que no merezco tu perdón. Me doy cuenta de que no me lo darás por tu silencio.

Lo único que quiero es que me castigues estando juntos.

Te valoraré y demostraré día a día cuánto te amo, cuán arrepentido estoy de mi proceder.

Eres lo mejor que me ha pasado en mi vida.

Sé que poseo muchos defectos, soy un hombre imperfecto que no supo cómo demostrarte y probarte todo lo que siento por ti, lo que significas para mí.

Necesito que, por esta vez, confíes en mí, Lili; ¿lo harás?

¿Me darás un voto de confianza? Juro que no volveré a defraudarte nunca más.

Mi mundo era oscuro hasta que llegaste tú para iluminarlo.

Hiciste que volviera a reír, a verlo todo de manera diferente que hace mucho tiempo había renunciado a ver.

Perdóname, amor, por favor, y ven a mí o deja que vaya a ti."

—Tienes el corazón de piedra —se queja de nuevo Migue, que ha leído el mensaje por encima de mi hombro—. ¿Cómo puedes resistir verlo sufrir así?

—Él me hizo sufrir a mí, le estoy dando una lección —le recuerdo, aunque siento un poco de culpa ahora. En verdad está derramando su corazón en esos mensajes.

—¿De tantos días, Lili? Eres cruel; no ha dejado de escribirte un solo día. ¿Qué digo un solo día? No ha dejado de hacerlo ni una sola hora —señala mientras ve la enorme cantidad de mensajes que tengo. El teléfono vuelve a sonar—. Entró otro.

—Ja, ja, ja, tú lo que tienes es envidia de que mi Ale es lindo —le arrebato el teléfono de su mano—. Deja ver qué dice este nuevo.

"Me iré a luchar mañana. Si no vuelvo quiero que sepas que sin ti mi mundo no tiene sentido. Te extraño tanto que creo que moriré. Mi vida está incompleta sin ti. Me iré a ver si con la lucha saco este dolor tan inmenso que tengo clavado en mi pecho. En serio, amor. ¿No me vas a perdonar?

¿Qué es eso que quieres de mí? Háblame, pídeme lo que quieras, lo haré sin chistar. Solo quiero verte. Te amo tanto, linda, te amo. Perdóname, por favor."

Migue saltó a mi lado y me quitó el teléfono, leyendo una y otra vez el mensaje visiblemente preocupado. Luego se giró hacia mí, visiblemente perturbado.

—¿A dónde va? —preguntaba, como si yo le pudiera responder—. De seguro se lleva a mi Rufo. Lili, mi amiga, creo que se te está yendo la mano con tu esposo; piénsalo bien.

—Lo mandaré a buscar mañana —dije con la misma preocupación que él.

—Lili, si no lo mandas a buscar, lo haré yo. ¿No tienes miedo de que los maten en Rusia? —preguntó desesperado—. ¡Llámalo ahora mismo, Lilian Minetti!