179. LA PREOCUPACIÓN
LILIAN:
Muevo la cabeza pensativa, sentí a mi Ale muy triste. Como si quisiera llorar. Mi corazón se siente oprimido. Puede que sea una estratagema para que regrese, pero no me lo pareció. La manera como me dijo que me necesitaba ahora más que nunca me hace sentir muy mal.
—Debe de estar muy triste, lo dejaste —sigue su diatriba—. Y ni siquiera le respondes los mensajes. Tiene que estar sufriendo mucho, además, con todo el lío ese de la organización de los dragones, Rufo dice que no paran de trabajar.
—No sé, creo que es otra cosa —miró por el balcón a lo lejos—. ¿O se estará haciendo, para mortificarme y que lo perdone?
—Lili, mi amiga —Migue se acerca con una ceja levantada—. ¿En verdad piensas que tu esposo se parece a Andy, que vivía montándote a cada rato un cuento para que tú lo perdonaras las miles de cosas que te hizo?
—¡No he dicho eso! —Y en verdad no los comparo.
Todo es muy extraño, y es verdad que no conozco a Alessandro a pesar del tiempo que llevamos, tiene tantos secretos, tantas personalidades que me desconcierta.
Como eso que hizo conmigo que me molestó tanto.
Tenía a Rufo que es su mejor amigo, pudo preguntarle y no hacerme pasar esa vergüenza.
Pero no lo hizo, hasta de su mejor amigo desconfió, ¿qué puedo esperar yo?
—Yo no sé lo que te hizo Lili, no has querido contarme —se pone serio mientras me gira para que lo mire—. Estoy seguro de que no es ni la quinta parte de lo que te hizo Andy, y tú lo perdonabas enseguida. No creo que sea justo para Ale, que pague por todo lo que te hizo tu ex.
—A Andy no lo amaba, por eso no me dolía lo que me hacía —balbuceo sintiendo que tiene razón—. A Ale lo adoro, por eso me dolió mucho, eso lo dices porque no sabes cómo me humilló.
—Pues dímelo entonces para entenderte —insiste una vez más—. Sin embargo, sigo pensando que eres una exagerada, sabiendo el peligro que corres lejos de él, y ahora yo también.
—Vete y déjame sola, si tanto miedo tienes, regresa —le digo una vez más—. Yo no pienso perdonarlo todavía, de seguro se hizo el triste para que yo me preocupara.
—Mejor me voy a entrenar con los chicos, tú estás insufrible —lo veo marcharse diciendo cosas todavía.
¿Será verdad lo que me dijo? No, eso que me hizo Ale no fue justo, no le di ningún motivo para que pensara así de mí.
Todo el tiempo estuve durmiendo con él, me revisó y toqueteó todo lo que quiso, él sabía que era virgen, lo sabía.
No se la pondré tan fácil, no me importa que sufra. Agarro el teléfono y lo llamo.
—Hola —responde al segundo timbre.
—¿Sabes que te odio, verdad? —le pregunto no queriendo dar mi brazo a torcer—.
Solo quiero saber si estás bien. ¿Qué tienes?
¿Por qué tu voz se oye así? ¿Qué es, Ale, que te tiene así?
Soy yo, ¿estás así por mí? No voy a caer en tus trucos, Ale, espera por mí, hasta que yo decida volver, tú te lo buscaste.
Y sin dejar que me responda, le cuelgo. Si él se cree que me va a ablandar con su vocecita triste, está muy equivocado.
No regresaré todavía, me entrenaré bien primero, y luego lo haré.
El sonido del teléfono avisando que entraron dos mensajes me saca de mis pensamientos, abro el primero, es extenso.
"No sabes cuánto me haces falta en estos momentos, Lili, gracias por llamarme aunque sea para decirme que me odias. Perdón por no saber quererte de la forma en que tú te mereces; perdón por ser la persona que encajaste en mi vida perfectamente, desde el primer momento. Eres eso que nunca busqué,
y que siempre necesité. Coincidir contigo en esta vida, está siendo lo único bueno que me ha pasado. Lo tuyo y mío estaba escrito en el libro de la vida. Te pertenezco, Lili, como tú también sabes que me perteneces, regresa, Lili, o deja que vaya a ti."
"Agradezco al universo que existes, y espero con ansias que estos kilómetros que nos separan, se conviertan muy pronto en milímetros entre tú y yo. Que esas hermosas canciones que escuchas mientras me piensas, sean las mismas que nos permitan bailar abrazados. Y que pronto el pensarnos,
sea el vernos, el sentirnos, el amarnos. Y aunque tarde, he comprendido que el amor está basado en la confianza. Nuestras almas se encontraron, y se reconocieron."
"No importa lo distantes que estemos, no estamos separados, porque nuestros corazones laten al mismo tiempo por los dos. Que ni la distancia, el silencio, el no vernos, hará que deje de amarte, de todas las maneras conocidas y desconocidas. Te amo, Lili, regresa, amor, te necesito."
—¿Qué es eso que quieres de mí, Alessandro Minetti, qué? —grito con todas mis fuerzas, y me tomo otra copa de vino antes de abrir el segundo.
"No te preocupes por mí, no niego que si estuvieras aquí, como mi compañera en la vida y en la organización, me ayudarías a resolver muchas cosas. Sin embargo, quiero que cuando logres perdonarme, si lo logras. Me pidas ir por ti, o regreses, vida mía, aguantaré hasta que te decidas, amor.
Solo te escribo para decirte que te extraño, que me haces falta. Te dejo un abrazo cargado de deseos, uno que te demuestre, lo mucho que te extraño y que ando muriendo por llenarte de besos. Dulces sueños, cariño. Te mando un beso dentro de un gran abrazo, para cuando lo necesites, lo tomes. Tu Ale.
"
¡Eres un desalmado mafioso estúpido! ¿Sí, me amas así, por qué me hiciste lo que me hiciste? ¿Por qué?
Me dejo caer en el sillón, y me echo a llorar, lo extraño, lo extraño mucho.
Quiero que venga a darme ese abrazo, esos besos, a pedirme personalmente que lo perdone, y me lleve con él.
Ven, Ale, ven a buscarme, ¿por qué no me corres atrás y me ruegas que regrese a tu lado?
Por favor, ven a mí, te extraño tanto y también te amo.
Pasan los días y seguimos nuestro tren de locura y competencias.
Permanecemos solo dos o tres días en cada sitio, lo mismo vamos en auto, tren o avión de un lugar a otro.
No me canso de leer los interminables mensajes de Ale.
Aunque todavía lo castigo por lo que me hizo, sin contestarle.
No niego que me gusta y me hace sonreír sentir el tintinear del teléfono avisando de un nuevo mensaje.
Tampoco voy a negar que me estoy castigando yo también, muero por verlo.
—¡Ufff…! ¿Qué voy a hacer con este mafioso? —Estoy desesperada.