166. EL ESPÍA EN LA CASA
ALESSANDRO:
Negué con la cabeza al ver que quería irse con mi suegra. Estaba feliz de que ambos se hubieran hecho muy amigos. Sabía que compartían la pasión por las flores. Tenía otras cosas por hacer sin él. Quería que viviera sus últimos años lejos del tormento y las preocupaciones de la mafia.
—No, abuelo, ve con mi suegra —es mejor que me dejen solo—. Yo voy a ver a Luci.
—Está como loca armando no sé qué aparato, dice que es un robot de no sé qué cosa —mi suegra se detuvo con expresión preocupada—.
Alessandro, hijo, no debiste darle permiso para comprar tantos aparatos extraños que caminan y hablan solos.
Damián está con ella, no se separan esos dos.
Están en esa nueva oficina de Luci, si quieres ir.
Vamos, abuelo, Ninetta va a acompañarnos.
Los veo alejarse, me dirijo al despacho, repaso con mi mirada cada rincón para ver si hay alguna cámara oculta; estoy seguro de que algo hay en la casa.
Mi vista choca con el baúl en una esquina—.
Vaya, lo había olvidado—. Lo tomo, busco la llave para abrirlo, me acuerdo de la posibilidad de que me están espiando y cargo con él, rumbo a mi habitación.
Lo coloco en la meseta del centro del clóset y lo abro.
¡Madre mía, esto es más de lo que había esperado!
Está lleno de diarios; comienzo a sacarlos, abro el primero y me doy cuenta de que es la historia de la organización, hay una lista detallada de todos los integrantes desde que se formó.
Un enorme cuaderno amarillo me llama la atención.
Lo abro: son mapas y mapas de los pasadizos, trampas y demás estancias que se conectan entre sí, por debajo de Roma. ¡Toda una ciudad!
No solo eso, hay hasta un lago subterráneo que va a dar al mar. ¿Cómo en las clases de geografía en la escuela no lo mencionan? ¿Será verdad? Observo una libreta negra, la abro. Tiene dibujado cada dragón con los nombres de sus dueños.
Busco el dragón de fuego; está, pero faltan sus nombres.
¡Rayos! ¿Por qué arrancaron esa hoja? Quizás esté metida por otra parte.
Rebusco todo el contenido; sin embargo, no la encuentro.
Estoy por devolver todo el contenido cuando un pequeño aro me llama la atención.
Tiro de él y se abre una pequeña gaveta.
En ella solo existe una hoja de papel; la tomo y veo que lo que Rufo sospechaba es verdad.
Lili es la clave de todo, ¿cómo su padre pudo hacerle eso?
Los toques suaves en la puerta me sacan de mis pensamientos. Coloco todo de nuevo dentro, pues Rufo es el más indicado para estudiar esto. Abro y veo a Luci con Damián en su silla de ruedas, que me sonríen. Ella se adelanta, me da un abrazo y dos besos.
—No pongas esa cara, Damián —le digo al ver cómo me mira serio—, es toda tuya.
—Ssss, ¡Ale! ¿Por qué dices eso? —exclama Luci, toda colorada.
—Tienes razón, Alessandro, es mía, así que suéltala —dice serio Damián y me extiende la mano—, me alegro de que regresaras.
—Gracias, entren, quiero hablar contigo, Luci —los invito a entrar—. Necesito tu ayuda.
—Vaya, Ale, qué linda es tu habitación. Las veces que vine antes no me había fijado —habla Luci, mirándolo todo—. Oh, ¿ese es el baúl de papá? ¿Qué hace aquí?
Asiento diciendo que me lo había dado su mamá, enfatizando que lo que tenía era solo de mi incumbencia. Ella me observa con curiosidad.
—Quiero decir, tiene que ver con mi organización —sigo explicando—. Ahora bien, Luci, tenemos un espía y creo que está en tu habitación.
—A eso fue precisamente a lo que vine, mira —dice enseñándome una pequeña estatua sin que entienda—.
Es el espía, lo encontré. ¿Ves? Tiene una cámara en su cabeza.
Lo que no sé es quién lo puso allí, porque en la casa del lago no estaba; tiene que haber sido cuando me mudé para aquí.
Y creo que vi una en tu despacho, por eso estaba mirando si veía una aquí, pero no la veo.
Tomo la pequeña muñeca con incredulidad.
Miro a mi alrededor buscando una como esa, pero es verdad, no existía una.
De inmediato le digo que tenemos que revisar toda la casa porque es de vital importancia.
Pero no es necesario, ya ella lo está haciendo.
Me informa que compró un pequeño robot que detecta todas las cosas que están transmitiendo.
—Así fue como encontré esta cámara —dice con orgullo—. La pregunta es: ¿la desactivo o la dejo para engañar a quien sea que nos esté espiando?
—No me gusta tener que cuidar lo que hablo en mi casa —le aclaro de inmediato con incomodidad—. Es mi refugio, mi lugar seguro, donde bajo toda mi guardia.
—Te entiendo, está bien —ella sigue mirando alrededor—. Limpiaré toda la casa de eso.
Estoy de acuerdo enseguida, pero le ordeno encontrar hacia dónde transmiten y desde cuándo lo hacen. Luego me percato de que mi amigo se ha mantenido callado todo el tiempo.
—Damián, ¿por qué estás tan callado? ¿Te sientes bien? —pregunto con normalidad.
—Estoy mejor, gracias —me mira muy serio—. Cuando tengas un tiempo, quiero hablar contigo a solas. Ahora no, todavía tengo algo que resolver primero. Cuando lo haga, hablaré contigo, Alessandro.
—Estaré esperando —no lo presiono; quiero que volvamos a ser como antes, pero sin exagerar.
—Ahora nos vamos, queremos ver las flores exóticas de mamá —dice Luci, girando la silla—. Hasta luego, Ale.
Cuando se marchan, subo a mi habitación, me desvisto y entro a darme un buen baño. Saco mi teléfono a ver si puedo todavía ver a mi Lili. Y sí, va conduciendo por una carretera, con su cabellera suelta, escuchando música. Me dedico a escribirle un mensaje.
"Voy a cuidarte, aunque no me veas, porque eres esa personita especial para mí.
Me pareces totalmente increíble desde la primera vez que te vi.
Con un corazón hermoso, con cualidades que nadie puede imaginar, ni siquiera yo lo sabía.
Eres alguien a quien amo con todo mi corazón.
Me encantas, Lili. Te amo por ser quien eres y como eres conmigo.
Tú, vida mía, eres la mujer que me hace bien, que hace que sea mi verdadero yo.
Por eso, aunque te fallé, no pienso volver a hacerlo nunca más.
Tampoco quiero cambiarte; en estos momentos, lo único que deseo es que estemos juntos, hacerte feliz, valorarte como te lo mereces y demostrarte lo mucho que me arrepiento de lo que te hice.
No sé cómo probarte esto que te digo, esto que siento por ti.
Necesito que por esta vez confíes en mí, que reconozcas como lo hago yo, que llegaste a mi vida para mejorarla y me has hecho el más feliz de los hombres. Cuídate mucho, cariño."
"Te amo, tu Ale."
Lo envío y pongo el video para ver si lo abre.
La observo que gira la cabeza y de a poco sonríe, detiene el auto y se pone a leerlo.
Y para mi alegría, la veo besar repetidamente el teléfono.
Cómo quisiera que esos besos fueran para mí.
Sigo observándola hasta que llegan a un hotel y apaga el auto.
Me quedo dormido, hasta que la voz de Rufo me despierta.
—Ale, levántate, tenemos que ir a la cripta ahora mismo —abro los ojos y lo veo con las cosas del baúl regadas por el suelo—. Creo saber quiénes son los que tienen encerrados y cómo llegar a ellos.