¡Ups! ¡No me equivoqué! 162. OBSERVÁNDOLOS DE LEJOS
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162. OBSERVÁNDOLOS DE LEJOS

ALESSANDRO:

Lilian apagó su sonrisa tan rápido como había surgido y su rostro adoptó esa expresión tozuda que tanto conocía.

Inhaló profundamente, como si recordarlo le pesara más de lo que quería admitir, pero a mí me preocupaba más lo que diría.

Miguel seguía insistiendo con sus gestos exagerados, completamente ajeno al peligro.

—¿Qué me hizo? —repitió Lilian, saboreando las palabras antes de soltarlas mientras lo miraba con rabia—. ¡Arruinar mi vida perfecta! Eso me hizo.

Al escucharla, sentí que una daga se clavaba directa en mi corazón.

Siempre lo hacían, ¿no? Para mí, ella no era solo una mujer herida, era un campo de batalla, un desafío al que adoraba enfrentarme porque mi victoria sería verla rendirse a mí, amarme, luego de que me perdonara.

Pero antes de que pudiera arrastrarme por los pensamientos, ella siguió hablando.

—Deja la preguntadera y vamos. ¿Listo? —preguntó sin dejar de mirar a su amigo por la ventanilla—. Tenemos que ganar hoy, dijimos que le íbamos a dar el dinero a aquella señora que dices te cuidó de niño, para esa enorme operación y todas sus deudas.

—Tú tienes dinero de sobra, no había necesidad de hacerla esperar —le recordó Miguel, haciendo pucheros como un niño pequeño.

Rufo y yo nos miramos sin entender de qué hablaban. Hasta ahora creíamos que Miguel era huérfano y no tenía a nadie que le preocupara. Tanto a él como a mí, el dinero nos sobraba, pero no solo eso. Rufo era un excelente doctor con un hospital propio, ¿por qué Miguel no le había pedido ayuda?

—No voy a sacar dinero de las tarjetas —escuchamos la respuesta de Lilian—. La traidora de Luci enseguida me va a localizar. Además, el pago de su operación es más de lo que tenemos ganado entre todos.

—Yo pude sacar del mío —siguió protestando Miguel, visiblemente afectado porque ella no lo dejaba.

—¡No te atrevas, Migue! Si lo haces, Luci va a saber que estamos aquí y se lo dirá a Ale. —Era claro que Lilian no me quería a su lado—. Esa traidora me las va a pagar cuando la vea.

Podía ver por el video en mi teléfono a mi Lilian.

Boca suelta, temperamento explosivo, una fuerza inquebrantable en ese pequeño cuerpo.

Esperaba que debajo de esa fachada, su corazón finalmente latiera al ritmo del mío, aunque ella aún se negara a admitirlo y perdonarme.

Pero la pregunta de Miguel seguía pendiendo en el aire como una espada lista para caer.

—Deja de decirle traidora a tu hermana —Miguel puso los ojos en blanco, cansado de jugar al intermediario, pero le gritó—: Y no te hagas la dura. Bien que te gustan todos los mensajes que te manda tu esposo.

—¡El muy bastardo! —continuó. Luego se echó a reír al ver cómo la miraba su mejor amigo—.

¿Cómo puede escribir así y hacerme esas cosas?

No te lo voy a negar, me encantan esos mensajes que me manda Ale.

¡Amo a ese capo de capos, del maldito crimen organizado y lo odio al mismo tiempo! Dale, vamos, nos toca.

Sonrío al escucharlos, pero mi corazón se contrae al escuchar lo último que dice. Pasan por delante de nosotros hechos unas balas, ambos compiten con otros dos, y me doy cuenta de que son hombres de Rodrigo y son muy buenos. Creo que le van a ganar a Lili.

—¡Lili, córtalo o te va a ganar! —escuchamos a Miguel.

—Creo que va a perder, Rufo —Rufo está concentrado mirando a Miguel, casi comiendo sus uñas de lo asustado. Si no fuera porque sé exactamente lo que está sintiendo, me iba a reír de él. Ambos tememos que tengan un accidente—. ¿Por qué crees que pusieron unos profesionales en contra de ellos?

—No lo sé, Ale, pero no me gusta —Rufo se movía de un lugar a otro nerviosamente—. ¡Vaya, sí que mi amor es bueno, lo cortó él! Mira, Ale, cómo le dio la ventaja a Lili. Allá vienen. Es buenísimo y qué lindo se ve, ¡lo adoro! ¿Verdad que es bueno?

Respiré aliviado al ver que lo que decía era verdad. También miraba a mi frío y sereno mejor amigo explotar por las emociones. Realmente amaba con todo su ser a ese chico bonito y me alegré por él, con tristeza en mi corazón al ver la sonrisa triunfante de mi esposa que no me perdonaba.

—¡Es excelente, Rufo! —le di una palmada en su hombro alegremente—. Te digo que puede ganar muchos trofeos.

—Ale… —la risa de Rufo se borró de su rostro y su voz volvió a ser fría y amenazante—. Te lo advertí, ¡quítate esa idea de la cabeza! Jamás dejaré que Migue se exponga a ese peligro, ¡suficiente con el que tiene por ser mi pareja! ¿Capisci? ¡No lo voy a perder!

Solté la carcajada al escucharlo para que se relajara.

Aunque entendía a Rufo. Nadie mejor que yo conocía lo que significaba proteger a alguien que amas en un mundo podrido como el nuestro.

Es un equilibrio constante entre cuidar y destruir, entre amar a alguien tanto que harías lo imposible, y a la vez maldecirte por no poder mantenerlo completamente a salvo.

—Solo te mortifico —sigo riendo al ver su mirada desconfiada—. Mira cómo se le acercan esas ratas al auto de Lili. ¡Diantres, ahí vienen, Rufo, vamos!

Nos mezclamos con nuestra seguridad, impidiendo que Migue, que conduce pegado al público, nos vea.

Luego aceleran y se pierden en la lejanía.

Respiré hondo, sumido en mis propios pensamientos, mientras los motores de los autos aún rugían como bestias enloquecidas en la distancia.

Aunque la carrera había terminado, el peligro apenas comenzaba, y lo sabía bien.

—Es a Lili a quien persiguen, vamos —señalo corriendo a montar en mi auto, al ver cómo los conductores que compitieron con ellos recogen a los enemigos y los persiguen.

—No te preocupes, Ale. Observa qué estrategia tan inteligente desarrollan los de seguridad. Son lo mejor de lo mejor, ya los perdieron —ríe Rufo, feliz, y es verdad. Ellos impidieron que persiguieran a Migue y Lili; nos detenemos para ubicarlos.

—No están lejos —me asombra ver a dónde han ido a parar—. Dobla a la izquierda, ¿qué vinieron a hacer a este barrio de mala muerte?