¡Ups! ¡No me equivoqué! 146. NO PUEDO DECIRTE
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146. NO PUEDO DECIRTE

ALESSANDRO:

El peso de la desesperación se hacía más intenso a cada segundo que no sabía en dónde estaba mi esposa.

El tiempo se retorcía en torno a mi pecho.

Tenía que actuar rápidamente, sin importar el coste.

La mafia no perdona los errores, y menos aún si esos errores te alejan de lo que más amas.

Apreté los dientes, mi mente dibujando escenarios oscuros y retorcidos donde la traición y la deslealtad acechaban en las sombras.

—Ya la encontré, Alessandro, ella habló conmigo —la escuché decir para mi alegría—.

Pero me hizo prometer que no te lo diría.

Déjala que se le enfríe la cabeza, no sé qué le hiciste, pero necesita enfriarse.

Hazme caso, te iré informando por dónde va y lo que hace.

No la sigas ahora, dale espacio, lo necesita, está muy abrumada, abatida y furiosa.

No te va a escuchar ahora, no lo va a hacer.

Cuando ella empiece a extrañarte, irás a su encuentro.

—Por favor, Luci, corre mucho peligro —ruego sin vergüenza—. ¿Dime al menos para dónde fue?

Luci me miró, con la inocencia pintada en su rostro, sabía que tenía razón, en la mafia, cualquier error puede costarte la vida. Tenía que entender que podía perder a su querida hermana.

—Humberto y Estefan se fueron con ellos y todo el cuerpo élite tuyo.

Se fueron a Rusia —la miré aterrado; era el lugar más peligroso a donde podía ir—.

Pero de ahí no sé para dónde irán, porque dejaron todos sus teléfonos aquí en el aeropuerto con los autos y ella no me quiso decir cuáles eran sus intenciones.

Mañana, cuando me llame y pueda coger su teléfono, te diré dónde están.

La miré con incredulidad; la seguridad de Lili era lo más importante, sin importar la promesa que le hizo hacer. Yo era el Capo de capos, el más cruel de todos, y si se enteraban de que ella era mi esposa y andaba sola con unos pocos hombres, podría ser fatal.

—No puedo perderla, Luci. Prométeme que harás lo que sea necesario, que no permitirás que nadie se interponga en nuestro camino —exigí con vehemencia.

—Hazme caso, Ale, deja que te extrañe. Mi hermana te ama más de lo que tú puedes imaginar —se detuvo titubeando.

Luego se llenó de valor y continuó—. Lo que hayas hecho, trata de disculparte con todo tu corazón, toma.

Ese es el correo al que me pidió que le escribiera.

Hazlo tú, llénale el correo de cosas lindas.

Lili es muy romántica, eso nunca lo tuvo con Andy.

Dale ese amor de novelas que ella espera y no la sigas por ahora.

Me voy a la casa del lago; me siento sofocada hoy.

—Gracias, Luci —no podía detenerla ni obligarla—. No olvides informarme de cada cosa que sepas de ella, no le pierdas la pista y, si está en peligro, avísame.

—Descuida, estaré vigilándola —prometió mientras se alejaba.

Observo el papel con la dirección que me dio Luci, vuelvo a escribirle el primer mensaje que le envié a ese correo y le escribo algo más.

"Siento mucho haber actuado como lo hice. No haber medido las consecuencias de mis actos. Los celos me cegaron. En ningún momento quise ofenderte ni lastimarte como lo hice. Soy muy infeliz por haberte ofendido, haber provocado ese dolor en ti, que eres lo que más amo en este mundo.

Te pido de rodillas que perdones a este loco enamorado, que no se detuvo por un momento a pensar que tú jamás lo engañarías. Haré cualquier cosa que quieras con tal de ganarme tu perdón. ¿Quieres que vaya a donde quiera que estés? Dejaré todo si me lo pides, solo importas tú en mi vida.

Te extraño tanto, Lili. Muero sin ti. Perdóname, amor."

"Tu Ale."

Abro la tercera gaveta y saco el pequeño cofre negro, con un dragón en su tapa. La puerta del despacho se abre y entra Rufo, que ha terminado de llamar a todos, dándoles una explicación de por qué se cancelaba la boda.

—Ya lo arreglé todo, Alessandro; aunque debemos ir a reunirnos con los dragones en la cripta —se deja caer en un sillón frente a mí—. ¿Alguna noticia de ellos?

—Se fueron a Rusia, me dijo Luci —le señalé enseguida.

—¿A Rusia? Vamos a seguirlos, Alessandro, ahora mismo. Sabes que están en peligro; allá están nuestros mayores enemigos. Vamos, Ale, por favor —me ruega, haciendo que la culpa de verlo así, de ocasionarle este dolor, me mate.

—No sabemos si se quedarán allá. Luci me dijo que mañana me va a decir para dónde van —lo detuve, ya estaba de pie, listo para correr detrás de Miguel—.

Mejor vamos a realizar esa reunión. Ya llamé a mi casa en Moscú, para que tengan todo listo y la vayan a recibir.

También alerté a toda la seguridad para que los cuiden.

—¡Por Dios, Ale! ¿Cómo pudiste hacer eso?

¿Por qué no me consultaste como haces siempre?

—se alteró por primera vez desde que lo conozco conmigo.

Él nunca pierde su serenidad—. Migue está herido en un brazo y no sabe ni disparar un arma.

Si le llegara a pasar algo de veras, Ale, no sé qué sería de mí.

Nunca en mi vida había amado a nadie como lo amo a él.

Siento que no puedo respirar y mi corazón apretado pujando para poder latir.

Estoy muriendo sin él, te lo juro, vamos detrás de ellos ahora mismo.

Su mirada estaba llena de desesperación.

Estaba consciente de que el amor y el peligro están entrelazados en este mundo nuestro.

Aquellos que se atreven a amar en esta vida siempre están al borde de un abismo, y no podía permitir que mi única razón de ser cayera en esa trampa.

Tenía que actuar rápido, lo sabía. Miré a mi mejor amigo como se deja caer en el sillón con el rostro en sus manos.

—Yo estoy igual, mi amigo, creo que moriré si no la encuentro pronto —me pongo de pie y voy a su lado, colocando una mano en su hombro—. Perdóname, Rufo, perdóname. No sé qué me cogió; desde esta mañana que subí y vi que el camisón no estaba manchado de sangre, empecé a pensar cosas malas.

—¿Es por eso que te la pasaste todo el tiempo raro? —levantó su cabeza sin ocultar sus lágrimas—. ¡Pudiste decirme, estuvimos desde que nos levantamos juntos! ¿Es que ya no confías en mí?