¡Ups! ¡No me equivoqué! 136. UNA CONVERSACIÓN EN FAMILIA
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136. UNA CONVERSACIÓN EN FAMILIA

LILIAN:

Cuando me despierto, ya Ale no está a mi lado. Me doy cuenta de que me lastimé un poco las rodillas y los codos, y que Ale me curó. Me doy un baño y me pongo ropa cómoda. En la cocina, me encuentro con mamá y Ninetta.

—Buenos días, ¿todo bien, mamá? ¿Ya se levantó Luci? —miro alrededor buscando a mi hermana.

—No, todavía duerme aferrada a Damián, y él no se mueve —contestó de mala gana mientras me servía un jugo.

—¿Qué quieres decir con que no se mueve? ¿Le pasa algo? —la miré con preocupación. Ayer mismo se puso de pie de un golpe por la adrenalina. Como doctora, sé que eso puede ser muy peligroso en un paciente operado que acaba de despertar del coma.

—No, hija, quiero decir que está despierto, pero para no despertar a Luci, está ahí sin moverse —me aclara mamá.

—Déjalos, mamá —suspiro al verla moverse inquieta de un lugar a otro.

—Lili, no me gusta que quieras que se enamoren —al fin dice lo que tiene en su mente—. No quiero que Luci sufra cuando Damián se ponga bien y se marche, así que deja de hacerlo.

La observo en silencio. Tomo mi jugo mientras niego que haya hecho una cosa como esa. Si pasa, es porque ellos quieren, no porque yo les inculque nada. Pero no voy a negar que me ilusiona la idea de que se enamoren.

—Mamá, Damián estuvo casado con una chica que tenía lo mismo que Luci, y por lo que pudimos ver, no le importó —le recuerdo a mamá—. Más bien se puso a producir una vacuna para curarla.

—¿Qué quieres decir con eso, Lili? —cuestiona Migue al entrar al comedor con el antebrazo vendado.

—¿Y eso, Migue? —quiero saber señalando su brazo vendado—. ¿Era tan seria la herida? ¿No dijiste que era un rasguño?

Migue lanza una carcajada corta, con ese tinte irónico que tan propio es de él. Se lleva la mano al vendaje, masajeándolo con cuidado, mientras se acerca despacio. Me abraza y me da dos golpes severos.

—Era un rasguño, hermana, pero el exagerado de mi papichuli me lo vendó así, dice que para que no se me vaya a infectar.

No era grave, aunque… —se burla mientras tuerce su mirada un segundo antes de plantarme sus ojos—.

Aunque a veces me pregunto si realmente importa el daño físico, o si lo que más nos destroza es lo que no vemos.

Frunzo el ceño, intentando descifrar qué quiere decir. Migue no suele hablar con seriedad, y mucho menos con tantas vueltas.

—No debe ser solo un rasguño cuando Rufo te lo vendó así —lo miro severamente, al ver que no se toma en serio—. No es de ese tipo de doctor que toma medidas sin necesidad. Si te lo hizo, es porque es profundo y teme que se infecte. Rufo no es un exagerado, Migue.

—Eso es con sus pacientes, pero conmigo lo es cariño, ¡un exagerado! —dice frustrado—. Ahora, aclárame eso que dijiste. ¿La Elsie doble de Luci padecía la misma enfermedad que ella?

Mamá, que se había mantenido ocupada revisando algo en la cocina, suspira con exasperación. Se queda en silencio unos segundos pensativa al escuchar mi pregunta.

—Sí, la buscaron con la misma enfermedad —contesta mientras sirve el desayuno de ambos—.

Cuando las buscaron, trataron de que coincidieran en todo.

Pobre chica, estaba llena de granos infectados cuando apareció.

Al menos, aunque la estaban utilizando para hacerse pasar por Luci, le atendieron la enfermedad con los mejores doctores y medicinas que existían, como a Lucila.

—¿De verdad? —nos asombramos ambos.

Mamá sigue diciendo que mi padre Kenet era muy meticuloso. En el caso mío, buscaron a una chica con mi mismo grupo sanguíneo. Era un poco más baja que yo, y no se me parecía mucho; el cabello era casi igual, podían confundirla conmigo.

—Aunque tiene un lunar que tú no tienes, Lili —da un sorbo a mi café.

—¿Un lunar, mamá? ¿Dónde? —eso me interesa de inmediato—. Eso puede ser algo bueno para identificarla.

Eso es un indicio que me diferencia y que puede ayudarme. Mamá, al ver mi interés, me cuenta que lo tiene detrás de la oreja izquierda, es como una mancha roja de nacimiento que se le adentra en el cabello.

—Te lo enseñé en las fotos que te di el otro día.

Kenet quería hacértela a ti, pero yo no lo dejé —sigue diciendo para mi sorpresa—.

Lo convencí de que, como era en ese lugar, el cabello de ustedes lo cubría y al final me hizo caso.

Kenet guardaba todas las cosas de ellas como pruebas de quiénes eran en realidad cuando las encontraron, por si algún día había necesidad de demostrarlo.

—¡Vaya, mamá! —exclamo emocionada—. Nos has estado escuchando debatir sobre ellas todo este tiempo y no dijiste nada. Ayer mismo estuvimos hablando sobre ellas delante de ti, ¿por qué no dijiste eso?

Mamá suspira visiblemente agotada. Todo esto la tiene de lo más nerviosa y confundida, es verdad eso; pero ahora fue que se acordó.

—Ayer, aunque estaba presente, mi mente solo tenía el hecho de que Luci estaba casada de verdad con Damián —confiesa con manos temblorosas—. Apenas si escuchaba lo que ustedes hablaban.

—¿Y dónde están todas esas pruebas? —me intereso.

Todas esas pruebas le hacen falta a Alessandro para demostrar mi identidad. Mamá me cuenta que todas están en el baúl de mi papá, ese que me dijo el otro día. Estaba debajo de mi cama en la casa del lago.

—Cógelo y dáselo a Alessandro, a lo mejor encuentran algo que les sirva. La llave, por fin, la encontré; está en mi cofre de joyas —me señala mamá—. Tráelo también, ¿le diste el que te di?

—¡Oh! —hago un gesto con mi mano—. Se me ha olvidado decirle eso. Lo dejé en una gaveta de su despacho, se lo diré hoy.

—Tienes que decírselo, Lili —dice mamá—. Creo que hay cosas muy importantes en ese cofre que él debe saber. Tu papá me insistía mucho en eso.

La abrazo con cariño diciendo que en cuanto lo vea se lo diré. Ahora mismo iría a buscar el otro que está en la casa del lago. Mamá se pone de pie diciendo que iba a ayudar a Ninetta en su huerto a ver si se calmaba. Lo de anoche fue demasiado para ella, aún está muy asustada.

—Está bien, mamá, nosotros regresamos rápido —le comento, mientras veo cómo come Migue.

La vemos alejarse muy nerviosa, hasta adentrarse en la cocina. Seguimos comiendo en silencio hasta que Migue suspira.

—¿Qué tienes, Migue? —cuestiono al percatarme de que le pasa algo.