129. COMPRENDIENDO LA MAFIA
LILIAN:
Alessandro me miró y tomó mi mano. Parecía debatirse entre responder o ignorarme. Pero yo no pensaba apartarme sin más. Lo observé con los ojos entrecerrados, sintiendo el enojo subir por mi pecho. A él siempre le gustaba omitir los detalles importantes.
—No es nada, Lili, ya Rufo se está encargando del asunto —respondió escuetamente.
—Está bien —repliqué, tratando de mantener el temple, aunque la furia empezaba a asomarse en mi tono—. Pero recuerda que dijiste que me mantendrías informada de todo. Di lo que sea, Alessandro, ¿de qué fue advertirte esa abogada en el salón de baile?
El abuelo, al escuchar mi pregunta, miró enseguida a su nieto con el ceño fruncido. Alessandro, al verlo, se apresuró a explicar que había habido varios intentos de extraer dinero de unas cuentas, así como se habían detectado cambios en algunos contratos y todos alegan que lo hizo la señora Minetti.
—¿YO? —esto se está poniendo bueno.
Alessandro no me hizo caso, siguió hablando con su abuelo. Incluso había habido un intento de cancelar todos los contratos para realizar la boda que hemos estado preparando —lo observé llena de incredulidad—. Sin contar lo de la tienda de autos.
—Pues eso es muy serio, tienes que ir a poner la firma de Lilian en todo, para que los bancos no se engañen —ordenó el abuelo con vehemencia—. Y de paso informarle a todos nuestros cooperativos de que la señora Minetti, por el momento, no está a cargo de ninguna negociación.
—No puedo hacer eso, abuelo, se te olvida que pusiste a Luci a hacerse pasar por ella —respiré aliviada al escucharlo.
Sentía que entre más me pusieran en sus cosas, menos iba a poder escapar de la mafia—.
Hay unos cuantos contratos que están bajo la firma de Lilian.
No te preocupes, Rufo lo está arreglando.
Alessandro apretó su mandíbula, un claro signo de que estaba al borde de perder la paciencia con todo lo que estaba sucediendo. Pero en mi mente tenía un problema que quería resolver: el matrimonio de mi hermana.
—Cambiando de tema, chicos. Sigan investigando sobre eso, ahora yo quiero hablar de lo que pasa con mi hermana menor y Damián. Quiero saber qué va a pasar con ellos, ¿van a seguir casados? —fui directo al punto—. ¿Entonces quiere decir que Luci se casó primero que yo, mamá?
Todos guardaron silencio; mamá estaba realmente nerviosa, repitiendo que todo era una locura.
No le gustaba ese matrimonio, aunque creía que debíamos cuidar todavía de Damián, él está empecinado en que Lucila es su esposa.
Aun cuando le dijeron la verdad, escuchó cuando le dijo a mi hermana que no le importaba, que para él ella era su esposa, la que amaba.
Mamá, desconcertada, se introdujo en la casa y fue directo a verlos, y los vio abrazados, dormidos los dos.
—Realmente es una locura, una locura —murmuraba mamá nerviosamente, sin dejar de observarlos—. Casados, casados, ¿quién se iba a imaginar que pasara una cosa así?
—Mamá, no te mortifiques —al verla tan desconcertada, la abracé por la espalda, observando también a Luci y Damián dormidos profundamente—. Ojalá y se enamoraran de verdad, mamá. Él no es malo, y Luci necesita un amor.
—¡No digas eso, hija! —me regañó mamá—. Ella es una niña todavía, y no quiero que la ilusiones, Lili, ¿me escuchas? ¡Damián nunca se va a fijar en ella!
Nos alejamos del cuarto rumbo a la cocina, mientras le decía que por qué no. Ya están casados hace mucho. Mamá me miró molesta mientras me advertía que dejara esa idea; me conocía muy bien.
—No te metas, déjalos tranquilos, están bien como están, como si fueran hermanos —me señaló mamá, mientras se giraba a verme—. Lili, quería hablar contigo. Hoy me llamó Andy por teléfono, no sé cómo obtuvo mi nuevo número.
—¿Andy? ¿Qué quería? —estaba realmente asombrada. Hacía días que no sabía nada de él.
Según ella, Andy quería hablar conmigo, que tenía algo muy importante que decirme. Y como siempre, ella creía que debería escucharlo y terminar de aclararlo todo, para que pudiera seguir con su vida. Le había asegurado que me amaba de veras y que tenía una explicación para lo sucedido.
—Deberías al fin aclararle todo, Lili —terminó ella mientras me servía un jugo.
—¿Lo crees, mamá? Me estuvo engañando por mucho tiempo, sé que al final me amó, pero eso no borra todo lo que hizo —estaba molesta con Andy por meter a mi madre en esto—. Está bien, hablaré con él después de la boda, la otra semana. Díselo si te vuelve a llamar.
—Dijo que tenía que ser antes de la boda, hija, que era de suma importancia —insistió mamá—. Que a lo mejor ni te casabas cuando te enteraras.
—¿No le dijiste que solo es una fiesta, que ya estoy casada? —quise saber mientras me sentaba y tomaba el jugo.
—No, no dije nada de eso. Insisto en que lo escuches, hija —ahí estaba de nuevo, un poco más y estaría rogando porque aceptara de nuevo a Andy—. Parecía algo muy serio. Estuve escuchando que su familia está en la ruina.
—¿Y todavía preguntas a quién salí yo? —no pude dejar de reír, aunque por dentro lloraba.
Por eso papá hizo todas esas locuras sin que ella se opusiera—.
Está bien, lo haré, escucharé eso que tiene que decirme.
Quiero decirle bien la verdad; lo último que le dije, todo era mentira, le aclararé que nunca lo he amado y que siga con su vida. Mañana lo llamaré para ver qué quiere.
Le doy un fuerte abrazo a mi pobre e ingenua madre, viendo cómo a cada rato va a observar a la pareja de Luci y Damián durmiendo abrazados. Aún le parece mentira que estén legalmente casados. La dejo en su mundo de preocupación, sintiendo cierta pena por ella.
Caminamos rumbo a la casa en silencio. Rufo y Migue van de la mano, felices; el abuelo habla con Alessandro, mientras yo voy agarrada de la mano de él, pensando en qué es eso que me querrá decir con tanta urgencia Andy.
¿Debería decírselo a Alessandro? Por otro lado, ¿será verdad que esa chica se parece tanto a mí?
—¿En qué piensas, Lili? —cuestiona Alessandro al llegar a la habitación, quitándose la camisa.
No contesto de inmediato. Mi cabeza bulle de ideas y pensamientos encontrados. Aunque estoy recuperada, según los últimos resultados de las pruebas que me hice. Tanta información me ha hecho doler la cabeza. Pero no le digo nada, no quiero preocuparlo.
—Ale, esa chica es muy peligrosa, ¿verdad? —rompí el silencio—. ¿Crees que te puedes confundir? ¿No, verdad? ¿Nunca ella te engañaría a ti?