128. DEBEMOS INVESTIGAR
LILIAN:
Mi madre bajó la mirada abochornada. Una oleada de rabia y tristeza se encendió en mi pecho, pero no dije más. Ella había dejado que mi padre me convirtiera en un objeto, en un premio para el peor de los mafiosos. Y ahora, cuando más desesperada estaba, todo lo que hacía era evadir.
—Tu padre hizo lo que creyó mejor, Lilian —murmuró, llena de una resignación antigua que le conocía demasiado bien.
La abracé, arrepentida de mi arrebato. Mamá era de esas mujeres que hacen todo lo que su esposo decide.
Me había criado y protegido lo mejor que pudo.
Ella había nacido para ser madre. En su mente solo estaba ser esposa, tener hijos y vivir una vida tranquila.
Pero mi padre la había metido en este mundo plagado de peligros.
—Lilian, mujeres como Kelly hacen de todo por alcanzar su objetivo —se dirigió el abuelo a mí—.
Hace unos años, hubo un intento de reclamo de tu herencia.
Y ahora recuerdo que era ella. Yo no le di importancia porque los mismos abogados se dieron cuenta de que no eras tú, porque no coincidían los nombres en las inscripciones de nacimiento de ustedes y los que existen en Escocia.
Ella asegura ser la hija de Kenet y tu mamá.
Además, se negó a realizar la prueba de paternidad.
Lo miré sorprendida; era evidente que mi mente no generaba esas ideas y estaba completamente ajena a los enredos de la mafia. Observé a Alessandro, que en esos momentos miraba a su abuelo con incredulidad. Parecía que el señor Minetti le había estado ocultando cosas a su nieto.
—¿En serio, abuelo? ¿Por qué no me hablaste de eso? —cuestionó Alessandro con incredulidad.
—¿Para qué, Alessandro? Eso sucedió cuando Celia había fallecido —el abuelo se detuvo, jugando con su barbilla y los ojos entrecerrados.
Era evidente que hacía un gran esfuerzo por recordar—.
Ahora me percato de que coincide con la muerte de su supuesta hermana, Denis, que según supe, era una buena e inocente chica que sacaron de otro orfanato porque parecía tener la misma enfermedad de Luci.
Estaba muy mal, me contó el amigo de Kenet que las tenía.
No son hermanas de verdad. Tiene razón en eso Damián, yo lo comprobé.
—Debe haber sido muy inocente Denis, porque casarse en lugar de la que creía su hermana no debe haber sido fácil —suspiré al darme cuenta de que no solo nosotras estábamos sufriendo por las decisiones de otros.
Ella había muerto—. En verdad, se parecían en aquel entonces a nosotras, ahora de adultas no tanto.
Mamá tomó mis manos asegurando que mi doble, Lesie o Kelly, no se parecía a mí. Pero Denis, que se hacía pasar por Luci, sí se le parecía mucho. Tenían la misma carita. Parecía su hermana gemela.
—Bueno, eso quiere decir que nadie que me conozca me va a confundir con esa loca —respiré aliviada al escucharla.
—Querida —interviene Alessandro, muy serio—.
¿Es que acaso se te olvidó lo que acaba de hacer Kelly en la tienda de autos?
Es verdad que ellos no te conocían. Pero las fotos que trajeron de ella a la reunión de los Dragones se parecen mucho a ti, Lili, solo que no tiene el cuerpo tan estilizado ni las piernas largas como tú; es más bajita.
—Es verdad, llevaba unos enormes tacones que jamás me pondré —estuve de acuerdo.
Alessandro agregó que Kelly tampoco tenía los ojos tan verdes como los míos, ni su boca es carnosa y roja como la que poseo. Sonreí al escucharlo, por lo menos a mi hombre, esa loca no iba a poder engañar, y eso me llenó de alegría.
—Me di cuenta enseguida de que no eras tú —aseguró con una sonrisa—. Pero con los extraños, fácil puede hacerse pasar por ti. Ya viste cómo en la tienda de autos le creyeron todo.
—¿En serio se parece tanto a mí? —estaba confundida, acababan de decir que no se parecía tanto, pero al mismo tiempo podía pasar por mí—. ¿La vieron bien? En los videos no se ve claro.
Estuvo de acuerdo conmigo; en los videos no se distingue bien; sin embargo, en las fotos y la biografía que trajo el ruso Dimitrov a la reunión de su organización, "Los Dragones", casi era una copia mía para los que no me conocían bien.
—Y empiezo a creer que lo que dice abuelo es verdad. Alguien de los Dragones quiere suplantar a mi esposa para obligarme a hacer algo —señala, mirando a Rufo, que asiente comprendiendo a quién se refiere.
Me quedé quieta un segundo al escucharlos conversar sobre eso delante de mamá y yo.
No sabía si quería golpearlo o simplemente gritarle hasta quedarme sin voz.
¿Cómo podía haberme ocultado todo eso? Yo era la primera que debía saberlo.
Me sentía tan atrapada y lo peor es que no veía la salida por ningún lugar.
—Es cierto lo que dice Alessandro, puede confundir a unos cuantos.
Cuando miré la foto la primera vez, llegué a pensar que era Lilian; me tuve que fijar muy bien para darme cuenta de que no lo era —declaró Rufo, que mantenía su calma habitual—, aunque tengo la sensación de que se ha hecho cirugía plástica para parecerse más a ti.
En cuanto a eso que dices, Alessandro, estoy de acuerdo, y creo que debemos empezar por el alemán y el ruso, sin olvidar al dragón que vimos en las fotos aplastando al negro.
—También creo que, ahora que se ha presentado esto, de alguna manera ellos pueden estar envueltos en toda esta trama junto con ese desconocido —concuerda Alessandro.
Me quedé en silencio mientras escuchaba a los tres grandes mafiosos hablar de lo que harían. Moverían todas sus redes para desenmascarar a los traidores, de seguro que solo están detrás del dinero.
—Tu padre se quejaba mucho de ellos —el abuelo parecía haber retomado su papel de capo mayor—. No me extrañaría que estuvieran metidos en su desaparición. Según mis informes, fue con Berthold, el alemán, el último con quien habló tu padre.
Alessandro guardó silencio un momento. Contó que le habían hecho una tremenda oposición en la reunión de "Los Dragones"; todo el tiempo estuvieron poniéndolo a prueba. También se sorprendieron mucho cuando Rufo anunció que la señora Libia vivía con nosotros.
—Rufo, realmente me comienza a preocupar esa falsa hija de Kenet —señala Alessandro, preocupado—.
No sé explicarlo, pero después de la visita de la abogada de la familia para advertirme, no me gusta nada.
Y ese atrevimiento de ir sin miedo a comprar unos autos a nombre de Lili, hace que se sienta muy confiada.
Como si tuviera mucho poder y no le teme a nada.
—¿De qué te advirtió esa mujer, Ale? —quiero saber, llena de curiosidad.