125. INCÓGNITAS Y DESEOS
LILIAN:
En la terraza estamos reunidos, después de pasar por la computadora donde comprobamos que es verdad.
Luci es la esposa legal de Damián. Para estar seguros, nos comunicamos con el abogado personal de él, quien nos confirma que efectivamente, había descubierto quiénes éramos mi hermana y yo en realidad.
En verdad había mandado a buscar todos los papeles a Escocia; pero por alguna razón, en vez de casarse con Leslie Lemert, que era con quien se suponía estaba casado, decidió hacerlo con Elsie en aquella época.
El abogado también nos dice que le había solicitado que inscribiera su matrimonio con Leslie Lemert, cuando pasaron todos los últimos acontecimientos.
Pero que él no llegó a decirle que no podía, porque ella ya estaba casada con Alessandro Minetti y él también con Elsie Lemert, quien, por una extraña razón que no entiendo, no estaba declarada muerta.
—¿Qué va a pasar ahora con ellos? —quiere saber mi madre, la señora Libia, preocupada.
—¿A qué te refieres, mamá? —La observo con preocupación.
—A que Luci ha estado casada con Damián de papeles todos estos años —sabía que se refería a ese hecho, pero mi mente todavía lo estaba procesando. ¿Y si yo también estuviera casada con alguien sin saberlo?
Miré a mi madre mientras buscaba respuestas, casi con desesperación.
Estaba frente a mí estrujando las manos nerviosamente.
La abracé fuerte queriendo borrar esa expresión de su rostro.
Mamá era buena, aunque había escondido grandes secretos, ella realmente creía que lo hacía para protegernos.
Ahora esos arreglos de papá se nos estaban presentando y sólo podíamos resolverlo.
—Esto... —¿qué podía decir? Respiré hondo y miré a Alessandro en busca de ayuda nerviosamente—. Esto no tiene sentido. ¡Nada tiene sentido! ¿Cómo es posible que... que todo esté enredado de esta manera? ¡Matrimonios aquí, matrimonios allá! ¿Qué clase de telenovela es esta?
—Doctora Lilian… —me llamó el doctor Rufino—. Controle sus emociones, porque en este momento no podemos darnos el lujo de perder el enfoque. Todo tiene solución.
—Perdón doctor, pero esto me sobrepasa —solté una risa nerviosa, tan sarcástica que incluso yo me asusté.
Todos guardamos silencio en la terraza. La leve brisa nocturna apenas lograba aliviar el calor que emanaba de nuestros cuerpos. Las mentes buscando soluciones para este hecho.
—No es tan difícil, dejen de preocuparse. En cuanto Damián pueda regresar a Francia, puede divorciarse de ella o anular ese matrimonio —volteamos la cabeza al escuchar a Rufo—. Al final, su verdadera esposa está declarada muerta; el abogado debe estar equivocado en eso.
—No lo está —volteamos al escuchar al abuelo hablar—. Eso que dijo el abogado es verdad.
—¿A qué te refieres abuelo? —Observamos al abuelo temiendo lo que va a salir de su boca.
Mamá me aprieta una mano y me percato que las tiene muy frías.
Si tan sólo nos hubiera contado todo desde que murió papá, quizás hubiéramos buscado una solución antes.
La abrazo en lo que escuchamos al abuelo explicar que hicieron vigente que Leslie y Elsie Lemert están vivas, para inscribirlas como las herederas de Kenet.
Al hacerlo en Escocia, y salir declarada muerta en Francia, tuvieron que llevar a cabo todo un proceso para lograrlo.
—Eso es cierto —agrega Rufino—. Cuando estábamos en el proceso, tuvimos que decir que la de Francia era falsa y demostrar quién realmente era esa pobre chica.
—¿Abuelo, eso que me estás diciendo no lo hicieron cuando murió el padre de Lilian y creías que ellas también? —Alessandro lo mira confundido.
—No, Alessandro, eso fue cuando supimos quiénes eran ellas, hace poco.
Cuando te envié los papeles a Milán, ya había iniciado todo el proceso para declararlas vivas y herederas de Kenet —aclara el abuelo, haciendo que mi corazón lata de forma acelerada ante esas declaraciones—.
Tuve que demostrar que era cierto, que estaban vivas.
Llevé a Luci, Lili y a la señora Libia conmigo al juzgado allá en España, y luego a la embajada de Escocia, y las declaramos vivas.
—¿Era eso lo que fuimos a hacer a aquella embajada, señor Minetti? —cuestiona mamá, aferrándose a mí.
Lo observamos, esperando su respuesta. Quise gritarle que nuestra vida seguía siendo nuestra, que no tenían derecho a hacer todo eso sin consultarnos, pero algo en su rostro me detuvo.
—Sí, señora Libia. Por favor, disculpe —observé al abuelo, quien inclinó levemente la cabeza delante de mamá, con una mirada llena de conmoción.
Queriendo explotar e insultar a todos, mordí mis labios sin emitir una palabra—.
Mi intención primera fue ver si lo que usted me había contado era cierto.
Al ver que me decía la verdad, que era realmente la esposa de Kenet Lemert, comencé todos los trámites para declararlas vivas en Escocia con la intención de devolverles todo.
La sonrisa desapareció de sus labios, reemplazada por una mirada sombría.
Alessandro dio dos pasos hacia su abuelo con el ceño fruncido, y supe que no sabía nada de eso.
Era extraño, quizás lo había olvidado. Luego dirigió la mirada hacia su segundo.
Rufo no dijo nada; sólo indicó que escuchara a su abuelo. Éste, al verlo, se apresuró a seguir.
—Alessandro, primero debía asegurarme de que Lilian era en verdad la hija de Kenet —el abuelo me señaló todavía con su mano temblorosa—.
Y eso solo lo podía demostrar el tatuaje que tenemos en nuestro cuerpo, ligado con el del dragón rojo.
Existía un rumor de que ellas no eran las verdaderas, sino las dobles que tenía su amigo.
—¿En serio, señor Minetti? —Mamá se desprendió de mí y lo enfrentó con una seriedad que me sorprendió—.
Jamás le habría permitido a Kenet separarme de Lili, y mucho menos de la pequeña Luci.
Cuando todo pasó y ella perdió a sus padres, se puso muy mal con su enfermedad.
Llegué a pensar que la iba a perder. Estuvo ingresada mucho tiempo; no me separé de ellas ni un instante.
Tenía a Lili también conmigo en el hospital, porque Kenet estaba en Escocia.
El abuelo la observó fijamente. Asintió, diciendo que lo había investigado muy bien y no tenía dudas de que eran las verdaderas. No tenía idea de cómo Damián no descubrió que su esposa no era de verdad Luci, con lo meticuloso que es. Alessandro y Rufo intercambiaron una mirada de entendimiento.
—Veo la mano de su padre metida en esto.
Estoy seguro de que el detective que contrató Damián trabajaba para el viejo Cavalieri.
Debe haber descubierto la trampa en que habían hecho caer a su hijo y quiso arreglarlo.
De seguro quería restregarles la verdad a los que mandaron a la falsa Elsie a casarse con él —continuó el abuelo con seguridad—.
Damián, en vez de casarse con Leslie, lo que hizo fue casarse con la doble de Luci.
Eso lo debe haber enfurecido mucho, y hasta quizás mandó a matar a esa pobre chica.