¡Ups! ¡No me equivoqué! 122. ENTRE SUS BRAZOS
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122. ENTRE SUS BRAZOS

LILIAN:

Me dejé llevar por Alessandro mientras Migue nos guiaba desde la esquina.

Avancé decidida balanceando mis caderas, irguiendo mi bien definido busto, que este vestido lo resalta muy bien; sintiendo como provoco que el cuerpo de mi hombre se tense.

Sus ojos son llamaradas de deseo contenido, me devoran, se pasa continuamente su lengua por sus labios, todo su cuerpo está contraído.

Como un dragón al acecho de su presa. Aunque yo no soy una presa, me siento un depredador listo a comerse a su contrario, a reducirlo, a someterlo a mis encantos.

Nos detenemos muy cerca uno del otro, sin tocarnos, sintiendo nuestras respiraciones agitadas, coloco mi mano derecha en el fuerte, caliente y sudado pecho de mi hombre. Él me toma la cintura con su brazo derecho y avanzamos en círculos así, midiéndonos, sintiéndonos, deseándonos, enloqueciéndonos.

—Eso es, ahora Alessandro avanza tu pierna derecha y déjala caer sobre ella. Lili no tengas miedo, acuéstate en la pierna y el brazo de él, no te va a dejar caer. Demuestra que confías de lleno en tu hombre —aunque no entiendo bien lo que sucede, no pienso. Decido hacer todo lo que me dicen.

Fijo mi mirada en la suya, me dejo llevar por el impulso del brazo de Alessandro en mi cintura.

Caigo hacia atrás como si me hundiera en un abismo, sin apartar la vista ahora de la de mi Ale, que me sostiene y sonríe al ver que he dejado ir completamente todo el peso, siempre temí en la práctica hacerlo, pero hoy no le temo a nada.

Al hacerlo, mi largo cabello ensortijado llega al piso, al tiempo que mis senos pujan por salir por mi amplio escote.

Disfruto de ver como los ojos de mi Ale van hacia allí y resopla.

No bastando con eso, recojo mi pierna izquierda en un impulso, dejando que asome desnuda por la abertura del vestido, provocando con ello, que Alessandro me levante de un tirón y abrazados giramos rápidamente hasta detenernos.

—Muy bien, acarícialo ahora Lili con tu mano derecha, gírala Alessandro, colócala de espaldas a ti. Lili hazte de cuentas que es tu tubo —sigue guiándonos Migue.

Deslizo suavemente mi mano derecha por el rostro de mi Ale, que ante mi contacto, se tensa y me sigue el juego ladeando su rostro, sonrío, estoy ganando este juego de seducción.

Sigo deslizando mi mano hasta llegar a su pecho, me sostiene por la cintura agitado sin dejar de mirarme a los ojos, queriendo comerme, me gira despacio.

Se para firme con sus piernas abiertas demostrando su hombría.

Yo contoneo con placer mis caderas delante de su pelvis un poco más de lo normal, hasta sentir que se pone duro; luego, mis manos van hasta sus caderas, bajo despacio contoneándome sin parar, terminando en cuclillas.

—¡Ahora Alessandro, Lili párate en la punta de los pies, déjate llevar por Alessandro! Dale tus dos manos como lo hacen todos los días.

Lo hago, entrego mis manos a mi hombre que me las toma y me hace girar a gran velocidad en esa posición para de pronto detenerme; dar un paso atrás al tiempo que tira de mí con todas sus fuerzas, haciendo que salte y quede completamente acostada sobre su cuerpo inclinado diagonalmente.

Nuestros rostros muy cercanos, las respiraciones calientes chocando con el otro, mis pechos endurecidos, contra su musculoso cuerpo.

No me aguanto más, le atrapo el rostro y lo beso con toda la pasión contenida.

Necesitaba tocar su piel, abrazarlo de esta manera, sentir su calor, su olor, ver su sonrisa seductora cargada de deseo, sus ojos diciéndome a gritos que me desea tanto o más que yo; hicieron que me descontrolara, lo beso, lo beso y lo beso,

como si todos los besos que no he podido darle todo este tiempo se los debo.

Él me responde de la misma manera sin cambiar de posición. La música cambia para una más rápida.

Ale sin previo aviso me toma por la cintura, gira conmigo haciendo que mis piernas vuelen junto con mi hermoso vestido.

Se ríe feliz al ver mi expresión de asombro, me besa suavemente antes de comenzar a soltarme de a poco, tengo miedo.

Pero dirijo mi mirada a los ojos de Ale que sonríe ampliamente orgulloso de mí; me relajo, confío en él completamente y el miedo desaparece.

Sigue girando y deslizándome hasta llegar a mis manos.

Me suelta de una manera que hace que me deslice por el piso hasta quedar en una esquina sentada.

Se ríe creo que por mi cara de sorpresa, al ver que me deslicé girando sentada sin golpearme.

Volteo de un golpe mi cabeza para verlo radiante, sudoroso su torso desnudo, realizando una secuencia de ejercicios hasta que se detiene.

Normalmente, debo responder de la misma manera, con una secuencia de ejercicios en que lo ataco; pero decido hacer otra cosa.

Comienzo a gatear como una felina al acecho, despacio sin dejar de observarlo como si fuera mi presa.

—Lili…

No me detengo ante su advertencia, sigo hasta comenzar a trepar acariciándolo con lascivia.

Restriego mis senos desde el nacimiento de sus piernas hasta su pecho, al tiempo que voy pegándome más y más a su cuerpo tenso.

Retrocede, pero yo no lo dejo, despacio subo mi mano desde su abdomen hasta su pecho.

Inicio sin dejar de observarlo a sus ojos, a desabotonar su camisa despacio, se la quito de la misma manera, mientras lo rodeo.

Él no se opone, sin dejar de observarme con sus ojos llenos de deseo.

Giro a su alrededor acariciando su hermoso torso sudado.

Me doy cuenta de que estamos solos, Migue nos ha dejado y cerrado la puerta.

Al cambiar la música, que sigue sonando, me atrapa por la cintura, subiendo una pierna mía a su cadera, haciéndome sentir su dureza; besando mi hombro mientras desliza el vestido hasta desnudar todo mi torso, su boca caliente recorre todo mi cuello, mis senos se pierden en ella.

Cierro mis ojos, levanto mi cabeza para disfrutar aún más de su boca ardiente en mi cuello.

Me impulsa aún más contra su cuerpo. Jadeo al tiempo que muevo mi pelvis encima de la suya.

De un fuerte tirón me hace que monte a horcajadas sobre su cadera, con su cabeza en medio de mis senos.

Dejo caer mi torso hacia atrás completamente, con intención de apoyar mis manos y girar hacia atrás como es la rutina.

En cambio, Ale me atrapa por la cintura y gira así conmigo, hasta volver a levantarme y nos besamos con desesperación.

Deslizo suavemente mis piernas hasta llegar al piso sin dejar de besarnos, lo empujo violentamente colocando mi vestido en su lugar. Ríe ante mi atrevimiento alejándose un poco en espera de ver cómo lo voy a atacar.

—¿Te gusta jugar con fuego? —susurra y me estremezco decidida a todo.