¡Ups! ¡No me equivoqué! 121. FELICES Y DECIDIDOS
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121. FELICES Y DECIDIDOS

LILIAN:

Salimos abrazados felices de la consulta. Llamo a mamá y le cuento todo, ella quería acompañarme, la convencí de que no, prometiéndome a llamarla en cuanto supiera todo. Se pone feliz de que al fin todo esté bien conmigo. Llegamos al estacionamiento, me abrazo del cuello de Ale.

—Al fin amor, podemos hacer cosas. Muero porque me hagas tuya —susurro metiendo mi cabeza en su pecho, aspirando su rico olor a hombre excitado.

—No haremos nada, te tengo una noche muy especial preparada. Quiero que sea mágica como tú me pediste —lo observo sin poder creerlo—. No te preocupes, me aguantaré hasta ese día, puedo con eso.

Alessandro me abraza y me besa en la frente. Seguimos avanzando rumbo a nuestros autos rodeados de todos nuestros hombres de seguridad. Lo abrazo por la cintura y le susurro que podemos hacer juegos sexuales para que se vaya la tensión tan grande que tenemos.

—No te niegues cariño, ¿es que acaso no me deseas así como yo? —Paso mi lengua por mis labios.

—¿No acabo de demostrarte como me tienes amor mío? —Es tan arrogante, que quiero decir un disparate pero me aguanto—. ¿No sientes como te deseo desesperadamente?

Me río en lo que nos introducimos en el auto. Cuando Ale entra le atrapo el rostro y lo beso apasionadamente. Me sigue el juego mientras avanzamos rumbo a nuestro destino. Alessandro me aleja de él llevando mi mano a su instrumento.

—Sí, sí lo siento —lo acaricio riendo al ver como se aleja y gruñe—. ¿Entonces por qué tenemos que esperar hasta el domingo? Hagámoslo hoy mismo. Aunque sea, lo que hicimos en la playa, anda Ale.

—No, quiero aguantar hasta el domingo —me asombra verlo tan decidido a esperar, está tan desesperado como yo—. Porque si juego contigo no me voy a controlar Lili, no voy a poder, lo sé, conozco mi cuerpo. Estoy loco por hundirme en ti.

Vuelve a agarrarme por la nuca, y más que un beso, parece que me está comiendo. Todo mi cuerpo se estremece, y por un momento al sentir el fuego que desprende trato de alejarme.

—Tengo miedo de que me lastimes ese día, Ale —confieso mientras me separo—. O que te desilusiones, que no sea lo que esperas. Recuerda que no sé nada.

—Lo será, yo haré que lo sea, no debes preocuparte por eso —lo observo, sé que es un experto, pero a mi mente viene su gran instrumento y temo—. Te prometí que te haría recorrer el universo y lo haré linda, lo haré. Pero vamos a esperar.

Dejé de insistir, porque ya lo conozco muy bien.

Cuando decide una cosa no se retracta. Y al parecer, ha organizado algo para los dos.

Llegamos a la tienda y me pruebo el vestido, sin dejar que Ale lo vea.

Luego de recogerlo e ir por su traje nos dirigimos a donde nos esperaba Migue, en un salón de baile.

—¿Qué es esto Migue? —quiero saber sin entender.

—Rufo me llamó, dice que tengo que montarles una coreografía para la noche de bodas. Lo olvidamos por completo —observo a mi esposo que habla con los guardias de seguridad—. Es sobre la organización de los dragones.

—¿Sabes de esto Alessandro? —cuestiono, pero me hace una seña que siga con Migue.

Me toma por una mano mientras sonríe picaramente guiñándome un ojo y sigue diciendo que no hacía falta porque Alessandro era tremendo bailarín. Por eso dije que no se preocupara, él me guiaría y yo lo seguiría.

—No es así Lili, no es cualquier baile, es que ni un baile es —lo observé con curiosidad queriendo saber a qué se refería—.

Es una danza de la organización Los dragones.

Rufo dice que tiene que llevar algo que enseñe que ustedes son los número uno.

Vengan aquí, es algo que hicieron tus padres, Alessandro.

—Conozco la coreografía —dijo Alessandro guardando el teléfono—. Estoy cansado de verla con mi abuelo toda mi vida.

—Es difícil Migue, no sé si podré hacer eso —confesé sinceramente.

Alessandro me atrae hacia él pidiendo que lo mirara a sus ojos. Lo hago, me mira fijamente diciendo que lo haría muy bien, él y yo éramos uno.

—Es eso que practicamos cada día en el entrenamiento —me recuerda sin soltarme—. Nada más debemos practicar las cargadas.

—¿De veras bailaremos eso? —Respiro aliviada, pero para mí es solo la rutina de entrenamiento.

—Sí, y deberás llevar un vestido rojo como el que te pusiste el día de la fiesta en el simposio que enseña tu dragón en la espalda —miré a Alessandro sintiendo un estremecimiento.

—Ya no me está gustando mucho —murmuré temiendo hacer el ridículo—. Una cosa es el entrenamiento que nadie me ve, y otra cosa es esto Ale.

—Lili deja de protestar —interviene Migue—, que esto no es más difícil que lo otro que aprendiste, vamos. Ponte el vestido y los zapatos, míralos allí.

—¿Qué otro? —observé a mi amigo desconcertada.

—Nada, nada Ale. Boberías de baile para entretenernos —le contesto haciéndole una señal a Migue de que cierre su bocota.

Me cambio de ropa, es un vestido rojo muy entallado con un gran escote en la espalda, que cae hasta el piso; posee una gran abertura en mi pierna izquierda; los tacones no son altos; pero el tacón se apoya bien.

Ale se quita el saco y la corbata, se arremanga las mangas de la camisa, abre los botones dejando ver su pecho y se coloca en posición.

—¡Woao Alessandro, que viril te ves! —exclama Migue, yo solo paso mi lengua por mis labios, dejando que mi vista recorra a mi hombre.

¡Diosito, gracias por darme este hombre para mí! Trago en seco, tratando de calmar todas las locas sensaciones que se desatan en mi cuerpo con tan solo observarlo.

La música comienza, aspiro profundamente, sin dejar de mantener mi mirada en la de Ale.

Salimos despacio, pisando firme sin dejar de mirarnos desafiantes y deseosos uno del otro, ambos nos gustamos y nos recreamos con lo que vemos.

Y lo siento, ese calor que nace de su deseo y el mío; esa corriente que nos recorre y hace que nos olvidemos de todo, aún sin Migue decirnos nada.

Comenzamos a caminar en círculo como dos verdaderos dragones que se miden ante la batalla, nos retamos sin hablar.

Paso mi lengua por mis labios, al sentirlos resecos por mi respiración agitada y caliente.

Contoneo mis caderas sintiéndome poderosa, empoderada, dueña de ese hombre que me reta a que lo seduzca. ¡Uyyy, esto me puede gustar!