111. TERRITORIO DESCONOCIDO
LILIAN:
No digo nada de inmediato, suspiro sintiéndome confundida y asustada.
Pero lo intentaré. Migue realizó un chasquido de lengua y un vistazo directo que destilaba paciencia perdida y ternura a la vez.
Su expresión siempre había sido un refugio para mí, un ancla, incluso cuando era para regañarme. Pero él sabe lo que hace.
—¿En serio lo hacías? —Lo miré con lástima y lo abracé.
—Sí, pero vaciaba mi mente en ese momento —señaló, bajando la mirada, avergonzado ante mí. —O la llevaba hacia donde había sido feliz.
—¿Qué quieres decir? —quise saber, apretando su mano.
—¿Te acuerdas del tipo aquel que me violaba a cada rato, porque era más fuerte que yo y me sometía cada vez que le daba la gana? —Dije que sí con la cabeza.
—¡No me recuerdes al desgraciado ese! —grité furiosa ante el recuerdo—. ¡Tenías que habérmelo dicho desde el primer día para denunciarlo!
Migue apretó mis manos, diciendo que eso no venía al caso. Por suerte, su ex se lo quitó de encima. Aunque él le quitara todo el dinero, no la maltrataba y le gustaba. Era un muy buen amante.
—Pero a lo que iba, Lili. Cuando aquel bruto me lo hacía, yo siempre procuraba pensar en lo que me hacía feliz, no dejaba que él me hiciera sentir —afirmó con firmeza—. Y las veces que me excité no fue por lo que me hacía, sino por lo que yo estaba pensando. Casi siempre era en mi primer amor.
—¿Se puede hacer eso, Migue? —cuestioné, realmente insegura—. No sé si yo podré, porque cada vez que Ale me toca ahí, ya sabes, en mi botón, me vuelvo loca. ¿Y si me pasa con el violador?
Estaba realmente asustada, sintiéndome fuera de lugar. Yo, que ni siquiera había tenido sexo con mi esposo, no me imaginaba haciéndolo con un extraño.
—No, Lili, ya verás que no —aseguró Migue, como si leyera mis pensamientos—. Hace muy bien Alessandro en enseñarte todo eso, porque tiene razón en eso que te dijo, mi amiga.
—Estoy tan asustada, no sé si podré hacer eso —repetí, con el miedo apretando mi pecho.
Mi amigo me abrazó fuertemente mientras me explicaba que el sexo era una tremenda arma, que si aprendía a usarla, podría liberarme de mucho.
Era hermosa y tengo todos los atributos para volver locos a los hombres por mí.
Ahora que ya no tenía que trabajar, y tengo todo el dinero del mundo, debería dedicarme a disfrutar porque me lo merezco.
—Es tu segunda vida, tienes que vivirla, mi amiga, porque en la primera solo trabajaste —dijo con una seguridad que me asombró—. Y cuando quieras, te enseño muchas cosas para que le hagas a tu bombón.
Sonreí al escucharlo mientras le agradecía. Siempre quise tener un hermano varón, y Dios me lo había enviado a él. Lo abracé, agradeciendo su ofrecimiento, pero preferiría que Alessandro me enseñara. Sabía que eso le hacía tremenda ilusión a mi esposo, lo puedo ver como disfruta con mi sorpresa.
—Aunque Migue, creo que si me violan me voy a traumatizar —confesé con sinceridad, estremeciéndome—. Me metí el tiro en la cabeza por miedo a que Demon lo hiciera, ese fue el motivo, me aterraba la idea de que me violara.
—A eso es precisamente a lo que se refiere tu esposo, Lili, a que no te dejes destruir por ese hecho.
¿Crees que él no se dio cuenta de que por eso lo hiciste, y te quiere endurecer para que jamás lo vuelvas a repetir?
—cuestionó con seriedad—. No te digo que si te pasa, que ojalá que no, te vas a sentir bien con eso.
No, Lili, te vas a sentir mal. A mí también a veces me dan pesadillas de todo lo malo que me ha pasado, pero desde que tengo a Rufo, me estoy llenando de todo lo hermoso y bello que él me hace sentir, Lili, es a eso a lo que se refiere tu esposo.
Lo miré, llenándome de aire con la duda de si era eso.
Miguel asintió diciendo que estaba seguro.
No debía pensar que a Alessandro no le iba a afectar que otro hombre me hiciera el sexo.
Eso lo iba a estar matando, pero no podía dejar que el hecho los destruyera a ustedes, al gran amor que nos tenemos.
—Estoy seguro de que Alessandro va a hacer todo lo posible e imposible para protegerte y que nunca te pase —Migue limpió mis lágrimas—. Por lo que deja de hacer locuras, entrénate bien y aguántate esos impulsos locos. Piensa, Lili, piensa en todos los que te amamos antes de actuar.
—Ya me estoy entrenando con el psicólogo que me puso Rufo —le comenté—. Dice que voy bien. Ahora vamos a seguir practicando.
—¿Te dijo eso, que vas bien? ¿Y por qué vas a hacer esta locura, Lili?
Sigo sin estar de acuerdo con esto que quieres hacer, yo te voy a acompañar y Gina también, pero no estoy de acuerdo —insiste en negarse—.
A mi Rufo no le va a gustar que otros hombres me estén mirando, es una de las pocas cosas que me pidió que no hiciera.
—Migue, tienes que acompañarme, no puedo hacerlo sola. Después yo le digo a Rufo que te obligué —insistí, todavía queriendo hacerlo.
—Te voy a acompañar, pero me lo debes —aceptó al fin—. Yo sé que a mi papichuli no le va a gustar.
Me emocioné al escucharlo y seguí exponiendo mi idea de cómo hacerlo. Nos pondríamos máscaras que nos cubran toda la cara. Él negó, sin estar de acuerdo con mi idea. Luego me mandó a realizar la rutina de nuevo para terminar. Rufino terminaba más temprano y quería que fueran a su casa.
—Recuerda no bajar la cabeza, fue algo que me advirtió él —me recordó Migue, retrocediendo.
—¿No te irás a mudar de la casa? —quise saber enseguida.
—Todo lo contrario, vamos a buscar más ropa de los dos —respondió con una sonrisa—. Dice que por ahora tiene que estar cerca de Alessandro, y sobre todo del abuelo.
Estuve de acuerdo con Rufino, había operado al abuelo que no quiso quedarse en el hospital e iba recuperándose muy bien de la operación.
—Mírame, ¿abro más las piernas así? —cuestioné, haciendo el ejercicio.
Migue levantó una ceja, mandando a que cerrara las piernas, recordando que quería ponerme una tanga que no me tapaba nada. Si abría las piernas así, se me vería todo.
—Por Dios, Lili, piensa —gritó, viniendo a mi encuentro—. Tu esposo, Minetti, te va a matar si abres las piernas así delante de todos esos mafiosos libidinosos y a mí contigo. ¡Se te va a ver todo! ¿Quieres que Minetti me mate?