¡Ups! ¡No me equivoqué! 109. LO QUE CONOCE MAMÁ
37%

109. LO QUE CONOCE MAMÁ

LILIAN:

Mamá niega darme café, diciendo que eso me pondría peor.

En su lugar, me dio un jugo de naranja mientras me pedía que le contara las pesadillas.

Suspiro mientras lo bebo, trato de quitarle importancia y le cuento que ayer, antes de dormir, me hizo una llamada un desconocido que dijo que era el dragón blanco, mi peor pesadilla.

—No creo que el dragón blanco te amenazara, hija; él tenía adoración contigo. Debe ser alguien más —señala mamá para mi sorpresa.

—¿Lo conoces, mamá? —quiero saber enseguida.

—Sí lo conozco —explica mamá con normalidad—. Se quedaba con nosotros a cada rato; es una persona muy buena.

—¿Quién es? —cuestiono enseguida—. Alessandro no sabe y lo está buscando.

—¿Por qué no vino a preguntarme? Espera, deja que te busque algo —mamá entra en la habitación, mientras yo no puedo sacarme de mi mente a la maldita mujer abrazada de mi Ale en mi pesadilla—. Toma, Lili, llévale esto a Alessandro; de seguro ahí va a encontrar toda la información que necesita.

Mamá llega con una caja negra en sus manos, diciendo que se lo había dado mi padre para que lo guardara, con la indicación de que si algún día él no estaba, que se lo diera al dragón negro, o a mí, cuando cumpliera veinticinco años.

—Como todavía no lo has cumplido, por eso es que no te lo había dado —dice ella muy seria.

—Mamá, con todos los líos por los que hemos pasado, ¿cómo no se te ocurrió dárselo a Alessandro? —quiero saber, llena de curiosidad.

Mamá se sienta a mi lado con los ojos llenos de lágrimas que trata de disimular mientras me pide que no la regañe, porque ahora fue que lo recordó debido a que hablé del dragón blanco.

—Nunca supe su nombre, pero sí sé que es asiático —me aclara mientras bebe su café con manos temblorosas—. No sé de qué país es; no hablaba de su vida. Una vez mencionó que tenía un abuelo como única familia. Nada más, esta es la llave; si quieres, ábrelo ahora.

Miro la pequeña caja negra que me ha dado mamá, así como la pequeña llave, pero ahora mismo no tengo ganas de rebuscar en ella. Le digo a mamá que se la daré directamente a Alessandro.

—¿Luci duerme todavía? —pregunto al no ver a mi hermana.

Mamá niega con la cabeza, diciendo que ella y Damián están trabajando desde temprano. Le preocupa mucho él porque sigue convencido de que Luci es su esposa muerta.

—Ya se acordará que no —trato de tranquilizarla—. Oye, mamá, ¿viste alguna vez a esa chica que papá buscó para hacerla pasar por mí? ¿A Lesie?

—Sí, solo en fotos; no se te parecía mucho en realidad —responde pensativa—. Era más baja y el cuerpo diferente. Nada más, su cabello se parecía al tuyo. Lo tenía casi del mismo color.

La observo, queriendo saber más. Sigue diciendo que Lesie tenía sus extremidades más cortas que las mías; contrario a mí, se veía que iba a ser alta como mi papá desde pequeña. Además, el color de sus ojos no coincidía; aunque eran verdes, no son los míos.

—En verdad solo podía engañar a quien no te conociera —continuó mamá mientras se ponía de pie—. Su mandíbula la tiene más cuadrada. Espera, te voy a buscar las fotos; es más, ven, vamos a mirar el baúl de tu papá.

—¿Baúl? ¿Ese que nunca dejaste que abriéramos? —señalo emocionada, siguiéndola al interior de la casa—. ¿Era de papá?

Nos introducimos en la casa hasta su habitación; mientras me dice que papá le indicó que nunca lo abriera y ella jamás lo hizo. Luego toma de una gaveta unas fotos y me las da, diciendo que son de las niñas, insistiendo en que no se parece a mí.

—Fíjate que tiene esa mancha roja en su oreja —señala una de ellas—. Mira una foto tuya de la misma edad; no se parecen, solo el cabello, como te dije.

—Es verdad, no me parezco en nada a ella —aunque éramos de la misma edad, yo era más alta y estilizada; ella, baja y algo regordeta—. Entonces, tuvo que hacerse cirugía estética para parecerse a mí.

—¿Qué quieres decir? —Mamá se detiene a mirarme.

Le cuento todo lo sucedido cuando fuimos a comprar un auto. Esa mujer había estado en esa tienda y se hizo pasar por mí.

—¿Y deja que adivine? ¿La pesadilla que no te dejó dormir era ella quitándote a Alessandro? —quiere saber mamá enseguida; la miro sorprendida. Se ríe, acariciando mi rostro con cariño—. Eres mi hija, tienes el miedo reflejado en el rostro. No temas, Lili. Alessandro te ama.

Beso la mano de mi madre, sintiéndome cansada; ella me abraza y me besa la cabeza como si fuera una niña pequeña.

—¿Y si ella lo confunde? —le confieso mi miedo.

—Lili, no seas tan insegura; nunca lo fuiste —me reprende con cariño—. Vamos, hija, ¿en serio crees que Alessandro no la va a reconocer?

—Ay, mamá, amo tanto a mi Ale que se me han desatado unos celos enfermizos; me aterra la idea de que me deje por otra —terminé de decirle.

Mamá me abraza muy fuerte. Luego me aconseja que luche contra los celos o destruiré mi matrimonio. Asegura que mi esposo me ama de veras; me lo ha demostrado de todas las maneras.

—Lili, si te vuelves una celosa enfermiza, se cansará de ti y te va a dejar.

Recuerda que a él lo que le sobran son mujeres dispuestas —me aconsejaba con cariño—.

Así que tranquilízate, que el sábado ya es la despedida de solteros y el domingo se casan.

No necesitará de otra mujer porque te tendrá a ti. ¿Dónde puse la dichosa llave del baúl?

Observo a mamá, que revuelve las gavetas; en lo que reflexiono sobre eso que me dijo, sé que tiene razón.

Es verdad que en la despedida de solteros todas esas bailarinas estarán acechándolo; las he escuchado cuando voy con Migue.

Pero me conocen y saben que no voy a dejar que nadie me manosee lo que es mío.

Ese hombre es de mi propiedad, y con el tiempo que hace que no está con una mujer, que le planten un culo desnudo en la cara, o lo toqueteen como se les antoje, no se va a poder controlar.

—Mamá, olvidé que tenía que hacer algo con Migue —dije, poniéndome de pie—. Cuando encuentres la llave, avísame; me llevaré este pequeño. Beso y nos vemos.

Salgo rauda en busca de mi amigo. Tengo que practicar muy bien; no dejaré que ninguna otra toque a mi hombre, lo haré yo, solo yo.

¿No me vengan con que soy muy celosa? Vamos, que estoy segura de que ustedes lo harían también si estuvieran en mi caso.

Que mi Ale está para comérselo; puedo ver a todas las mujeres que lo miran, queriendo comérselo.