101. LA LLEGADA DE LILIAN
LUCILA:
Antes de que pueda siquiera abrir la boca para asimilar lo que había pasado en la habitación, Lilian ya está encima de mí, mirándome de arriba abajo y revisándome. Trato de encadenar palabras que tengan sentido, pero las últimas horas han sido como una bomba explotando en mi cabeza.
—Sí, pero me confundió con su esposa —señalo alejándome de la cama.
—¿Su esposa? —preguntan todos al mismo tiempo.
—Sí, lo extraño es que me dijo ese nombre que dice mamá —comento, mirando a mi madre que abrió los ojos. —Me llamó: Elsie Lemert Cavalieri.
—¿En serio? —preguntó mamá desconcertada.
—Pero la esposa de él se llamaba Leslie, como yo creo que eso fue lo que dijeron, ¿no es así, mamá? —preguntó Lilian. —Tengo que decírselo a Ale y a Rufo. Hay algo extraño en eso.
Mamá me mira, luego a Damián que sigue dormido y asiente de acuerdo con Lilian. Los miro a todos diciendo que me asusta que sea verdad eso que acaba de decir.
—No te preocupes, Luci, ¿cómo va a ser verdad eso? —señala Lilian, acercándose a mí y abrazándome con cariño. —Damián debe de estar confundido.
—¿Lo crees, Lili? —pregunto esperanzada. —Me lo dijo con mucha seguridad. Incluso me contó lo que había hecho con ella ese día en que se divorció de su hermana y se casó con ella.
Lili me abraza con cuidado, al tiempo que me pide que deje de preocuparme.
Se lo diremos a Alessandro cuando venga.
Además, papá y mamá me inscribieron como suya.
¿Cómo iba a saber Damián nuestros verdaderos nombres?
Suspiro, sé que tiene razón, él no puede saber eso.
Nadie excepto mamá lo sabía. Sí, de seguro está confundido porque al parecer no se acordó de lo que le pasó.
—¿Alessandro y Rufo vienen ahora? —pregunté, mirando hacia la puerta.
—Ellos van a venir a verlo, la enfermera los llamó para decirles que se había despertado —responde Lilian. —Deben estar al llegar.
—Dice que está despierto hace días, pero no podía hablar —explico, sentándome porque me siento exhausta.
—Sin embargo, yo no lo noté. Bueno, me había dado cuenta de que me abrazaba más fuerte cuando me acostaba a su lado a leerle en las noches, o cuando le contaba mis cosas, o estaba en la computadora. ¿Crees que es cierto que me escuchaba?
Lili lo observa un momento y hasta le toma el pulso. Luego contesta que puede ser verdad. Ella estuvo un tiempo escuchando a Alessandro y a todos cuando estuvo en coma, pero no podía abrir los ojos ni moverse.
—Ven acá, Luci, acompáñame debajo del árbol —me toma por el brazo y me lleva con ella fuera de la casa. —¿Qué es eso que te ibas a ir a ver una curandera?
—¿Te lo dijo la enfermera? ¡Chismosa! —protesto, frustrada de no tener secretos.
—No le digas así, ella hizo muy bien en decírmelo —Lili me toma por las manos y me obliga a mirarla. —La enfermera está muy preocupada por ti. ¡Luci, no te atrevas a irte! Si quieres ir allá, le pediré a Ale que nos lleve. Pero primero investigaremos si es cierto.
—¿Harás eso por mí, Lili? —pregunto enseguida.
Lilian me mira fijamente y, como siempre, asegura que irá conmigo a donde quiera que sea necesario. No le importa a dónde sea; si dicen que hay un remedio que funciona, iremos a ver y lo estudiaremos.
—¿De acuerdo? Pero no intentes irte sola a ningún lugar. ¡Promételo! —exige con vehemencia.
—Te lo prometo, mi hermana, fue un momento de locura —admito, arrepentida de haber intentado hacer esa locura. —Es verdad lo que dice la enfermera, que si existiera, ustedes lo habrían encontrado.
—¿Por qué en vez de creer eso? Tú, que eres tan buena hacker, no buscas todo lo referente a eso.
Sé que estás desesperada por esa cantidad de granos que te salieron nuevos —me dice con cariño, tomando mi barbilla para levantar la cabeza y mirarla a los ojos—.
Pero Luci, de ahí a irte sola, sin guardias que te protejan, es una gran locura, tú no eres así.
¿Y si te pasa igual que a mí? Todo el mundo sabe que yo haría cualquier cosa por ti.
¿Y si lo que quieren es agarrarte para obligarme a hacer algo en contra de Ale?
—¿Lo crees, mi hermana? —pregunto por instinto, aunque sé la respuesta.
Lilian me abraza y un sollozo se le escapa. Nos quedamos así abrazadas por unos minutos, viendo cómo las olas del agua en el lago se movían con el aire que hacía caer los pétalos de las flores de flamboyán. Al separarnos, no me suelta, me mantiene sujeta por los hombros.
—Luci, si a mí un día me ponen a escoger entre Ale y tú, yo te escogería a ti.
¿Lo sabes, verdad? Aunque me muera por hacer algo en contra de mi esposo.
Por favor, mi hermana, no me hagas eso, no lo hagas —vuelve a abrazarme con fuerza—.
Te amo, mi hermana, no hagas locuras que me asusten.
Si llegara a perderte, no sé qué sería de mí.
Ten un poco más de paciencia, el mismo Damián tiene una vacuna casi terminada, espera un poco más.
—Perdóname, mi hermana —la abrazo de nuevo, arrepentida. —Pero este tiempo que me hice pasar por ti. Me sentí tan normal, tan libre, es otra vida. Ahora me cuesta más permanecer encerrada, quiero eso, Lili, quiero esa vida. Salir, viajar, pasear, estudiar y graduarme.
Ella sonríe y acaricia mi rostro. Mete un mechón de mi cabello detrás de la oreja con cariño mientras sonríe tristemente. Luego me asegura que lo haremos. Haríamos todo eso juntas y más.
—Lo que tienes es que dejar de esconderte por tus granos —sugiere, como si eso fuera fácil.— Buscaremos una ropa que te cubra y harás todo lo que yo hago ahora que no trabajo. ¿Quieres?
Por alguna razón desconocida, incluso para mí, no le respondo. Miro hacia la casa, donde permanece ese francés que me agarró por una mano y me suplicó que no lo dejara.
—¿Y Damián? —pregunto en un susurro.
—¿Qué hay con él? —Lili me observa intrigada. —Están las enfermeras que lo cuidan, tú y yo nos divertiremos.
—Prefiero estar con él —murmuro a Lilian, que me mira preocupada.
No dice nada enseguida, se queda mirándome por unos instantes. Pero acepta, porque ahora mismo tengo una gran crisis. Pero en cuanto mejore, empezaré a salir con ella. Asegura que me llevará a donde quiera ir.
—Pero nunca, nunca te vayas sola, Luci, promételo —exige de nuevo. —Para eso te pusimos al Pelirrojo, si vas a salir, llévalos a ellos.
—¡Luci, Lili, las llama Rufo! —escuchamos la voz de mamá desde el interior de la casa.
—Ya vamos, mamá —respondemos las dos y salimos corriendo.